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La expareja de Juan Carlos Aragón relata más episodios no denunciados: "una paliza de un montón de horas" o maltrato psicológico "que duele más"

Paqui Pino señala en Canal Sur que sufrió durante años: "Cada vez que ocurría un episodio, él se arrodillaba, me abrazaba, lloraba. Perdóname, por favor, sácame de aquí. Y yo decía, bueno, venga, esta es la última... y no llegaba nunca la última"

  • Juan Carlos Aragón, en una imagen de Canal Sur.

La expareja de Juan Carlos Aragón que le denunció dos décadas atrás no quiere que la llamen valiente por haber ahora levantado la voz. Paqui Pino lo ha hecho para que cesaran los homenajes, como la estrella del Paseo frente al Falla, templo del carnaval de Cádiz. En una entrevista en Canal Sur en el programa de Toñi Moreno ha ofrecido un duro testimonio sobre palizas y situaciones que afirma haber vivido de malos tratos. "Simplemente estaba harta", ha dicho. "Yo soy un caso típico de libro" en violencia de género. 

Harta de los homenajes, de las comparsas, de la fundación, del premio que lleva su nombre, del colegio. Harta de que Juan Carlos Aragón, uno de los nombres más venerados del carnaval de Cádiz, fuera tratado "casi como un dios" mientras ella guardaba en silencio lo que ocurría detrás de las puertas de su casa.

Todo estalló el pasado fin de semana, cuando el Ayuntamiento de Cádiz tenía previsto colocar una estrella en su honor en el Paseo del Carnaval, frente al Teatro Falla. La queja formal presentada por Paqui lo impidió. El acto quedó suspendido sine die. Y entonces, lo que muchos en el mundo carnavalero decían conocer de forma difusa se convirtió en una realidad imposible de ignorar: Aragón, fallecido en 2019, tenía una sentencia firme por maltrato de 2010.

Paqui estuvo casi trece años junto a Aragón, ha explicado en la entrevista. Tuvieron un hijo en común. Cuando Toñi Moreno le preguntó por qué aguantó tanto tiempo, la respuesta fue la que miles de mujeres en su situación reconocerían al instante. "Cada vez que ocurría un episodio, él se arrodillaba, me abrazaba, lloraba. Perdóname, por favor, sácame de aquí. Y yo decía, bueno, venga, esta es la última. Bueno, esta es la última, esta es la última... y no llegaba nunca a la última".

Los episodios de violencia llegaban, casi siempre, con el alcohol. La ruptura definitiva no llegó de un solo golpe. Fue un proceso. Fueron sus hijos mayores, de una relación anterior, quienes pusieron las palabras que ella no podía todavía pronunciar. "Mi hijo mayor me dijo, mamá, ¿cómo no paras esto? Esto termina en una desgracia". Fue su hija quien, un día le dijo algo que no admitía réplica: "Te puedes quedar en Cádiz si quieres con ese hombre, pero el niño ya es mayor. No tiene por qué presenciar lo que está presenciando". Acabó ese curso. Al siguiente, se fue, dándole la razón.

Paqui fue rotunda cuando Toñi Moreno le preguntó qué había sido lo más difícil. No los golpes, sino el maltrato psicológico. "Es que eso duele más. Él me insultaba, insultaba a todo el mundo. Y eso va minando, minando, minando".

Habló de sometimiento cotidiano. "Yo he ido con tacones porque tú has querido, yo me he vestido como tú has querido. Te he apoyado en todos los actos que tú has tenido. Pero por detrás, entre las puertas de la casa, era distinto". Y añadió, sin detenerse demasiado, hechos que no han sido juzgados pero que son de la mayor gravedad: "De un puñetazo me rompe la nariz, una paliza de un montón de horas, etcétera, etcétera". La presentadora, visiblemente afectada, apuntó que la sentencia recoge vejaciones que prefirió no leer en antena, y que algunas de las agresiones se produjeron en presencia del hijo menor, que entonces era menor de edad.

La sentencia condenó a Aragón pero no entró en prisión. Paqui lo explicó sin dramatismo: el abogado, "amigo de ambos", le propuso no oponerse a la solicitud de suspensión de la condena para que no tuviera que ingresar. La pena quedó finalmente en un año y once meses, por debajo del umbral de los dos años que en España permite evitar el ingreso en prisión. Ella accedió.

A lo largo de los años, tras su muerte, Aragón acumuló reconocimientos. Un premio. Una fundación. Y un colegio que lleva su nombre. Ese último detalle es el que más le duele a Paqui, que trabaja en la enseñanza. "En los institutos hablamos siempre de igualdad, de maltrato. Estamos siempre hablando de eso. Y ahora resulta que un centro educativo lleva el nombre del maltratador. Eso es lo que más me duele a mí".

