Adamuz aplaza su derecho al trauma mientras las calles son un plató: "Seguiremos hablando de esto cuando os vayáis"

La tragedia por la que este pueblo pasará a la historia es también tierra de gente del campo que trabaja el olivar de sierra, una variedad intensa y que requiere de pericia y mayor esfuerzo. A la vez, es un pueblo de gente abierta, casi extrovertida. Y hasta que no pasen unos días no empezarán a asimilar, reconocen

Un cámara de TVE, tras una entrevista a Ángel, del bar Antojos de Adamuz.
Un cámara de TVE, tras una entrevista a Ángel, del bar Antojos de Adamuz. JUAN CARLOS TORO
20 de enero de 2026 a las 20:24h

Adamuz ya va a ser para toda una generación el pueblo del accidente de tren. Donde la alta velocidad española ha descarrilado por primera vez. Un lugar abrochado a la tragedia. Pero es también un pueblo de gente solidaria. Y dura. Adamuz está a menos de media hora de Córdoba. Y para llegar aquí desde la capital hay que cruzar por mitad de otro pueblo, Villafranca de Córdoba. Un pueblo que tiene apeadero de tren pero donde no paraba el tren. Hasta que el domingo lo hizo de la peor manera.

Del accidente del domingo que según la cifra oficial ha costado la vida a más de cuatro decenas de personas (por ahora), se habla mucho de la mala suerte. La hubo, claro. No hay tragedia que no se explique sin varias coincidencias. Un tren que descarrila -no se sabe por qué- y otro tren que llega de frente 20 segundos después para arrasar con los vagones traseros que habían quedado sobre esa otra vía. Pudieron caer los vagones del Iryo hacia el otro lado. O venir solo un poco más lejos el Alvia. Pero no se habla de que en realidad los pasajeros que han sobrevivido sí tuvieron suerte: de haber descarrilado en el interior del túnel -unos metros más atrás- o sobre el puente de un poco más adelante, la escena habría sido terrible.

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Trabajo en la mañana en la cooperativa. JUAN CARLOS TORO

Córdoba es la provincia de la que hablan los telegramas y mensajes de Ursula Von der Leyen o los Reyes de Inglaterra. Es noticia titular en todo el mundo. Es también donde hay una Ciudad de la Justicia colapsada que apenas tiene capacidad para identificar cadáveres, una labor que aún va a llevar unos días, porque la situación no es fácil. Esta tarde, en el lugar de los hechos, al fin entraban las dos enormes grúas tras hacerle sitio junto al talud de cuatro metros sobre el que debía asentarse la estructura. Cuentan que es que esto es ya Sierra Morena cordobesa. No es fácil el acceso. Y así es porque hay un paisaje de lomas alrededor de las vías del tren, por las que cualquier usuario de la conexión de alta velocidad entre Madrid y Andalucía ha pasado y contempla cuando uno dice "llegando a Córdoba". 

Y no la sabe ni distinguir, pero es que por eso aquí lo que hay es olivar de sierra. Un olivar que crece en zona escarpada. A menudo, de olivos muy viejos. Muy intensos. Más difícil de recoger. El litro de aceite es más caro porque su producción requiere de más esfuerzo. Está en estos días acabando la temporada pero en la cooperativa de Nuestra Madre del Sol, adscrita a Dcoop (lo que era Hojiblanca) sigue el trasiego. Antonio es de la vecina Villanueva de Córdoba y explica que para trabajar en el olivar de sierra no encuentra a gente. Se paga la peonada, dice, a unos 65 euros. Hay campos donde pagan por kilo. Entre pendientes, basta un litro de este aceite mezclado con siete de campiña, cuenta, para dotarle de sabor más intenso. "Tiene mucho más trabajo". Mucho es una inmensidad. Meter una máquina vibradora para varear en algunos terrenos de esta sierra es muy exigente.

