Una hora de parto en San Marcos: del caos a La Paz gracias al "equipazo" de la Cena de Natera y Martín

Los nombres propios de la hermandad de San Marcos, que cumple 95 años como Monumento nacional, no son más que los rostros visibles de un engranaje que en apenas una horita corta alumbra una de las procesiones con más personalidad de la Semana Santa de Jerez

Momento en el que el misterio de La Cena traspasa el dintel y los rayos de luz de la puerta principal de San Marcos, este Lunes Santo en Jerez.
31 de marzo de 2026 a las 08:02h

Una hora antes de la salida hay una especie de desorden ordenado, tanto en el exterior como en el interior de San Marcos. Una hora puede no ser nada o pueden ser 60 minutos, con sus segundos a compás y sus milésimas encerrando toda la fe y las ganas acumuladas a lo largo y ancho de todo un año. En la trasera del templo, en la plaza Nuestro Padre Jesús de la Sagrada Cena, en un recoveco del Jerez intramuros, se reparten los relevos como si los seleccionadores dieran la convocatoria para el Mundial.

Tras el café en los bares de la zona, los casi 200 cargadores entre el misterio y el palio (99 hombres en La Cena y 82 cargadores en la Virgen de La Paz) se dan ánimos y se fajan en una especie de ritual iniciático. Saludos, abrazos, bromas, besos, miradas cómplices… cosquilleos. Nervios. Los tatuajes con los rostros de los sagrados titulares se entremezclan con las leyendas en camisetas y molías. 

Llama la atención una palabra en la espalda de un jovencísimo cargador: Efatá, que en arameo viene a decir, ábrete, pronunciada por Jesús no tanto para sanar a un hombre sordo y mudo como para simbolizar la apertura espiritual del corazón, un llamado a la comunicación y la solidaridad. La Cena es una hermandad abierta y solidaria. Nos abre sus puertas sin miramientos para que tengamos la posibilidad exclusiva de ver cómo del caos se pasa al orden en casi un abrir y cerrar de ojos. 

Cargadores fajándose a la espalda de San Marcos, este Lunes Santo en Jerez.   ESTEBAN
Martín Gómez hijo reparte los relevos a los cargadores del misterio, una hora antes aproximadamente de la salida procesional.   ESTEBAN

San Marcos, 95 años como Monumento nacional

Bajo un cielo en el interior del templo que va del órgano al altar mayor con una enorme red anti-caída de cascotes, la Iglesia de San Marcos cumple 95 años desde su inscripción —en el antiguo BOE, la Gaceta de Madrid— como Monumento nacional sin que se haya hecho lo suficiente desde las administraciones por salvaguardar un patrimonio arquitectónico único que ya fue reconstruido hacia 1480.

En el suelo, todo el mundo es un ir y venir, algunos y algunas con objetivos concretos en la gestación de la salida procesional. Otros, simplemente, dejan correr esa hora corta hasta que abran las puertas del templo y todo el peso de casi doce meses se vuelquen en las calles de Jerez. Grupos de jóvenes se hacen el lazo de sus capirotes, últimos ajustes, últimos vistazos al móvil antes de lanzarse a una procesión de siete horas con ida a la Catedral y vuelta a San Marcos.

Aspecto de San Marcos, este Lunes Santo.   ESTEBAN
Últimos ajustes.   ESTEBAN

Desde el control de las papeletas de sitio a la entrada del templo hasta la organización de los tramos del cortejo, no parece con tan poco margen de tiempo que todo pueda cuadrarse para salir en hora y ordenadamente. Pero ocurre. Hay tiempo de sobra para que el misterio de la Sagrada Cena haga la primera revirá en el exterior mientras se engarzan una tras otra las marchas de La Estrella de Dos Hermanas. Celebra 25 años acompañando al misterio, con título acreditativo desde este Lunes Santo, y es gran sucesora de aquella mítica Santa Marta de La Algaba de los 90.

"Que cada paso que demos sea por la paz del mundo"

Y hay tiempo de sobra tras esa horita corta para que Martín Gómez, el ya legendario capataz de capataces, haga la primera levantá de la Virgen de La Paz previa a la salida recordando que esta advocación tiene más sentido que nunca en estos tiempos de escaladas bélicas. "Que cada paso que demos sea por la paz del mundo; que la virgen ilumine a los descerebrados y se acaben las guerras y sufran menos los niños", traslada la voz del capataz a su cuadrilla. 

Manuel Muñoz Natera, capirote bajo el brazo, una institución en el orbe cofrade de Jerez.   ESTEBAN
Martín Gómez, en una emotiva levantá dentro de San Marcos.   ESTEBAN

Pepe Vegazo, el primero de los capataces auxiliares en una terna con Miguel Jaén y Martín Gómez hijo, empezó de costalero de La Cena hace más de 30 años y ahora solo tiene un temor: "Defraudar a quienes nos esperan o no cuidar bien a nuestra gente ahí abajo". Pero se sacude el miedo: "Estamos en manos de Él y tenemos un equipazo, todo va a ir bien". Uno de los contraguías es Salvador Ruiz, alcalde de Guadalcacín, que también empezó de costalero y ahora escolta el paso de La Cena para que nada lo roce. 48 horas después del maratón de La Entrega, también vuelve una y otra vez a San Marcos, al centro del Jerez urbano.

