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Los hermanos mayores de Jerez que son capataces seguirán al frente de sus pasos en 2027

Autorizada la continuidad de Eduardo Salazar, Manuel Monge y Jesús Caro durante el próximo año, mientras las cofradías preparan alegaciones para modificar una normativa diocesana en este y otros aspectos como las sanciones por retrasos, que entrará en plena aplicación en 2028

  • Jesús Caro (La Paz de Fátima), Manuel Monge (Transporte) y Eduardo Salazar (la Viga), hermanos mayores afectados que podrán seguir tocándose los llamadores de sus cofradías.

Los hermanos mayores que también ejercen como capataces en sus propias hermandades podrán seguir al frente de sus pasos durante la Semana Santa de 2027. Según ha podido confirmar lavozdelsur.es, la Delegación de Hermandades ha dado el visto bueno para que Eduardo Salazar, Manuel Monge y Jesús Caro mantengan sus funciones el próximo año, en una decisión que se suma a la continuidad de Tomás Sampalo al frente del paso de la Esperanza de la Yedra, anunciada este fin de semana por el propio capataz en sus redes sociales.

Todo apunta a que desde Bertemati se ha pedido discreción en este asunto, tanto es así que es probable que cada hermandad no publicará los nombramientos para la Semana Santa. En pocas palabras, cuanto menos ruido se haga, mejor.

La autorización confirma la intención expresada por el obispo de Asidonia-Jerez, José Rico Pavés, en declaraciones a este periódico, de considerar 2027 como un periodo de transición antes de aplicar de manera estricta la nueva normativa diocesana.

El articulado establece que los hermanos mayores deben limitarse a las funciones propias de su responsabilidad como máximos dirigentes de sus corporaciones, sin ejercer otras tareas dentro de la cofradía en la calle, entre ellas la de capataz.

Una excepción para 2027 y aplicación plena al año siguiente

La cuestión queda así resuelta, al menos durante la próxima Semana Santa. A partir de 2028, la normativa se aplicará con todas sus consecuencias, por lo que los hermanos mayores afectados tendrán que ajustar sus responsabilidades a las incompatibilidades establecidas por el Obispado.

Superado este primer escollo para 2027, el debate se desplaza ahora a las alegaciones que los hermanos mayores y las propias hermandades preparan frente a los puntos más controvertidos del articulado. Sobre la mesa está la posibilidad de articular una respuesta conjunta y que las corporaciones acuerden en un pleno extraordinario las enmiendas que consideran necesarias.

Esta fórmula chocaría con la petición trasladada por el Obispado, que instó a las hermandades y a los afectados a presentar sus propuestas de modificación de manera individual, sin organizar frentes comunes.

Pese a ello, entre los dirigentes cofrades se estudia la posibilidad de coordinar las reclamaciones para defender cambios compartidos. Lo que sí parece quedar meridianamente claro es que en septiembre de 2028, la normativa se aplicará en todos sus extremos tal y como quede después de aceptar o no las enmiendas.

Los nombramientos anteriores a la norma

En el caso concreto de los capataces, una de las opciones que se barajan es solicitar que se respeten los nombramientos efectuados antes de la entrada en vigor de la nueva normativa. La propuesta permitiría preservar esas designaciones previas, aunque su eventual aceptación dependerá de la respuesta que dé la autoridad diocesana.

Otra de las alternativas planteadas consiste en retirar de la normativa diocesana determinadas cuestiones —esta y otras que suscitan discrepancias— para que sean reguladas por los reglamentos de régimen interno de cada hermandad. La idea es evitar que aspectos sujetos a las particularidades de cada corporación queden fijados en una disposición de rango superior.

“Así cada hermandad puede ajustarse a sus realidades particulares”, señala un hermano mayor consultado por este periódico. La propuesta abre un debate sobre el alcance de la regulación diocesana y el margen de autonomía que deberían conservar las corporaciones para organizar determinados aspectos de su funcionamiento interno.

