Agustín Fadón era uno de los camareros del Alvia 2384, el tren que colisionó en Adamuz (Córdoba) con un convoy de Iryo y en el que se ha concentrado el mayor número de víctimas de esta tragedia ferroviaria, que eleva ya a 42 fallecidos el balance provisional. Su nombre figura entre los desaparecidos más de 48 horas después del siniestro, mientras los equipos de emergencia continúan con las labores de identificación.
Agustín, de 39 años, tiene una historia marcada por otro de los grandes accidentes ferroviarios en España. En 2013 debía viajar en uno de los trenes que descarrilaron en la curva de Angrois, a las puertas de Santiago de Compostela, donde murieron 80 personas. Aquel suceso es considerado el accidente ferroviario más grave en España desde el ocurrido en El Cuervo (Sevilla) en 1972, que dejó 86 víctimas mortales.
El giro del destino y la espera de la familia
En Angrois, Agustín se salvó tras cambiar el turno con un compañero, que acabó perdiendo la vida en aquel accidente. Más de una década después, el destino le ha situado de nuevo en el centro de una catástrofe ferroviaria. Su familia, tras dos días de búsqueda infructuosa, ha asumido la crudeza de la espera. “No tenemos fe. Aquí estamos esperando a que nos llamen para decirnos que ya le han identificado y ya está”, ha explicado su hermana, María del Mar Fadón, en declaraciones recogidas durante las tareas de localización.
Según ha relatado su entorno, segundos antes del descarrilamiento Agustín comentó a un compañero que iba al baño, una decisión cotidiana que ahora adquiere un peso trágico en el relato familiar y en la reconstrucción de lo ocurrido a bordo del tren. “Si mi hermano no hubiese ido, a lo mejor estaba aquí con nosotros”, ha señalado su hermana.