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Andrés lleva la aceituna a la cooperativa. JUAN CARLOS TORO
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Andrés, frente a la maquinaria de tratamiento de las olivas. JUAN CARLOS TORO

Hay dos tipos de gente en esta comarca. La que va todos los días a trabajar en la capital y la que trabaja por aquí, a menudo en el campo. Eso te define, se supone, en cuanto a visiones. Andrés tiene 25 años y es de los segundos. Su padre tiene un bar y un campo. Él ha preferido los olivos porque para eso estudió un FP de aprovechamiento. El accidente le cogió en el bar junto a su padre. A esa hora del final de la tarde ya no había nadie. "Tuvimos que abrir otra vez", cuenta. Estuvieron sirviendo comida, de beber... Él no bajó, él hizo avituallamiento en el pueblo. Y la sensación dos días después es de que el susto se les ha quedado a todos metido en sus cuerpos. Para un tiempo. "Vieron cosas que tú jamás piensas que vas a ver". Y quienes fueron, añade, lo hicieron seguramente eran los que "psicológicamente lo pueden afrontar".

Pero por ahora eso no llega. Porque nada más que la presencia de autoridades, funcionarios y periodistas impide la normalidad y empezar a asimilar lo que ha cambiado para siempre y para la historia el nombre de Adamuz. En general, y siendo serrano, es un pueblo de gente abierta. Nada de eso que se le atribuye al pueblo de interior frente a la costa. Ángel es como un relaciones públicas en el Antojos, un bar que tiene un solete de la Guía Repsol, que durante la semana pone desayunos y los fines de semana saca un fuera de carta con renombre en la zona. Se ubica en la avenida de la Puerta de la Villa, la calle central de Adamuz. Ha aparecido como escenario de muchos testimonios en la tele en las pasadas 48 horas. 

En su bar está puesto de fondo el programa de Toñi Moreno mientras él sirve cafés y de repente TVE le insiste en que les atienda "medio minuto" que en realidad acabarán siendo tres. Al otro lado de la barra cuenta "el dispositivo que ha montado la Junta de Andalucía", principalmente, desde el primer momento, y lo antepone a "que al parecer ya habían denunciado" el mal estado de las vías. Aunque las primeras palabras son para sus vecinos. Lo explica: algunos acabarán con una factura. Porque "van a quedar dañados por lo que han visto".

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Colchones y mantas donadas por el pueblo, en la caseta municipal.  JUAN CARLOS TORO

La sensación en el pueblo es que aún no ha llegado el trago que toca posterior, el del silencio tras la tensión de las primeras horas. No todos bajaron a las vías a ayudar, donde contemplaron un panorama de película de miedo o una recreación de un escenario de guerra. Pero sí que prácticamente todos vieron a heridos, los menos graves a los que iban atendiendo en el pueblo, a aquellos a los que permitían subir. En el quad de Gonzalo, cuponero que sacó de aquella zona tan difícil a 16 o 17 personas, aún quedan restos de sangre. "Nosotros seguiremos hablando de esto cuando os vayáis", dice a un grupo de periodistas. 

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Gonzalo, cuponero de Adamuz. JUAN CARLOS TORO
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Varios mayores en el hogar del pensionista, con mantas donadas al fondo, que se emplearon para atender también a víctimas.  JUAN CARLOS TORO

Matilde es ya veterana y es madre del responsable del bar del hogar del pensionista, uno de los puntos de primera atención aquella noche de tanto frío, helada, de los días más fríos de esta sierra. "Hicimos caldos calentitos, llevamos mantas...", cuenta. Esta noche contaba que ha podido dormir algo mejor que la anterior. Todo el mundo se metió en la cama de madrugada, cuando ya daban relevo en la atención a los centenares de funcionarios que fueron llegando a medida que avanzaban las horas tras el suceso. "Allí no asimilas lo que estaba pasando. Cuando ya te quedas luego tranquilamente dices 'pero Dios mío, esto qué es'. La verdad que estamos en shock". Y no se repone. Matilde ha dado, cuenta, "varias entrevistas" en las pasadas horas. Gonzalo sale en medios internacionales porque es uno de los héroes tempranos. Y hablan con los medios porque les va en el carácter, porque no hay apuro, porque quieren compartir y repartir lo que sintieron. Pero la carga, el peso de las imágenes, seguirá por mucho más tiempo. Cuando las calles no sean un plató.

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Pablo Fdez. Quintanilla

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