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Arena infinita, acantilados y silencio: esta es la playa virgen de Huelva en la que desconectar en verano

La playa de Rompeculos y el sendero de Cuesta Maneli ofrecen kilómetros de arena dorada, acantilados espectaculares y un entorno natural protegido en pleno Espacio Natural de Doñana

  • La Playa de Rompeculos, en Huelva.

Con la llegada de junio y el calor apretando, la cabeza empieza a escaparse inevitablemente hacia el mar. Pero organizar una escapada de fin de semana a destinos tan buscados como Tarifa o las calas de Menorca ya no siempre suena a descanso: carreteras llenas, playas donde apenas cabe una sombrilla más y precios difíciles de asumir por una simple ración de coquinas.

Frente a esos planes cada vez más saturados, la costa andaluza conserva rincones que aún mantienen algo muy valioso: silencio, espacio y naturaleza. Uno de ellos está en Huelva, a unas dos horas en coche desde Sevilla, y combina arena dorada, pasarelas de madera, pinares y acantilados de tonos rojizos. Es la playa de Rompeculos, junto al sendero de Cuesta Maneli, en pleno Espacio Natural de Doñana.

  • La imagen que alguien ha esculpido en un acantilado de la playa de Rompeculos.
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La diferencia con otras playas más urbanas se nota desde el principio. Aquí no se llega dejando el coche a pie de arena ni bajando directamente con la nevera y la sombrilla. Para alcanzar la playa hay que recorrer un sendero peatonal con pasarelas de madera que avanza entre pinos piñoneros, romero silvestre y dunas fósiles protegidas.

Un paraíso entre dunas, pinos y acantilados

El paseo dura apenas unos 15 o 20 minutos, pero forma parte del atractivo del lugar. A medida que se avanza, el olor a salitre empieza a anunciar la cercanía del Atlántico. Después, el paisaje se abre de golpe y aparece una imagen difícil de olvidar: kilómetros de arena fina y dorada, con los acantilados del Monumento Natural del Asperillo como telón de fondo.

Esos cortados de color arenisca son una de las grandes señas de identidad de esta zona del litoral onubense. Al caer la tarde, según la descripción del entorno, adquieren tonos dorados y rojizos que convierten la visita en algo más que un simple día de playa.

  • Rostro tallado en la playa de Rompeculos, cerca de Doñana.
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El nombre de Rompeculos, tan llamativo como difícil de olvidar, también tiene su historia. Según el texto original, no tiene relación con lo que muchos podrían imaginar, sino con un antiguo cauce de agua muy irregular que rompía el camino de tierra y dificultaba el paso a viajeros y carretas. Hoy, en cambio, ese nombre se asocia a una idea muy distinta: desconexión.

Al ser una playa kilométrica y abierta, el espacio permite distintos ambientes sin sensación de agobio. En la zona cercana a la pasarela principal se concentra el perfil más familiar, aunque lejos de la imagen de las playas masificadas de los grandes destinos turísticos.

Qué llevar y cómo preparar la escapada

Para quienes buscan más tranquilidad, basta con caminar unos metros hacia la derecha. Esa parte de la playa se vuelve todavía más solitaria y es uno de los rincones citados como favoritos en la provincia para practicar naturismo con libertad y respeto. Las zonas más alejadas de los accesos principales de este litoral han sido tradicionalmente refugio para quienes viajan con perro y quieren darse un chapuzón con sus mascotas sin molestar a nadie, precisamente por la amplitud del espacio disponible. La clave, eso sí, está en preparar bien la mochila.

Al tratarse de un entorno natural y protegido, en la playa no hay chiringuitos, duchas ni alquiler de hamacas. Por eso conviene llevar una nevera con agua fría, fruta y comida para pasar el día, además de una bolsa para recoger todos los residuos. En un lugar así, cuidar Doñana forma parte del plan. También es recomendable llevar calzado cómodo. Aunque el destino final sea la playa, el sendero de madera se recorre mejor con zapatillas deportivas o sandalias bien sujetas que con chanclas finas. Y hay otro imprescindible: una buena sombrilla o un cortavientos, porque el viento de la costa de Huelva puede aparecer en cualquier momento y en la arena no hay sombras naturales.

