Una iniciativa tan seductora como necesaria, que concluye con unos cuadernos de poesía entregados mensualmente a lo largo del curso pasado a bordo de los barcos de Baleària, en concreto los que navegan por el Mar de Alborán y el Estrecho de Gibraltar. Igualmente, se entregaron por diversos centros educativos en Marruecos y, merece destacarse que para tal proyecto, se ponen de acuerdo, la Asociación de Amistad Andaluz Marroquí, Embajada de España en Rabat, Instituto Cervantes de Tánger, por supuesto la Fundación Baleària que edita los cuadernos y también el volumen que recoge a las 16 poetas (Raquel Lanseros, Khadija Arouhal, Juana Castro, Amal El Akhdar, María Rosal, Touria Majdouline, Dalila Fakhri, Alicia Aza, Siham Bouhlal, Rosa Romojaro, Malika El Assimi, Ángels Gregori, Aicha Bassry, Fadma Farras, Tere Irastortza Garmendia así como el inconmensurable trabajo de la traductora Salma Moutaouakkil, sin olvidar la aportación pictórica de manos de Patricia Boned, Doralice Souza, Almudena Pérez, Itaf Benjelloun, Najoua El Hitmi, Ahlam Lemseffer, Mounat Charrat, Marria Zhurykova, Amina Rmiki, Saoussan Melehi, Amelia Pisaca, Carmen Lloret, Nina Llorens, Guiomar Martin. Una edición humanista, solidaria, salvando distancia como las compañías navieras, conformando el mar como puente entre culturas, rubricando una antología de poesía escrita por mujeres, un diálogo poético que a todas luces traspasa muros y fronteras. Una simbiosis de palabra e imagen, con una entusiasta diversidad lingüística, ya que Matria habla árabe, español, catalán, gallego, euskera, amazigh, francés y también ucraniano.
Matria, no debe entenderse como “patria” femenizada, es decir, como perspectiva de derecho, sino más bien como conjunto emocional, pues alberga más bien unos antecedentes literarios que podemos rastrear desde su más genuino origen, tal es el historiador Plutarco. Término ancestral que recogieron Borges, Unamuno, Isabel Allendo, Virginia Wolf y un inconmensurable Edgar Morin, puestos a insistir, una participante de este proyecto, Raquel Lanseros, publicaba en 2018, su poemario titulado precisamente Matria. En gran medida, aquel poemario que ahondaba en la identidad, los orígenes y la condición humana, ahora, con las aportaciones de todas las poetas y artistas fundan un territorio simbólico que acoge raíces, esencias, universalidades, sin desmerecer, las lenguas que se hablan en España y Marruecos. Por consiguiente, el plurilingüismo es otro gran protagonista. Entre esos dos conceptos cruciales, se conforman una magistral antología de textos e imágenes.
Desde una poesía como espacio de feminisno, militancia y arraigo cultural amazigh, la voz de Khadija Arouhal desafía mandatos, silencios históricos en una sorprendente libre expresión que procede de la mitología bereber y cuya fuerza de la oralidad puede hallarse en su escritura. En esta propuesta antológica que fomenta el diálogo y el entendimiento a través de la poesía femenina contemporánea entre las orillas de España y Marruecos, su presencia es ineludible, todo ello, reforzado por el brillo y compromiso de la pintora Doralice Souza que ha sabido representar una simbiosis artística entre mitología y realidad, los “nuevos sueños feroces” que atrapa Khadija Arouhal.
Pasamos a los poemas inéditos de una poeta absolutamente indispensable, tal es Alicia Aza. Su último y reciente poemario Al final del paisaje ahonda en sus lugares más comunes, la memoria, el paso del tiempo, la maternidad, la muerte, el amor. A este respecto, Remedios Sánchez destaca su “compromiso humanista y ético (la patria es el mundo en toda su extensión y el dolor de los otros es un dolor compartido que hay que nombrar) imbricado en la naturaleza, su versatilidad rítmica en la construcción versal, la fusión de artes (plástica, literaria y musical) y esa evolución hacia una mayor introspección, ahondando en una profundidad reflexiva de corte intimista, que son —a mi parecer— rasgos primordiales de su poética”. Los inéditos destacan las “manos orantes extendidas”, “el abrazo a las dos tierras”, la doble perspectiva de la unicidad y diversidad. Es posible que seamos “deriva secreta de las aguas”, imagen que sustenta el estilo figurativo de Amina Rmiki,que, en gran medida, se centra en su apego a sus raíces, ancladas en la tradición, y a las escenas de vida recogidas de sus recuerdos de infancia, siendo la música base central.
