El destino volvió a cruzarse, en esta ocasión de forma trágica, en la vida de Agustín Fadón, trabajador de Renfe de 39 años y natural de Leganés, que en 2013 había sobrevivido al accidente ferroviario de Angrois tras cambiar su turno con un compañero. Doce años después, este domingo, se encontraba de servicio en el tren Alvia que descarriló tras colisionar con un Iryo en Adamuz, un siniestro que acabó costándole la vida tras varios días de incertidumbre para su familia.
Agustín había retomado recientemente su actividad laboral después de una baja de larga duración y, según su entorno, afrontaba el regreso con una mezcla de ilusión y prudencia. Tres días después del choque, su cuerpo ha sido finalmente identificado. La jornada anterior, su hermana ya había expresado su desesperanza al asegurar que “no lo volveré a ver”.
Tres días de espera y una familia rota
Durante el tiempo en que permaneció desaparecido, su familia vivió lo que María del Mar Fadón, su hermana, describió como una situación "desesperante". El propio trabajador, como relató su hermana, había contado en alguna que otra ocasión los movimientos anómalos en el trayecto que le acabó costando la vida. “Cómo botaba hoy el tren, he pasado hasta miedo. Nos hemos tenido que agarrar". En otra ocasión, relató María del Mar, “venía diciendo que el tren temblaba, tenía que sujetar la cafetera de lo que se movía”.
Momentos antes del impacto, Agustín, que se encontraba en el tercer vagón, se dirigió al baño situado en el segundo, una circunstancia que pudo ser determinante en el fatal desenlace. Fue David, un compañero que aún se encuentra en estado de shock, quien comunicó a la familia este último detalle. El destino, que entonces le permitió esquivar la muerte, esta vez no le dio una segunda oportunidad. La historia de Agustín queda ahora marcada de forma cruel por dos de los episodios ferroviarios más dramáticos de los últimos años.





