La Hermandad de la Paz ha podido –tras un 2025 marcado por la mojada y la controversia–, por fin, vivir un Lunes Santo normal. Después de varios años marcados por la meteorología adversa, este 2026 dejó una salida sin contratiempos, permitiendo a la cofradía lucirse y desquitarse de un pasado reciente que difícilmente se olvida. Del asilo también se aprende. La hermandad ha lucido cortejo, estilo y conexión con su barrio en una jornada esplendorosa para ella.
En la memoria queda lo ocurrido en 2025. La lluvia, la mojada y la polémica posterior se convirtieron en uno de los grandes focos de aquella Semana Santa, una situación que se prolongó en el tiempo hasta requerir incluso la intervención del obispado.

Este año, sin embargo, el relato ha sido bien distinto. Lejos de controversias, la hermandad mostró una imagen alegre, firme y con ganas de expresarse, dejando atrás el desgaste emocional de entonces.
Una cofradía en crecimiento y con identidad
Lo visto en la calle fue el reflejo de una corporación que sigue construyéndose. Con aciertos y errores, pero avanzando. El cortejo de nazarenos presentó una buena presencia, mientras que los pasos caminaron con estilo y personalidad.

Especial mención merece el misterio, que continúa creciendo y al que le resta poco para completar su dorado. Apenas un par de ‘ferias’, según se percibe, para culminar un conjunto que ya apunta alto dentro del panorama cofrade.
En paralelo, la hermandad sigue trabajando en la transformación de su paso de palio. Los cambios ya se dejan notar, con una estética renovada que ganó en elegancia durante todo el recorrido, desde la salida hasta su regreso a su barrio, la Constancia.
El barrio, motor de la hermandad
Si hay algo que define a la Paz es su arraigo. La Constancia no es solo su punto de partida y llegada, es su identidad. La hermandad ha logrado reactivar el pulso de unas calles marcadas por nombres de toreros, conectando tanto con antiguos vecinos como con quienes crecieron allí y hoy viven en otros puntos de la ciudad.

Esa conexión va más allá del vecindario. También alcanza a colectivos como el cuerpo de bomberos, cuyo parque se sitúa casi a la vera de la iglesia de Fátima. Una relación que se remonta a los tiempos en que la hermandad era agrupación parroquial.
Hoy, ese vínculo se visualiza con fuerza: bomberos presentes en el cortejo escoltando los pasos y un momento especialmente simbólico en la recogida, con el homenaje que rinden a la cofradía.
Un final que define su carácter
Ese instante final se ha convertido en el majestuoso epílogo del Lunes Santo de la Paz. Más allá de opiniones a favor o en contra de este tipo de gestos, la hermandad ha sabido rodearse de signos propios, internos y externos, que refuerzan su personalidad.

Son detalles que la conectan con su entorno, que la hacen más fuerte y que, sobre todo, le otorgan carácter. Y en este 2026, sin lluvia ni polémicas, La Paz pudo mostrarlo con claridad en la calle.