Con la llegada de junio y el calor apretando, la cabeza empieza a escaparse inevitablemente hacia el mar. Pero organizar una escapada de fin de semana a destinos tan buscados como Tarifa o las calas de Menorca ya no siempre suena a descanso: carreteras llenas, playas donde apenas cabe una sombrilla más y precios difíciles de asumir por una simple ración de coquinas.

Frente a esos planes cada vez más saturados, la costa andaluza conserva rincones que aún mantienen algo muy valioso: silencio, espacio y naturaleza. Uno de ellos está en Huelva, a unas dos horas en coche desde Sevilla, y combina arena dorada, pasarelas de madera, pinares y acantilados de tonos rojizos. Es la playa de Rompeculos, junto al sendero de Cuesta Maneli, en pleno Espacio Natural de Doñana.

  • La imagen que alguien ha esculpido en un acantilado de la playa de Rompeculos.
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La diferencia con otras playas más urbanas se nota desde el principio. Aquí no se llega dejando el coche a pie de arena ni bajando directamente con la nevera y la sombrilla. Para alcanzar la playa hay que recorrer un sendero peatonal con pasarelas de madera que avanza entre pinos piñoneros, romero silvestre y dunas fósiles protegidas.

Un paraíso entre dunas, pinos y acantilados

El paseo dura apenas unos 15 o 20 minutos, pero forma parte del atractivo del lugar. A medida que se avanza, el olor a salitre empieza a anunciar la cercanía del Atlántico. Después, el paisaje se abre de golpe y aparece una imagen difícil de olvidar: kilómetros de arena fina y dorada, con los acantilados del Monumento Natural del Asperillo como telón de fondo.

Esos cortados de color arenisca son una de las grandes señas de identidad de esta zona del litoral onubense. Al caer la tarde, según la descripción del entorno, adquieren tonos dorados y rojizos que convierten la visita en algo más que un simple día de playa.

  • Rostro tallado en la playa de Rompeculos, cerca de Doñana.
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El nombre de Rompeculos, tan llamativo como difícil de olvidar, también tiene su historia. Según el texto original, no tiene relación con lo que muchos podrían imaginar, sino con un antiguo cauce de agua muy irregular que rompía el camino de tierra y dificultaba el paso a viajeros y carretas. Hoy, en cambio, ese nombre se asocia a una idea muy distinta: desconexión.

Al ser una playa kilométrica y abierta, el espacio permite distintos ambientes sin sensación de agobio. En la zona cercana a la pasarela principal se concentra el perfil más familiar, aunque lejos de la imagen de las playas masificadas de los grandes destinos turísticos.

Qué llevar y cómo preparar la escapada

Para quienes buscan más tranquilidad, basta con caminar unos metros hacia la derecha. Esa parte de la playa se vuelve todavía más solitaria y es uno de los rincones citados como favoritos en la provincia para practicar naturismo con libertad y respeto. Las zonas más alejadas de los accesos principales de este litoral han sido tradicionalmente refugio para quienes viajan con perro y quieren darse un chapuzón con sus mascotas sin molestar a nadie, precisamente por la amplitud del espacio disponible. La clave, eso sí, está en preparar bien la mochila.

Al tratarse de un entorno natural y protegido, en la playa no hay chiringuitos, duchas ni alquiler de hamacas. Por eso conviene llevar una nevera con agua fría, fruta y comida para pasar el día, además de una bolsa para recoger todos los residuos. En un lugar así, cuidar Doñana forma parte del plan. También es recomendable llevar calzado cómodo. Aunque el destino final sea la playa, el sendero de madera se recorre mejor con zapatillas deportivas o sandalias bien sujetas que con chanclas finas. Y hay otro imprescindible: una buena sombrilla o un cortavientos, porque el viento de la costa de Huelva puede aparecer en cualquier momento y en la arena no hay sombras naturales.

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