Cirugía dental a ritmo de Mozart, Vivaldi y Pachelbel

Manuel e Ismal tocan el violín y la flauta durante la cirugía dental. FOTO: MANU GARCÍA.
Manuel e Ismal tocan el violín y la flauta durante la cirugía dental. FOTO: MANU GARCÍA.

Surgió entre amigos y con una cerveza en la mano. Fernando González Zamora (Madrid, 1975), que este próximo lunes cumple 14 años al frente de la clínica Jerez Dental que él mismo abrió, confiesa que lo que parecía una idea algo disparatada se convirtió en una realidad hace tan sólo unas semanas. "Hay veces que viene un pensamiento, te tomas varias cervezas, muere y viene otra pero en cambio yo lo proceso, lo desarrollo y empiezo a hablar con uno y con otro", cuenta a lavozdelsur.es sobre un proyecto piloto, que pretende implementar en su clínica.

Fue poco después de Navidad cuando con su pareja, María José Pérez, flautista y profesora de música en un instituto de enseñanza secundaria de Jerez, y varios amigos, entre los que se encuentran la flautista granadina Sonia Cruz y el violinista cordobés Manuel López, se les encendió una bombilla. "Oye, ¿y si se tocara algo de música mientras intervienes a un paciente?". Ambos trabajan en el conservatorio de música de Sanlúcar, junto al flautista valenciano Ismael Ibáñez. A Fernando le pareció tan buena idea que no dudó en lanzarse. "Siempre escuchas a pacientes que les da miedo el dentista o que les duele y qué mejor forma de hacer algo divertido y diferente que esto", añade.

Fernando González Zamora explicando el proyecto a lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

Al otro lado, Pedro, uno de sus clientes habituales, asiente ilusionado. "¿Yo? Estoy encantado de ser vuestro conejillo de indias, cuando me comentó Fernando la idea me pareció fantástico", dice despreocupado, sin reparos a la cirugía dental que le espera. El odontólogo madrileño afincado en Jerez también sabe elegir a sus pacientes y destaca que la iniciativa seguramente no esté hecha para todo tipo de públicos. "Pedro lo valora, lo conozco como cliente y por eso se lo propuse; creo que es una experiencia para un paciente concreto, para gente que aprecie la música en directo y que pueda disfrutar de una experiencia que es única", cuenta. Tan única que es inédita. Según sostiene Fernando, pese a haber experiencias en terapias de recuperación no conoce precedentes en cirugías ni en el mundo de la odontología. "A lo mejor alguien tocó un día una canción mientras estaba en el dentista pero que sepamos no se ha recogido, y creemos que es una idea buenísima", confiesa.

Pedro, al que ya se llevan para anestesiar, incluso deja caer un recado. "No estaría mal que se tocara también en la sala de espera, para que la gente se relaje, eh", advierte con sarcasmo. "¡Oye, no te desconcentres!", le replica Fernando, que ríe. El dentista reconoce no tener capacidad económica como para incluir este servicio en todas sus consultas pero sí remarca la voluntad de hacerlo una vez a la semana y además de ofrecérselo como oportunidad a estudiantes de conservatorio y de música, después de hacerlo sin beneficio económico con sus amigos. "Voy a comprar un gorro porque la idea que tengo es que esto sea algo de toda la vida, y que los clientes den lo que puedan a los músicos", añade, haciéndolos protagonistas. "Para ellos esto supone un escenario donde exhibirse y disfrutar, es toda una experiencia en la que se unen y participan ellos con el propio paciente".

Manuel e Ismal tocan el violín y la flauta durante la cirugía dental. FOTO: MANU GARCÍA.

Ismael y Manuel cogen su flauta y su violín y empiezan a modo de prueba de sonido en la sala ya habilitada para la intervención. Pedro se incorpora, y espera el efecto de la anestesia. Sonia hoy no puede participar porque se da la circunstancia de que tuvo un flemón justo ayer, que el propio Fernando ya ha tratado, pero junto a su amiga María José, observan la escena. Suena como un concierto y están en un piso de la urbanización jerezana de El Paquete, pero es una clínica y están inmersos en una intervención odontológica. Con la ayuda de su auxiliar, la cirugía comienza. El repertorio es variado y el paciente menea los pies al ritmo de la música. Desde el adagio del invierno o la primavera de Vivaldi al adagio del cuarteto en re mayor para flauta de Mozart, pasando por el canon de Pachelbel en re mayor. Offenbach, Boccherini, Gounod y Bach, todo un concierto en el que los incómodos ruidos de los instrumentos del taladro dental y el eyector de saliva pasan a un segundo plano, eclipsados por el dulce sonido de la flauta de Ismael y el vibrante violín de Manuel.

En una pausa, el paciente sorprende a todos y les saca una sonrisa, dando a conocer sus conocimientos de canto en plena intervención. Con la boca entreabierta intenta cantar para acto seguido dar prueba de que esta vez el dentista ha sido otra cosa: "Cuando me jubile a lo mejor me sumo a vosotros". La escena, que inmortalizan hasta las trabajadoras del centro con su teléfono móvil, se hace inevitablemente placentera. "Esto es maravilloso", comenta Fernando, mientras continúa con su trabajo, que por momentos se parece al de un director de orquesta. Los gestos de su paciente lo dicen todo. No se está enterando de nada, o mejor dicho, se está enterando de todo. "No tengo palabras, me he ido a otro mundo", comenta bajo el efecto de la anestesia en la boca. Ha nacido otra forma de ir al dentista, que seguramente prevé exportarse de Jerez al mundo entero.

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