Un equipo de paleontólogos ha identificado en Teruel los restos de un diplodocus de unos 25 metros de longitud que vivió hace aproximadamente 150 millones de años, un hallazgo que constituye la primera evidencia aceptada de este género fuera de Norteamérica. Los fósiles, recuperados en el yacimiento de La Tejería, en El Castellar, amplían de manera notable el territorio conocido en el que habitaron estos gigantes del Jurásico.
El descubrimiento corresponde a investigadores de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis, que han localizado 14 vértebras de la cola y varios chevrones, unos huesos que se articulan en la parte inferior de las vértebras. Hasta ahora, los restos atribuidos al género Diplodocus procedían de la Formación Morrison, una extensa unidad geológica del oeste de Estados Unidos, por lo que el material encontrado en Teruel abre una nueva vía para estudiar la presencia de estos saurópodos en Europa.
La primera evidencia del Diplodocus fuera de Estados Unidos
El primer autor del estudio, el investigador Sergio Sánchez Fenollosa, considera que se trata de uno de los ejemplares "más completos descubiertos hasta la fecha en Europa y la primera evidencia de este género fuera de Estados Unidos". El primer Diplodocus fue hallado en Norteamérica en 1878 y, desde entonces, el género se había vinculado exclusivamente con ese continente.
El investigador ha señalado también que "este hallazgo proporciona una de las pruebas paleontológicas más sólidas de episodios de dispersión e intercambio faunístico entre ambos continentes a través del proto-océano Atlántico durante el Jurásico Superior". Sánchez Fenollosa añade que "este descubrimiento nos permite comprender mejor los ecosistemas mesozoicos ibéricos y la diversidad de dinosaurios saurópodos que habitaban en la Europa jurásica".
La hipótesis planteada para explicar la llegada de estos animales hasta la península Ibérica apunta a que pudieron desplazarse andando entre ambos continentes, cuando el Atlántico era todavía mucho más estrecho y poco profundo que en la actualidad. En aquella época, Europa y América se encontraban separadas por distancias de apenas decenas o cientos de kilómetros, lo que habría facilitado el desplazamiento de algunas poblaciones.
El hallazgo de los fósiles se suma a otros indicios encontrados en localidades próximas al lugar donde apareció el diplodocus. Los investigadores creen que allí se conservan unos 50 metros de huellas atribuidas a un gran dinosaurio, cuyo tamaño habría alcanzado aproximadamente los 25 metros de longitud y cinco metros de altura. El estudio ha sido elaborado por Sánchez Fenollosa, Josué García Cobeña y Alberto Cobos, director-gerente de la Fundación Dinópolis y coautor de la investigación.
Un equipo de paleontólogos ha identificado en Teruel los restos de un diplodocus de unos 25 metros de longitud que vivió hace aproximadamente 150 millones de años, un hallazgo que constituye la primera evidencia aceptada de este género fuera de Norteamérica. Los fósiles, recuperados en el yacimiento de La Tejería, en El Castellar, amplían de manera notable el territorio conocido en el que habitaron estos gigantes del Jurásico.
El descubrimiento corresponde a investigadores de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis, que han localizado 14 vértebras de la cola y varios chevrones, unos huesos que se articulan en la parte inferior de las vértebras. Hasta ahora, los restos atribuidos al género Diplodocus procedían de la Formación Morrison, una extensa unidad geológica del oeste de Estados Unidos, por lo que el material encontrado en Teruel abre una nueva vía para estudiar la presencia de estos saurópodos en Europa.
La primera evidencia del Diplodocus fuera de Estados Unidos
El primer autor del estudio, el investigador Sergio Sánchez Fenollosa, considera que se trata de uno de los ejemplares "más completos descubiertos hasta la fecha en Europa y la primera evidencia de este género fuera de Estados Unidos". El primer Diplodocus fue hallado en Norteamérica en 1878 y, desde entonces, el género se había vinculado exclusivamente con ese continente.
El investigador ha señalado también que "este hallazgo proporciona una de las pruebas paleontológicas más sólidas de episodios de dispersión e intercambio faunístico entre ambos continentes a través del proto-océano Atlántico durante el Jurásico Superior". Sánchez Fenollosa añade que "este descubrimiento nos permite comprender mejor los ecosistemas mesozoicos ibéricos y la diversidad de dinosaurios saurópodos que habitaban en la Europa jurásica".
La hipótesis planteada para explicar la llegada de estos animales hasta la península Ibérica apunta a que pudieron desplazarse andando entre ambos continentes, cuando el Atlántico era todavía mucho más estrecho y poco profundo que en la actualidad. En aquella época, Europa y América se encontraban separadas por distancias de apenas decenas o cientos de kilómetros, lo que habría facilitado el desplazamiento de algunas poblaciones.
El hallazgo de los fósiles se suma a otros indicios encontrados en localidades próximas al lugar donde apareció el diplodocus. Los investigadores creen que allí se conservan unos 50 metros de huellas atribuidas a un gran dinosaurio, cuyo tamaño habría alcanzado aproximadamente los 25 metros de longitud y cinco metros de altura. El estudio ha sido elaborado por Sánchez Fenollosa, Josué García Cobeña y Alberto Cobos, director-gerente de la Fundación Dinópolis y coautor de la investigación.
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