La poesía de Siham Bouhlal se inscribe en el marco donde la escritura es a la vez íntima exploración y acto de resistencia, como así se aprecia en los fragmentos de Una naranja amarga, una escritura que fluye y que se mueve entre los temas de la ausencia, el deseo, la memoria, la espiritualidad, un ir y venir entre lo visible y lo invisible, lo dicho y lo inefable. Siham Bouhlal es poeta y transmisora de culturas, hacedora de poemas vibrantes y palpitantes, lo que la artista plástica Saoussan Melehi, cuyas obras germinan abstracciones, reflexiones centradas en la fragilidad y la sensibilidad, nos brinda todo un ejemplo de transparencia además, con fondo azul y uno finos hilos rojos para conectar papeles y continentes.
Yolanda Castaño nos ofrece un poema inédito y otro perteneciente al libro Materia. Un hermoso poema en gallego, que explora la identidad, la sensación de no cumplir con las expectativas ancestrales, un profundo lirismo para abrazarse a la herencia familiar. El ritmo de la composición, cuyas partes dialogan entre sí nos lleva a una canción de cuna. Una nana que pide belleza y refugio,
que reclama poesía y magia para evadir la realidad, pero también llega la duda existencial y el miedo al fracaso personal “Y si se me marea el juicio?, ¿Y si aplasto una buena idea?”.
La genealogía de oficios tradicionales gallegos ligados a la tierra, también al misticismo, que la autora vincula con la palabra, no sabe coser pero cose metáforas de satén, no navega en un barco físico, pero hace que el poema "balancee bien". Al lado, la pintora Mounat Charrat que va apilando piedras en tonos verdes, amarillos y negros, formas orgánicas en suma, incluso piedras en las que pueden discenirse rostros humanos, conforman una lámina abstracta que enfatiza su práctica artística, ese permanente interrogar tan lírico como filosófico de la condición humana. En gran medida, deja camino a la intuición, donde el ser humano es primordial.
Premisa que llevan a buen puerta todas las autoras e ilustradoras citadas.
Una iniciativa tan seductora como necesaria, que concluye con unos cuadernos de poesía entregados mensualmente a lo largo del curso pasado a bordo de los barcos de Baleària, en concreto los que navegan por el Mar de Alborán y el Estrecho de Gibraltar. Igualmente, se entregaron por diversos centros educativos en Marruecos y, merece destacarse que para tal proyecto, se ponen de acuerdo, la Asociación de Amistad Andaluz Marroquí, Embajada de España en Rabat, Instituto Cervantes de Tánger, por supuesto la Fundación Baleària que edita los cuadernos y también el volumen que recoge a las 16 poetas (Raquel Lanseros, Khadija Arouhal, Juana Castro, Amal El Akhdar, María Rosal, Touria Majdouline, Dalila Fakhri, Alicia Aza, Siham Bouhlal, Rosa Romojaro, Malika El Assimi, Ángels Gregori, Aicha Bassry, Fadma Farras, Tere Irastortza Garmendia así como el inconmensurable trabajo de la traductora Salma Moutaouakkil, sin olvidar la aportación pictórica de manos de Patricia Boned, Doralice Souza, Almudena Pérez, Itaf Benjelloun, Najoua El Hitmi, Ahlam Lemseffer, Mounat Charrat, Marria Zhurykova, Amina Rmiki, Saoussan Melehi, Amelia Pisaca, Carmen Lloret, Nina Llorens, Guiomar Martin. Una edición humanista, solidaria, salvando distancia como las compañías navieras, conformando el mar como puente entre culturas, rubricando una antología de poesía escrita por mujeres, un diálogo poético que a todas luces traspasa muros y fronteras. Una simbiosis de palabra e imagen, con una entusiasta diversidad lingüística, ya que Matria habla árabe, español, catalán, gallego, euskera, amazigh, francés y también ucraniano.
