cultura

Casilda Sánchez Varela: "Lo más difícil del solitario Paco de Lucía, tan empático, es que sentías que era inaccesible"

La primogénita de Paco de Lucía, periodista y escritora, publica su segundo libro, un ensayo ahora en vez de una novela, pero la figura del genial guitarrista vuelve a asomar por su entramado con el magnetismo de su relación con la soledad.

  • La escritora Casilda Sánchez Varela, hija del guitarrista Paco de Lucía, posa para EFE durante la entrevista de presentación de su libro 'A veces nadie' (Debate). -

Pregunta. El libro salió antes del verano y me imagino que no irá mal.

Respuesta. Sí, salió a principios de junio y la sensación que tengo es que va creciendo y creciendo. O al menos eso es lo que me dice la editorial: que sigue vivo y que lo sigue comprando mucha gente. Ahora vengo de Galicia, porque he hecho allí la presentación. Y a principios de septiembre lo presentamos en Cádiz.

P. Es su segundo libro, un ensayo después de una novela, aunque la novela tenía mucho de ensayo y este ensayo tiene también algo de novela, ¿no cree?

R. Qué bien lo has explicado. Exactamente. Aquella novela tenía mucho de pensamiento sobre el amor, las relaciones, el paso del tiempo… Y ahora quería hacer el proceso inverso: meter en un libro de pensamiento algo de ficción, porque creo que son dos géneros que se subrayan el uno al otro, que no tienen que ser excluyentes y porque estoy con la sensación de que últimamente hay poca imaginación. En la literatura, por ejemplo, hay mucha autoficción y cada vez hay menos imaginación. Yo sostengo que la imaginación es una maravilla.

P. Su primera novela se titulaba Te espero en la última esquina del otoño, pero profundizaba filosóficamente en la cuestión humana.

R. Claro, era una historia de amor inspirada en la historia de amor de mis padres, en dos personas que surgen de mundos diametralmente distintos y lo que me parecía interesante era precisamente eso: cómo hay gente que se encuentra en los puentes, cruzando grupos sociales, ideologías, la identidad natural… Era una reflexión sobre eso: cómo a veces puedes encontrar a alguien de otra tribu que no tiene nada que ver lo que tú consideras lo establecido pero que habla tu mismo idioma.

P. Es lo que les pasó a Paco de Lucía y a Casilda Varela, ¿no?

R. Exactamente. Eso era lo que fue tan maravilloso de su relación, que eran dos personas cuyos puntos de vista sobre las cosas eran muy parecidos, su sentido del humor, lo que les parecía la otra gente, sus principios…

P. A pesar de venir de mundos tan distintos, de ámbitos socioculturales tan opuestos.

R: Y con una educación completamente distinta, además.

P: Eso le da más mérito aún a la figura de Paco de Lucía, ¿no? Porque era él el que venía de una situación socioeconómica peor…

R: Sí, pero es que una de las características de mi padre era el no quedarse nunca en el lugar de donde procedía, ni personalmente ni musicalmente. Su curiosidad, su sentido de la aventura y su capacidad para trasladarse a otros mundos era increíble. Tenía una cabeza inmensa.

P: El libro de ahora, A veces nadie, es un ensayo.

R: Sí, un ensayo sobre la soledad. Y comparte con la novela anterior, por ejemplo, la convicción de que la soledad es el estado natural de toda la gente creativa. Ahora asociamos la soledad con lo negativo, con la derrota, pero históricamente estuvo relacionada con los espíritus elevados, con los místicos, los artistas y los pensadores. Y me pareció interesante mirar desde otro prisma todo eso, porque creo que hay mucha gente asume negativamente su propia soledad por esa connotación que puede tener desde fuera.

P: Pero el libro parte de su propia soledad a partir de su separación matrimonial y de cierto viaje…

R: A Sri Lanka. Parto de mi propia experiencia y de mis distintas soledades, pues no son todas iguales las que experimentas a lo largo de la vida. Pero sí, la historia arranca con una separación, que implica una soledad muy simbólica y muy gráfica, y de ahí se traslada a todas las soledades que yo observo en un balneario de Sri Lanka, porque toda la gente que veo allí está sola: parejas que ni se hablan ni se miran ni se quieren ni nada, o la soledad de un adicto, como la de una mujer alcohólica, que es una soledad muy hermética, o la de la adolescente, pues ahora el grupo de edad que más solo dice sentirse es el de los jóvenes, más que el de la gente adulta o anciana…

P:Qué curioso y qué triste.