Pocas hermandades hay con un estilo tan personal y reconocible como La Cena. Lleva años siendo protagonista de la Semana Santa jerezana y gran culpa de eso, aparte de la forma de mover los pasos de Martín Gómez y su gente, la tiene un dirigente admirado y odiado a partes iguales en el orbe cofrade local. Manolo Muñoz Natera cumple 61 Lunes Santo de los 75 años que tiene dentro de San Marcos.

Un enorme nazareno rojo y blanco, con el capirote en la mano, que permanece de aquí para allá, hablando poco y supervisando mucho. "Este es el momento en el que te entra el nerviosismo, esto te tira siempre un pellizco a la hora de decir: vamos a la calle… es un parto", reconoce con mirada del adolescente que se viste la túnica por primera vez. 

Muñoz Natera: "¿Ves este maremágnum? pues se abren las puertas y todo el mundo está ordenado y en su sitio"

La primera vez que fue hermano mayor de La Cena tenía apenas 30 años y luego ha habido una época de hasta 20 años consecutivos al frente de la hermandad de San Marcos, solo interrumpida por los cinco años como presidente de la Unión de Hermandades (2006 a 2011), para regresar al frente de su hermandad en 2016... "y hasta hoy". Otra década prodigiosa donde confiesa sin dudar que no se cansa: "Esto me apasiona. Pero como además —dice con retranca— la gente me quiere mucho… aquí seguimos".

Tensa espera en una de las capillas de la iglesia del intramuros jerezano.   ESTEBAN
El palio de La Paz y el cielo de San Marcos con una red anticaída de cascotes.   ESTEBAN

Mientras conversa con lavozdelsur.es, hay alguien que se mueve más rápido y da más instrucciones que el resto. Leonardo Nazareno, diputado mayor de gobierno, tiene un equipo de trabajo extraordinario. "¿Ves este maremágnum? pues se abren las puertas y todo el mundo está ordenado y en su sitio. Esto es una maquinaria y todo el mundo sabe el momento en el que hay que echar grasa para que todo marche perfectamente”, afirma Muñoz Natera, que confiesa que su cargo tiene algo de político. 

Entre risas, comenta: "A veces hay que mentir como los políticos, pero eso es pecado y al menos tenemos cerca el confesionario". "El día que escribamos tus memorias, Lolo…", le comenta a su vera Antonio Padillo, inspector de Policía jubilado tras 46 años de servicio y que celebra 24 años acompañando cada Lunes Santo a La Cena con uniforme de gala. "Cuando llegas a una edad reglamentaria te jubilan, pero quien ha estado activamente representando a la Policía en muchísimas ocasiones esto es algo que no se olvida y es un honor que sigan contando conmigo", afirma el agente, acompañado por su nieta, la pequeña monaguilla Lucía Padillo Borrás.

La Santa Cena va de Porvera a calle Gaitán, este Lunes Santo.   ESTEBAN
El Palio de Santa María de la Paz, al encuentro con las calles de Jerez.   ESTEBAN

Juan Cervilla Ortiz, hermano mayor perpetuo en la Sagrada Cena, saluda a Natera desde su silla de ruedas. "Él es historia viva de la hermandad. El paso de misterio está aquí gracias a él y a Justo Garzón Martínez. Aquel día la brigadilla me llevó a la Estación de Córdoba —actual Plaza de Armas— para detenerme, no teníamos permiso para trasladarlo… pero no volvió a ocurrir", ríe con sonora carcajada, recordando los momentos que rodearon aquella compra del paso al Cachorro de Sevilla en 1973. Pese a su rictus de hombre serio, Natera no esconde un sentido del humor que brota casi como remedio contra ese cosquilleo de los instantes previos a algo muy grande.

Los rayos de sol se filtran por la puerta principal de San Marcos como una luz divina a las seis menos cuarto de la tarde. La atmósfera adquiere una dimensión metafísica con los capirotes recortados a contraluz, las preces de puertas para dentro y unas caras en el exterior entre la expectación y el asombro. Carpio ya ha estirado la faja al límite, algún naproxeno de última hora, son las 17.48 horas y el cortejo va avanzando. El sonido de las caídas del palio y el racheo de los pies de los cargadores marcan el silencio del interior del templo, mientras en la calle ya se ha producido el alumbramiento y el misterio ya es como si volara pidiendo Paz. Como si ya anduviera solo.

Sobre el autor

Paco Sánchez Múgica

Ver biografía