La sensación sobre las calles de Adamuz era horas después de la tragedia de incredulidad. De haber descansado mal. De una burbuja. Algo así como ese espacio mental entre la realidad y la irrealidad. Hiela el corazón ver el nombre de tu pueblo en las noticias quizás por primera vez en toda tu vida. En Adamuz apenas han pasado cosas que se conozcan más allá de la provincia. Habría sido mejor así, claro.
Desde este lunes pero en especial desde el martes, por las calles del pueblo había ya no medios nacionales, sino internacionales. La BBC, CNN, la televisión pública francesa, junto a televisiones autonómicas de todo el país, algunas vinculadas de cierta forma a lo ocurrido, donde hay más sensibilidad, como son TVG de Galicia, por Angrois, o A Punt, de Valencia, por la última gran tragedia nacional que fue la dana.
Eso resulta descorazonador, cuentan los vecinos, el hecho de que vaya a haber una página de la historia que relacione a este pueblo de la Sierra Morena cordobesa con un suceso que por el momento contabiliza cuatro decenas de fallecimientos.
Pero desde las primeras horas es también un lugar ejemplar. La importancia que tuvieron los vecinos va más allá de lo habitual para una tragedia. De haber ocurrido en Córdoba capital, al paso de las vías por cualquier zona, por cualquier barrio, estos habrían actuado, seguro. La cuestión es que en el caso de Adamuz era más difícil.
Porque llegar hasta el lugar de los hechos no era nada sencillo. Se comprueba en el lugar durante las horas de luz del día. Si los vecinos no hubieran hecho de guías por aquellas escarpadas zonas, por esos caminos de tierra entre el pueblo y el lugar del accidente, la actuación de los servicios de emergencia, seguro, habría sido más difícil.
No solo vecinos que se han hecho conocidos como Gonzalo, cuponero, que con su quad evacuó de la zona a 16 o 17 personas, en su mayoría heridos, o Julio, el chaval 16 años que se metió entre los hierros. Son todos los vecinos que colaboraron de forma ejemplar. Los que se quitaron los colchones de sus casas para ofrecerlos. Los que cedieron sus casas. Los que hicieron caldo y chocolate en una noche tan dura como aquella.
Por todo ello, aunque nadie lo ha dicho oficialmente, será de Justicia si al pueblo de Adamuz se le otorga de forma coral la Medalla de Andalucía, cuya gala se celebrará en Sevilla el 28 de febrero. Para algunos que no hayan estado en Adamuz, quizás, hasta sea un oportunismo. Pero nada de eso. Es que ese pueblo, como explicábamos en una crónica desde el terreno este martes, está aplazando su derecho a estar triste, a vivir su duelo, el de haber visto un escenario de guerra durante los primeros minutos y horas. Sus vecinos no es que quieran ser protagonistas, es que lo son. Y necesitarán un consuelo y un reconocimiento colectivo para calmar sus ansiedades.
El calendario dice que aún faltan algunas semanas para conocerse oficialmente. Pero esta vez, una de las medallas debería otorgarse. Hoy, los vecinos, lo cuentan. Necesitan ese abrazo. Salvo el caso de Julio y poco más, esos mismos vecinos este martes lamentaban que el Rey no acudiera a sus calles tras visitar el lugar del accidente. Creían que lo iba a hacer. Fue un pequeño palo. Habrá que esperar que no se lleven otra decepción.