R: Sí, sobre todo qué triste: porque además es cuando más conectados estamos, pero es un tema sociológicamente muy interesante.

P: Ahora ya le pasará menos, pero imagino que cuando sacó su primera novela tendría que vencer la alargada sombra de su padre. Quiero decir que mucha gente diría que sacaba usted el libro solo porque era la hija de…

R: Sí, supongo que se pensó más que se dijo. Pero lo que pasa es que yo venía ya de trabajar 15 años como periodista, no es que a mí de repente se me ocurriera escribir un libro. Pero es un pensamiento que existiría y que seguirá existiendo. A mí, de todos modos, no me hace daño, porque todo lo que sea la relación con mi padre me trae cosas buenas.

P: Paco de Lucía estaba en el primer libro y vuelve a estar en este segundo libro.

R: Claro, pero es que la escritura de cualquier escritor están sus padres. O sus abuelos. Sus raíces. Hasta García Márquez en Cien años de soledad cuenta la historia de sus abuelos. Es imposible, y además sería absurdo, no entrar ahí porque tu padre sea quien es.

P: Por cierto, esa soledad congénita de Paco de Lucía y que usted parece haber heredado es muy propia de los personajes garciamarquianos, y sin ser artistas precisamente.

R: Sí, García Márquez no solo habla de la soledad personal, sino de la soledad de todo un continente. Me parece que la gran novela de García Márquez reúne todas las formas de soledad. Yo, cuando terminé de leer esa maravilla, me recorrió un escalofrío por el cuerpo y pensé que no podía haberla escrito un ser humano.

P:A mí también me lo pareció en todas las ocasiones en que la he leído.

R: ¿Y no te costó? Porque a mí al principio me costaba, y me tuve que meter tres veces hasta que conseguí terminarlo.

P: Bueno, fueron ocasiones muy distintas: la lectura de los 14 años no tiene nada que ver con la última que hice, y además luego disfruté la serie que estrenaron en Netflix…

R: Y qué tal esa serie. Quiero verla pero tengo miedo de que me defraude.

P: A mí me convenció más o menos, partiendo del hecho de que solo son los primeros 50 años y de que el propio Gabo dijo que era imposible llevar su novela al cine y que ahí detrás han estado sus hijos…

R: Pues la voy a ver y ya te contaré.

P: De lujo, pero me gustaría seguir preguntándole por su padre: ¿hasta qué punto esa soledad congénita suya lo convirtió en una persona difícil?

R: Él no era difícil en la convivencia porque era una persona muy empática, muy generosa en todos los sentidos y muy inteligente con todo lo que ello significa. Y con la capacidad de controlarse a sí mismo y a sus demonios. Lo más difícil que tenía esa soledad es que muchas veces sentías que era inaccesible, que estaba navegando por unas aguas por las que el resto de la gente no teníamos acceso. Y eso quizá como hija es lo más difícil. Pero en su trato era una persona muy fácil.

P: De niña, o de adolescente ya, la imagino un poco dolida por no poder acceder a ese mundo tan suyo.

R: Sin embargo, él era muy empático y escuchaba muchísimo. Te hacía sentir muy importante. Yo creo que la palabra no es “dolida”… Es como cuando estás enamorada y no sientes que tienes del todo a la otra persona. Y eso también te estimula, porque estás siempre en la lucha por entrar ahí…

P: Cómo lo recuerda de niña en casa.

R: Pues de eso cuento en el libro, por ejemplo, cuando compuso Siroco, cuando yo tendría como diez años… Antes había estado mucho tiempo de gira, pero en esa época estuvo mucho tiempo en casa porque tardó en componer el disco. Y lo recuerdo bajando al estudio con el chándal rojo cuando nosotros nos íbamos al colegio. Y cómo volvía por la noche, y estabas hablando con él y de repente notabas que empezaba a tamborilear sobre la mesa con los dedos, y su cabeza se iba a otro sitio. Pero por otro lado lo recuerdo con una capacidad infinita de disfrute. Quizá haya proyectado esa imagen de hombre atormentado, pero también era capaz de disfrutar de todo: de los perros y otros animales, de comerse un pan con aceite, de reírse… Era una persona que disfrutaba de la vida.

P: En la tele no lo veíamos reírse demasiado, más bien lo vimos siempre con un aspecto grave y solemne.