Paqui vive ahora en Sevilla. Dice que es feliz, que es dueña de su vida, que sus hijos la apoyan. No pide reconocimiento ni que nadie le pida perdón, ni siquiera Toñi Moreno, que abrió la entrevista disculpándose por los homenajes que le había dedicado a Aragón en el pasado sin saber nada de la sentencia.

La expareja de Juan Carlos Aragón que le denunció dos décadas atrás no quiere que la llamen valiente por haber ahora levantado la voz. Paqui Pino lo ha hecho para que cesaran los homenajes, como la estrella del Paseo frente al Falla, templo del carnaval de Cádiz. En una entrevista en Canal Sur en el programa de Toñi Moreno ha ofrecido un duro testimonio sobre palizas y situaciones que afirma haber vivido de malos tratos. "Simplemente estaba harta", ha dicho. "Yo soy un caso típico de libro" en violencia de género. 

Harta de los homenajes, de las comparsas, de la fundación, del premio que lleva su nombre, del colegio. Harta de que Juan Carlos Aragón, uno de los nombres más venerados del carnaval de Cádiz, fuera tratado "casi como un dios" mientras ella guardaba en silencio lo que ocurría detrás de las puertas de su casa.

Todo estalló el pasado fin de semana, cuando el Ayuntamiento de Cádiz tenía previsto colocar una estrella en su honor en el Paseo del Carnaval, frente al Teatro Falla. La queja formal presentada por Paqui lo impidió. El acto quedó suspendido sine die. Y entonces, lo que muchos en el mundo carnavalero decían conocer de forma difusa se convirtió en una realidad imposible de ignorar: Aragón, fallecido en 2019, tenía una sentencia firme por maltrato de 2010.

Paqui estuvo casi trece años junto a Aragón, ha explicado en la entrevista. Tuvieron un hijo en común. Cuando Toñi Moreno le preguntó por qué aguantó tanto tiempo, la respuesta fue la que miles de mujeres en su situación reconocerían al instante. "Cada vez que ocurría un episodio, él se arrodillaba, me abrazaba, lloraba. Perdóname, por favor, sácame de aquí. Y yo decía, bueno, venga, esta es la última. Bueno, esta es la última, esta es la última... y no llegaba nunca a la última".

Los episodios de violencia llegaban, casi siempre, con el alcohol. La ruptura definitiva no llegó de un solo golpe. Fue un proceso. Fueron sus hijos mayores, de una relación anterior, quienes pusieron las palabras que ella no podía todavía pronunciar. "Mi hijo mayor me dijo, mamá, ¿cómo no paras esto? Esto termina en una desgracia". Fue su hija quien, un día le dijo algo que no admitía réplica: "Te puedes quedar en Cádiz si quieres con ese hombre, pero el niño ya es mayor. No tiene por qué presenciar lo que está presenciando". Acabó ese curso. Al siguiente, se fue, dándole la razón.

Paqui fue rotunda cuando Toñi Moreno le preguntó qué había sido lo más difícil. No los golpes, sino el maltrato psicológico. "Es que eso duele más. Él me insultaba, insultaba a todo el mundo. Y eso va minando, minando, minando".

Habló de sometimiento cotidiano. "Yo he ido con tacones porque tú has querido, yo me he vestido como tú has querido. Te he apoyado en todos los actos que tú has tenido. Pero por detrás, entre las puertas de la casa, era distinto". Y añadió, sin detenerse demasiado, hechos que no han sido juzgados pero que son de la mayor gravedad: "De un puñetazo me rompe la nariz, una paliza de un montón de horas, etcétera, etcétera". La presentadora, visiblemente afectada, apuntó que la sentencia recoge vejaciones que prefirió no leer en antena, y que algunas de las agresiones se produjeron en presencia del hijo menor, que entonces era menor de edad.

La sentencia condenó a Aragón pero no entró en prisión. Paqui lo explicó sin dramatismo: el abogado, "amigo de ambos", le propuso no oponerse a la solicitud de suspensión de la condena para que no tuviera que ingresar. La pena quedó finalmente en un año y once meses, por debajo del umbral de los dos años que en España permite evitar el ingreso en prisión. Ella accedió.

A lo largo de los años, tras su muerte, Aragón acumuló reconocimientos. Un premio. Una fundación. Y un colegio que lleva su nombre. Ese último detalle es el que más le duele a Paqui, que trabaja en la enseñanza. "En los institutos hablamos siempre de igualdad, de maltrato. Estamos siempre hablando de eso. Y ahora resulta que un centro educativo lleva el nombre del maltratador. Eso es lo que más me duele a mí".

Paqui vive ahora en Sevilla. Dice que es feliz, que es dueña de su vida, que sus hijos la apoyan. No pide reconocimiento ni que nadie le pida perdón, ni siquiera Toñi Moreno, que abrió la entrevista disculpándose por los homenajes que le había dedicado a Aragón en el pasado sin saber nada de la sentencia.

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