Matria, no debe entenderse como “patria” femenizada, es decir, como perspectiva de derecho, sino más bien como conjunto emocional, pues alberga más bien unos antecedentes literarios que podemos rastrear desde su más genuino origen, tal es el historiador Plutarco. Término ancestral que recogieron Borges, Unamuno, Isabel Allendo, Virginia Wolf y un inconmensurable Edgar Morin, puestos a insistir, una participante de este proyecto, Raquel Lanseros, publicaba en 2018, su poemario titulado precisamente Matria. En gran medida, aquel poemario que ahondaba en la identidad, los orígenes y la condición humana, ahora, con las aportaciones de todas las poetas y artistas fundan un territorio simbólico que acoge raíces, esencias, universalidades, sin desmerecer, las lenguas que se hablan en España y Marruecos. Por consiguiente, el plurilingüismo es otro gran protagonista. Entre esos dos conceptos cruciales, se conforman una magistral antología de textos e imágenes.
Desde una poesía como espacio de feminisno, militancia y arraigo cultural amazigh, la voz de Khadija Arouhal desafía mandatos, silencios históricos en una sorprendente libre expresión que procede de la mitología bereber y cuya fuerza de la oralidad puede hallarse en su escritura. En esta propuesta antológica que fomenta el diálogo y el entendimiento a través de la poesía femenina contemporánea entre las orillas de España y Marruecos, su presencia es ineludible, todo ello, reforzado por el brillo y compromiso de la pintora Doralice Souza que ha sabido representar una simbiosis artística entre mitología y realidad, los “nuevos sueños feroces” que atrapa Khadija Arouhal.
Pasamos a los poemas inéditos de una poeta absolutamente indispensable, tal es Alicia Aza. Su último y reciente poemario Al final del paisaje ahonda en sus lugares más comunes, la memoria, el paso del tiempo, la maternidad, la muerte, el amor. A este respecto, Remedios Sánchez destaca su “compromiso humanista y ético (la patria es el mundo en toda su extensión y el dolor de los otros es un dolor compartido que hay que nombrar) imbricado en la naturaleza, su versatilidad rítmica en la construcción versal, la fusión de artes (plástica, literaria y musical) y esa evolución hacia una mayor introspección, ahondando en una profundidad reflexiva de corte intimista, que son —a mi parecer— rasgos primordiales de su poética”. Los inéditos destacan las “manos orantes extendidas”, “el abrazo a las dos tierras”, la doble perspectiva de la unicidad y diversidad. Es posible que seamos “deriva secreta de las aguas”, imagen que sustenta el estilo figurativo de Amina Rmiki,que, en gran medida, se centra en su apego a sus raíces, ancladas en la tradición, y a las escenas de vida recogidas de sus recuerdos de infancia, siendo la música base central.
La poesía de Siham Bouhlal se inscribe en el marco donde la escritura es a la vez íntima exploración y acto de resistencia, como así se aprecia en los fragmentos de Una naranja amarga, una escritura que fluye y que se mueve entre los temas de la ausencia, el deseo, la memoria, la espiritualidad, un ir y venir entre lo visible y lo invisible, lo dicho y lo inefable. Siham Bouhlal es poeta y transmisora de culturas, hacedora de poemas vibrantes y palpitantes, lo que la artista plástica Saoussan Melehi, cuyas obras germinan abstracciones, reflexiones centradas en la fragilidad y la sensibilidad, nos brinda todo un ejemplo de transparencia además, con fondo azul y uno finos hilos rojos para conectar papeles y continentes.
Yolanda Castaño nos ofrece un poema inédito y otro perteneciente al libro Materia. Un hermoso poema en gallego, que explora la identidad, la sensación de no cumplir con las expectativas ancestrales, un profundo lirismo para abrazarse a la herencia familiar. El ritmo de la composición, cuyas partes dialogan entre sí nos lleva a una canción de cuna. Una nana que pide belleza y refugio,
que reclama poesía y magia para evadir la realidad, pero también llega la duda existencial y el miedo al fracaso personal “Y si se me marea el juicio?, ¿Y si aplasto una buena idea?”.
La genealogía de oficios tradicionales gallegos ligados a la tierra, también al misticismo, que la autora vincula con la palabra, no sabe coser pero cose metáforas de satén, no navega en un barco físico, pero hace que el poema "balancee bien". Al lado, la pintora Mounat Charrat que va apilando piedras en tonos verdes, amarillos y negros, formas orgánicas en suma, incluso piedras en las que pueden discenirse rostros humanos, conforman una lámina abstracta que enfatiza su práctica artística, ese permanente interrogar tan lírico como filosófico de la condición humana. En gran medida, deja camino a la intuición, donde el ser humano es primordial.
Premisa que llevan a buen puerta todas las autoras e ilustradoras citadas.
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