R: Pues era risueño, y le gustaba mucho hacer bromas. Muchísimo. Creo que como su infancia fue siempre trabajando, tenía una cuenta pendiente con su niño de entonces.

P: Para volver a reírse como un niño.

R: Sí.

P: El Paco de Lucía de los escenarios sería muy distinto del Paco Sánchez de andar por casa.

R: Eran distintos, sí, porque en el escenario tenía una solemnidad que no tenía fuera, pero eran igual de magnéticos. Estaba viendo el fútbol en su butaca del salón y tenía una forma de estar y mirar que era muy magnética.

P: En A veces nadie encontramos el análisis de una soledad, la suya propia tras su separación, que no sé cuándo se produjo…

R: Hace casi una década, en 2018.

P: Y con esa soledad suya tras su propia separación, ¿ha terminado entendiendo también la soledad de sus padres, que también se separaron a pesar de ser almas tan gemelas? Algo debió de pasar…

R: En el caso de mis padres esa complicidad no se rompió porque ellos siguieron siendo amigos, y hablando y riéndose mucho, lo que pasa es que el matrimonio es complicado y a veces no basta solo con eso. Pero ese mundo común que tenían, lo mantuvieron hasta el final.

P: Eso no es tan común.

R: No, y era muy bonito de ver.

P: ¿Y esa relación tan bonita antes y después de la ruptura ha sido así también en su caso?

R: Yo sigo teniendo también una relación buenísima con mi exmarido, porque tengo la sensación de que es mi familia. Y creo que hay un viaje desde aquella soledad angustiada del principio hasta que la soledad se convierte en tu cómplice, y de ese viaje es del que habla este libro. Existe ese viaje y es verdad que se llega a una soledad plena, y eso es algo que es importante que la gente que se está separando y está pasando por un momento oscuro lo sepa.

P: ¿Puede ser también un libro de autoayuda el suyo?

R: Sí, sí, exacto. Puede ser que ayude a entender que todo esto también pasará. Y que estar solo puede ser tan gratificante que también se convierta en un vicio.

P: ¿Le han servido sus oficios de socióloga y periodista o este libro tiene más de psicología?

R: Bueno, yo estudié la carrera de Sociología pero nunca la ejercí, porque siempre he trabajado de periodista. Estudié Sociología por la curiosidad del mundo y del otro, y esa curiosidad siempre ha seguido ahí y es lo que me ha movido a hacer este libro.

P: También el Periodismo consiste en entender al otro.

R: Exacto. Lo que me interesa es el funcionamiento del ser humano. Y el periodismo también te da herramientas para entender que tienes que entretener al que tienes enfrente y que no puedes escribir una historia demasiado ensimismado, que hay que tener un ritmo, fórmulas que te sirven para escribir después.

P: ¿Esos silencios ensimismados de su padre contribuyeron de alguna forma a no aclarar de un tajo polémicas como aquella de los derechos de los cantes de Camarón?

R: Bueno, yo creo que muchas veces el silencio es elocuente también. Y explicativo. Y creo que el tiempo acabó dando la explicación que necesitaba aquello.

P: Pero hay que tener mucha paciencia.

R: Y fortaleza.

P: Y Paco la tenía. Sobradamente.

R: Sí, sobradamente. Era muy fuerte y muy sabio y sabía que al final se acabaría colocando donde se debía.

P: ¿Piensa seguir escribiendo o estos libros han sido algo puntual?

R: Sí, sí, pienso seguir con los libros. Escribir es mi forma natural de expresarme.

P: Aunque haya empezado tarde. Como Saramago, que consiguió el Nobel finalmente.

R: Sí, he empezado tarde. Como Saramago, que empezó más tarde aún. Yo creo que escribir requiere una experiencia de la vida, aunque no en todos los casos, pues hay gente que comienza a escribir desde muy joven. Pero en mi caso yo necesitaba un poso y una distancia sobre mi propia historia que la tuve cuando la tuve y no antes.

P: Y después de cuatro hijos, que se dice pronto.

R: Sí, yo creo que eso también ha ayudado, cuando los hijos son ya mayores, porque hay una época en la que estás solo para ellos. Ahora da como vergüenza que el libro lo lean incluso los padres de los amigos de mis hijos.

P: Bueno, no hay nada escandaloso, ¿no?

R: Ya, pero desnudar tu alma es más vergonzoso que contar un escándalo.

P: Pero ya estará superado.

R: En trámites, en trámites.