El mismo dirigente considera, además, que el apartado relativo a las sanciones debería quedar en manos de la Unión de Hermandades, dentro de su propia normativa interna. Una posibilidad que, por ahora, también está condicionada a que ese reglamento llegue a materializarse, ya que continúa pendiente y guardado en el cajón de los asuntos sin resolver.

Los hermanos mayores que también ejercen como capataces en sus propias hermandades podrán seguir al frente de sus pasos durante la Semana Santa de 2027. Según ha podido confirmar lavozdelsur.es, la Delegación de Hermandades ha dado el visto bueno para que Eduardo Salazar, Manuel Monge y Jesús Caro mantengan sus funciones el próximo año, en una decisión que se suma a la continuidad de Tomás Sampalo al frente del paso de la Esperanza de la Yedra, anunciada este fin de semana por el propio capataz en sus redes sociales.

Todo apunta a que desde Bertemati se ha pedido discreción en este asunto, tanto es así que es probable que cada hermandad no publicará los nombramientos para la Semana Santa. En pocas palabras, cuanto menos ruido se haga, mejor.

La autorización confirma la intención expresada por el obispo de Asidonia-Jerez, José Rico Pavés, en declaraciones a este periódico, de considerar 2027 como un periodo de transición antes de aplicar de manera estricta la nueva normativa diocesana.

El articulado establece que los hermanos mayores deben limitarse a las funciones propias de su responsabilidad como máximos dirigentes de sus corporaciones, sin ejercer otras tareas dentro de la cofradía en la calle, entre ellas la de capataz.

Una excepción para 2027 y aplicación plena al año siguiente

La cuestión queda así resuelta, al menos durante la próxima Semana Santa. A partir de 2028, la normativa se aplicará con todas sus consecuencias, por lo que los hermanos mayores afectados tendrán que ajustar sus responsabilidades a las incompatibilidades establecidas por el Obispado.

Superado este primer escollo para 2027, el debate se desplaza ahora a las alegaciones que los hermanos mayores y las propias hermandades preparan frente a los puntos más controvertidos del articulado. Sobre la mesa está la posibilidad de articular una respuesta conjunta y que las corporaciones acuerden en un pleno extraordinario las enmiendas que consideran necesarias.

Esta fórmula chocaría con la petición trasladada por el Obispado, que instó a las hermandades y a los afectados a presentar sus propuestas de modificación de manera individual, sin organizar frentes comunes.

Pese a ello, entre los dirigentes cofrades se estudia la posibilidad de coordinar las reclamaciones para defender cambios compartidos. Lo que sí parece quedar meridianamente claro es que en septiembre de 2028, la normativa se aplicará en todos sus extremos tal y como quede después de aceptar o no las enmiendas.

Los nombramientos anteriores a la norma

En el caso concreto de los capataces, una de las opciones que se barajan es solicitar que se respeten los nombramientos efectuados antes de la entrada en vigor de la nueva normativa. La propuesta permitiría preservar esas designaciones previas, aunque su eventual aceptación dependerá de la respuesta que dé la autoridad diocesana.

Otra de las alternativas planteadas consiste en retirar de la normativa diocesana determinadas cuestiones —esta y otras que suscitan discrepancias— para que sean reguladas por los reglamentos de régimen interno de cada hermandad. La idea es evitar que aspectos sujetos a las particularidades de cada corporación queden fijados en una disposición de rango superior.

“Así cada hermandad puede ajustarse a sus realidades particulares”, señala un hermano mayor consultado por este periódico. La propuesta abre un debate sobre el alcance de la regulación diocesana y el margen de autonomía que deberían conservar las corporaciones para organizar determinados aspectos de su funcionamiento interno.

El mismo dirigente considera, además, que el apartado relativo a las sanciones debería quedar en manos de la Unión de Hermandades, dentro de su propia normativa interna. Una posibilidad que, por ahora, también está condicionada a que ese reglamento llegue a materializarse, ya que continúa pendiente y guardado en el cajón de los asuntos sin resolver.

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