¡Qué nervios! Melchor, Gaspar y Baltasar, más cerca que nunca en Jerez: “Esta noche hay que acostarse temprano”

El polideportivo Veguita de la zona sur es uno de los diez puntos de Jerez que se transforma en un salón repleto de cartas y peluches para recibir a los más pequeños en una mañana atípica marcada por la seguridad

Una familia se hace un 'selfie' con los Reyes Magos en Jerez.
Una familia se hace un 'selfie' con los Reyes Magos en Jerez. MANU GARCÍA

“¿Te has portado bien?”, le dice el rey Gaspar a la primera niña que entra en el polideportivo Veguita de la zona sur de Jerez. Lucía, de 4 años, mueve la cabeza de arriba abajo. Un cordón rojo la separa de los Reyes Magos de Oriente que permanecen frente a ella sentados en sus sillones y rodeados de peluches, cartas y juguetes. A partir de las 11:00 horas, la distancia de seguridad marca la visita de las familias que han cogido cita previa para ver a sus Majestades en los sets que ha preparado Ikea.  

Gaspar interactúa con los pequeños que se acercan con cuidado. “Esta noche hay que acostarse temprano, ¿vale?”, dice mientras un hilo de música navideño retumba en el pabellón. La emoción se palpa en el ambiente. Los chiquillos están nerviosos, no todos los días vienen los tres Reyes a saludarlos. “Por lo menos ellos puedan disfrutar, es su día”, comenta Eli, la madre de la jerezana que con timidez mira fijamente a la Corte Real. A ella le ha encantado la iniciativa, “pienso que es muy importante para mantener la ilusión de los niños, ellos son los que nos enseñan y los que mejor se han comportado en esta pandemia”.

Lucía enseña la bolsita de caramelos que le han regalado. Tenía muchas ganas de verlos y no lo puede evitar, tiene su vista clavada en la escena que este año sustituye a las cabalgatas. Al despedirse, su madre agradece a todos los presentes que han hecho posible que su hija se vaya rebosando de alegría. “Nos hemos venido temprano porque no sabíamos exactamente cómo iba a ser el acceso y la verdad es que está todo muy controlado”, explica Eli.

Una hora antes, los Reyes llegaban al polideportivo en el autobús real para tenerlo todo bajo control. Los voluntarios y los agentes de la Policía Local ultimaban los preparativos mientras uno de los pajes revisaba la lista de personas que estaban a punto de llegar. En media hora, unas 30 familias pasarían por el set, de una en una.

Sara es una de ellas, viene con su hija de seis años y su hijo de diez. Ambos entregan su carta en el saco y cogen su bolsita de chuches. Un pequeño gesto que para ellos significa mucho. El entusiasmo de sus ojos revela que bajo sus pequeñas mascarillas hay una gran sonrisa. “La ilusión nunca hay que perderla, con el año tan atípico que han pasado los niños, yo estoy muy contenta, los han visto incluso más cerca que en la cabalgata”, expresa la jerezana de la mano de su hija Isa, que da fe de que le ha gustado mucho la experiencia.

Esta noche seguirá los consejos de uno de los pajes del séquito real y se acostará pronto. Al igual que las hijas de Elisabeth, de cinco y tres años, que casi saltean la cinta de seguridad con la emoción del momento. “Les ha costado trabajo levantarse porque llevaban toda la noche sin poder dormir con los nervios”, ríe la madre, a la que le parece “muy bonito” que exista esta alternativa. “Tengo amigas de pueblos donde no han hecho nada”, asegura.

De pronto el rey Gaspar agarra su pluma sujetando un enorme pergamino tomando nota de cada pequeño que pasaba por delante. Este año el encuentro ha sido muy personal, íntimo, alejado de los revuelos que protagonizan cada 5 de enero bajo una lluvia de caramelos. Incluso se han podido fotografiar junto a sus Majestades y hablar con ellos.  

Así lo han hecho los dos hijos de Antonio, de seis años y de 10 meses. Al jerezano se le ilumina la cara al ver cómo gozan. “Ha sido un año bastante duro”, dice el que es sanitario. “Siempre tengo tensión al llegar a casa, no vaya a ser que tenga el virus y lo pegue a mi familia. Al tener los niños tan pequeños y unos padres con alto riesgo, la verdad que ha sido un año bastante complicado, pero bueno esperemos que el 2021 sea un poquito mejor”, cuenta junto a su mujer Rocío que aunque valora la iniciativa, no puede evitar sentir nostalgia por otros tiempos. “A ella le ha resultado un poquito raro el no poder acercarse ni nada”, confiesa.

Una sensación que, en el fondo, se comparte. No es lo mismo, sin embargo, treinta embajadores de los Reyes se han dispersado por diez puntos de la ciudad para que la pandemia no les arrebate la fantasía a los niños como Giselle, que, según relata, ha querido portarse muy bien para que les traigan muchos regalos. “Yo creo que sí, ella es muy buena, he tenido mucha suerte”, dice su madre, que recibió un correo electrónico con la confirmación de la cita a la que debían acudir 10 minutos antes.  

La visita es fugaz, apenas 3 minutos, pero para ellos, suficiente como para salir del pabellón felices. “Nos ha gustado mucho porque pensábamos que no íbamos a tener nada”, explica Damaris rodeada de tres pequeños de menos de diez años. “Algo bueno debía tener el coronavirus, haber podido ver de cerca a los reyes, que no los habían visto nunca así”, la jerezana saca el lado positivo en un día mágico, no solo para ellos, los protagonistas, sino también para los grandes, los que han hecho todo lo posible para brindar esta oportunidad.

No hay nada como ver las caras de los niños y la inquietud que derrochan. Una imagen que se ha visto simultáneamente en el centro Cívico Rosa Roig en San Benito, Polideportivo Ruiz-Mateos, Sala Paúl, Alcázar de Jerez, Centro de Mayores de la zona sur, Centro Cívico Blas Infante, Edificio Jerez 2002 en Chapín, Polideportivo Kiko Narváez y Centro Cívico de San José Obrero.

En Jerez se observa seguridad, responsabilidad, y muchas ganas de seguir adelante. Todos le piden a los Reyes regalos muy diversos, pero el más demandado este año: salud.

Sobre el autor:

Patricia Merello

Titulada en Doble Grado en Periodismo y Comunicación audiovisual por la Universidad de Sevilla y máster en Periodismo Multimedia por la Universidad Complutense de Madrid. Mis primeras idas y venidas a la redacción comenzaron como becaria en el Diario de Cádiz. En Sevilla, fui redactora de la revista digital de la Fundación Audiovisual de Andalucía y en el blog de la ONGD Tetoca Actuar, mientras que en Madrid aprendí en el departamento de televisión de la Agencia EFE. Al regresar, hice piezas para Onda Cádiz, estuve en la Agencia EFE de Sevilla y elaboré algún que otro informativo en Radio Puerto. He publicado el libro de investigación 'La huella del esperanto en los medios periodísticos', tema que también he plasmado en una revista académica, en un reportaje multimedia y en un blog. 

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