Casilda no ha perdido la costumbre de reírse como una niña, más escandalosamente de lo que habla, más tiempo del que su interlocutor espera, con más intensidad del que se le presupone a una escritora. Y en eso recuerda inmediatamente a su padre, el Paco que no conocimos porque su porte de guitarrista genial en el escenario nos lo arrebató. 

 

 

Pregunta. El libro salió antes del verano y me imagino que no irá mal.

Respuesta. Sí, salió a principios de junio y la sensación que tengo es que va creciendo y creciendo. O al menos eso es lo que me dice la editorial: que sigue vivo y que lo sigue comprando mucha gente. Ahora vengo de Galicia, porque he hecho allí la presentación. Y a principios de septiembre lo presentamos en Cádiz.

P. Es su segundo libro, un ensayo después de una novela, aunque la novela tenía mucho de ensayo y este ensayo tiene también algo de novela, ¿no cree?

R. Qué bien lo has explicado. Exactamente. Aquella novela tenía mucho de pensamiento sobre el amor, las relaciones, el paso del tiempo… Y ahora quería hacer el proceso inverso: meter en un libro de pensamiento algo de ficción, porque creo que son dos géneros que se subrayan el uno al otro, que no tienen que ser excluyentes y porque estoy con la sensación de que últimamente hay poca imaginación. En la literatura, por ejemplo, hay mucha autoficción y cada vez hay menos imaginación. Yo sostengo que la imaginación es una maravilla.

P. Su primera novela se titulaba Te espero en la última esquina del otoño, pero profundizaba filosóficamente en la cuestión humana.

R. Claro, era una historia de amor inspirada en la historia de amor de mis padres, en dos personas que surgen de mundos diametralmente distintos y lo que me parecía interesante era precisamente eso: cómo hay gente que se encuentra en los puentes, cruzando grupos sociales, ideologías, la identidad natural… Era una reflexión sobre eso: cómo a veces puedes encontrar a alguien de otra tribu que no tiene nada que ver lo que tú consideras lo establecido pero que habla tu mismo idioma.

P. Es lo que les pasó a Paco de Lucía y a Casilda Varela, ¿no?

R. Exactamente. Eso era lo que fue tan maravilloso de su relación, que eran dos personas cuyos puntos de vista sobre las cosas eran muy parecidos, su sentido del humor, lo que les parecía la otra gente, sus principios…

P. A pesar de venir de mundos tan distintos, de ámbitos socioculturales tan opuestos.

R: Y con una educación completamente distinta, además.

P: Eso le da más mérito aún a la figura de Paco de Lucía, ¿no? Porque era él el que venía de una situación socioeconómica peor…

R: Sí, pero es que una de las características de mi padre era el no quedarse nunca en el lugar de donde procedía, ni personalmente ni musicalmente. Su curiosidad, su sentido de la aventura y su capacidad para trasladarse a otros mundos era increíble. Tenía una cabeza inmensa.

P: El libro de ahora, A veces nadie, es un ensayo.

R: Sí, un ensayo sobre la soledad. Y comparte con la novela anterior, por ejemplo, la convicción de que la soledad es el estado natural de toda la gente creativa. Ahora asociamos la soledad con lo negativo, con la derrota, pero históricamente estuvo relacionada con los espíritus elevados, con los místicos, los artistas y los pensadores. Y me pareció interesante mirar desde otro prisma todo eso, porque creo que hay mucha gente asume negativamente su propia soledad por esa connotación que puede tener desde fuera.

P: Pero el libro parte de su propia soledad a partir de su separación matrimonial y de cierto viaje…

R: A Sri Lanka. Parto de mi propia experiencia y de mis distintas soledades, pues no son todas iguales las que experimentas a lo largo de la vida. Pero sí, la historia arranca con una separación, que implica una soledad muy simbólica y muy gráfica, y de ahí se traslada a todas las soledades que yo observo en un balneario de Sri Lanka, porque toda la gente que veo allí está sola: parejas que ni se hablan ni se miran ni se quieren ni nada, o la soledad de un adicto, como la de una mujer alcohólica, que es una soledad muy hermética, o la de la adolescente, pues ahora el grupo de edad que más solo dice sentirse es el de los jóvenes, más que el de la gente adulta o anciana…

P:Qué curioso y qué triste.

R: Sí, sobre todo qué triste: porque además es cuando más conectados estamos, pero es un tema sociológicamente muy interesante.

P: Ahora ya le pasará menos, pero imagino que cuando sacó su primera novela tendría que vencer la alargada sombra de su padre. Quiero decir que mucha gente diría que sacaba usted el libro solo porque era la hija de…

R: Sí, supongo que se pensó más que se dijo. Pero lo que pasa es que yo venía ya de trabajar 15 años como periodista, no es que a mí de repente se me ocurriera escribir un libro. Pero es un pensamiento que existiría y que seguirá existiendo. A mí, de todos modos, no me hace daño, porque todo lo que sea la relación con mi padre me trae cosas buenas.

P: Paco de Lucía estaba en el primer libro y vuelve a estar en este segundo libro.

R: Claro, pero es que la escritura de cualquier escritor están sus padres. O sus abuelos. Sus raíces. Hasta García Márquez en Cien años de soledad cuenta la historia de sus abuelos. Es imposible, y además sería absurdo, no entrar ahí porque tu padre sea quien es.

P: Por cierto, esa soledad congénita de Paco de Lucía y que usted parece haber heredado es muy propia de los personajes garciamarquianos, y sin ser artistas precisamente.

R: Sí, García Márquez no solo habla de la soledad personal, sino de la soledad de todo un continente. Me parece que la gran novela de García Márquez reúne todas las formas de soledad. Yo, cuando terminé de leer esa maravilla, me recorrió un escalofrío por el cuerpo y pensé que no podía haberla escrito un ser humano.

P:A mí también me lo pareció en todas las ocasiones en que la he leído.

R: ¿Y no te costó? Porque a mí al principio me costaba, y me tuve que meter tres veces hasta que conseguí terminarlo.

P: Bueno, fueron ocasiones muy distintas: la lectura de los 14 años no tiene nada que ver con la última que hice, y además luego disfruté la serie que estrenaron en Netflix…

R: Y qué tal esa serie. Quiero verla pero tengo miedo de que me defraude.

P: A mí me convenció más o menos, partiendo del hecho de que solo son los primeros 50 años y de que el propio Gabo dijo que era imposible llevar su novela al cine y que ahí detrás han estado sus hijos…

R: Pues la voy a ver y ya te contaré.

P: De lujo, pero me gustaría seguir preguntándole por su padre: ¿hasta qué punto esa soledad congénita suya lo convirtió en una persona difícil?

R: Él no era difícil en la convivencia porque era una persona muy empática, muy generosa en todos los sentidos y muy inteligente con todo lo que ello significa. Y con la capacidad de controlarse a sí mismo y a sus demonios. Lo más difícil que tenía esa soledad es que muchas veces sentías que era inaccesible, que estaba navegando por unas aguas por las que el resto de la gente no teníamos acceso. Y eso quizá como hija es lo más difícil. Pero en su trato era una persona muy fácil.

P: De niña, o de adolescente ya, la imagino un poco dolida por no poder acceder a ese mundo tan suyo.

R: Sin embargo, él era muy empático y escuchaba muchísimo. Te hacía sentir muy importante. Yo creo que la palabra no es “dolida”… Es como cuando estás enamorada y no sientes que tienes del todo a la otra persona. Y eso también te estimula, porque estás siempre en la lucha por entrar ahí…

P: Cómo lo recuerda de niña en casa.

R: Pues de eso cuento en el libro, por ejemplo, cuando compuso Siroco, cuando yo tendría como diez años… Antes había estado mucho tiempo de gira, pero en esa época estuvo mucho tiempo en casa porque tardó en componer el disco. Y lo recuerdo bajando al estudio con el chándal rojo cuando nosotros nos íbamos al colegio. Y cómo volvía por la noche, y estabas hablando con él y de repente notabas que empezaba a tamborilear sobre la mesa con los dedos, y su cabeza se iba a otro sitio. Pero por otro lado lo recuerdo con una capacidad infinita de disfrute. Quizá haya proyectado esa imagen de hombre atormentado, pero también era capaz de disfrutar de todo: de los perros y otros animales, de comerse un pan con aceite, de reírse… Era una persona que disfrutaba de la vida.

P: En la tele no lo veíamos reírse demasiado, más bien lo vimos siempre con un aspecto grave y solemne.

R: Pues era risueño, y le gustaba mucho hacer bromas. Muchísimo. Creo que como su infancia fue siempre trabajando, tenía una cuenta pendiente con su niño de entonces.

P: Para volver a reírse como un niño.

R: Sí.

P: El Paco de Lucía de los escenarios sería muy distinto del Paco Sánchez de andar por casa.

R: Eran distintos, sí, porque en el escenario tenía una solemnidad que no tenía fuera, pero eran igual de magnéticos. Estaba viendo el fútbol en su butaca del salón y tenía una forma de estar y mirar que era muy magnética.

P: En A veces nadie encontramos el análisis de una soledad, la suya propia tras su separación, que no sé cuándo se produjo…

R: Hace casi una década, en 2018.

P: Y con esa soledad suya tras su propia separación, ¿ha terminado entendiendo también la soledad de sus padres, que también se separaron a pesar de ser almas tan gemelas? Algo debió de pasar…

R: En el caso de mis padres esa complicidad no se rompió porque ellos siguieron siendo amigos, y hablando y riéndose mucho, lo que pasa es que el matrimonio es complicado y a veces no basta solo con eso. Pero ese mundo común que tenían, lo mantuvieron hasta el final.

P: Eso no es tan común.

R: No, y era muy bonito de ver.

P: ¿Y esa relación tan bonita antes y después de la ruptura ha sido así también en su caso?

R: Yo sigo teniendo también una relación buenísima con mi exmarido, porque tengo la sensación de que es mi familia. Y creo que hay un viaje desde aquella soledad angustiada del principio hasta que la soledad se convierte en tu cómplice, y de ese viaje es del que habla este libro. Existe ese viaje y es verdad que se llega a una soledad plena, y eso es algo que es importante que la gente que se está separando y está pasando por un momento oscuro lo sepa.

P: ¿Puede ser también un libro de autoayuda el suyo?

R: Sí, sí, exacto. Puede ser que ayude a entender que todo esto también pasará. Y que estar solo puede ser tan gratificante que también se convierta en un vicio.

P: ¿Le han servido sus oficios de socióloga y periodista o este libro tiene más de psicología?

R: Bueno, yo estudié la carrera de Sociología pero nunca la ejercí, porque siempre he trabajado de periodista. Estudié Sociología por la curiosidad del mundo y del otro, y esa curiosidad siempre ha seguido ahí y es lo que me ha movido a hacer este libro.

P: También el Periodismo consiste en entender al otro.

R: Exacto. Lo que me interesa es el funcionamiento del ser humano. Y el periodismo también te da herramientas para entender que tienes que entretener al que tienes enfrente y que no puedes escribir una historia demasiado ensimismado, que hay que tener un ritmo, fórmulas que te sirven para escribir después.

P: ¿Esos silencios ensimismados de su padre contribuyeron de alguna forma a no aclarar de un tajo polémicas como aquella de los derechos de los cantes de Camarón?

R: Bueno, yo creo que muchas veces el silencio es elocuente también. Y explicativo. Y creo que el tiempo acabó dando la explicación que necesitaba aquello.

P: Pero hay que tener mucha paciencia.

R: Y fortaleza.

P: Y Paco la tenía. Sobradamente.

R: Sí, sobradamente. Era muy fuerte y muy sabio y sabía que al final se acabaría colocando donde se debía.

P: ¿Piensa seguir escribiendo o estos libros han sido algo puntual?

R: Sí, sí, pienso seguir con los libros. Escribir es mi forma natural de expresarme.

P: Aunque haya empezado tarde. Como Saramago, que consiguió el Nobel finalmente.

R: Sí, he empezado tarde. Como Saramago, que empezó más tarde aún. Yo creo que escribir requiere una experiencia de la vida, aunque no en todos los casos, pues hay gente que comienza a escribir desde muy joven. Pero en mi caso yo necesitaba un poso y una distancia sobre mi propia historia que la tuve cuando la tuve y no antes.

P: Y después de cuatro hijos, que se dice pronto.

R: Sí, yo creo que eso también ha ayudado, cuando los hijos son ya mayores, porque hay una época en la que estás solo para ellos. Ahora da como vergüenza que el libro lo lean incluso los padres de los amigos de mis hijos.

P: Bueno, no hay nada escandaloso, ¿no?

R: Ya, pero desnudar tu alma es más vergonzoso que contar un escándalo.

P: Pero ya estará superado.

R: En trámites, en trámites.

Casilda no ha perdido la costumbre de reírse como una niña, más escandalosamente de lo que habla, más tiempo del que su interlocutor espera, con más intensidad del que se le presupone a una escritora. Y en eso recuerda inmediatamente a su padre, el Paco que no conocimos porque su porte de guitarrista genial en el escenario nos lo arrebató. 

 

 

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