Camareros explotados, sobre las quejas por falta de personal: “Se nos quitan hasta las ganas de vivir”

“Estamos asegurados entre cuatro o seis horas y echamos 60 a la semana", cuenta una profesional de la hostelería que se queja de las condiciones precarias de la profesión

Un camarero recoge los vasos de una terraza de Jerez
Un camarero recoge los vasos de una terraza de Jerez MANU GARCÍA

El debate entre los empresarios hosteleros y los camareros está cada vez más encendido: los primeros dicen que no hay trabajadores por falta de ganas; los segundos, que nadie quiere trabajar en el sector porque las condiciones son indignas. Muchos de los propietarios de restaurantes y cafeterías se quejan de que no hay motivación ni ambición para trabajar y que, gracias a las ayudas del estado por la pandemia, ahora los profesionales prefieren estar en ERTE en sus casas. Solo un 1,6% de los trabajadores siguen en ERTE actualmente, según los datos de la Seguridad Social.

Hay una realidad innegable y es que la hostelería es un oficio que depende de las temporadas. Según los datos del Ministerio de Empleo, en julio, el paro caía hasta los 3,4 millones, y una de cada dos personas contratadas iban destinada a bares, restaurantes, chiringuitos, tascas y demás. Sin embargo, este invierno los propietarios siguen necesitando asalariados, a pesar de que el problema siempre ha sido al revés: al acabar septiembre, los camareros temporales eran despedidos. Ahora, las quejas llegan por la falta de personal cualificado sin ser temporada alta ¿Qué está pasando?

El fuego de la discusión se ha avivado en las redes después de que el periódico El Español, sacase a la luz un reportaje con las quejas de los empresarios sobre el personal. En las declaraciones, algunos de los entrevistados comentaron que los asalariados ahora “prefieren quedarse en casa viendo Netflix” o que “incluso preguntan cuanto van a cobrar en la entrevista”.  

El sector de los camareros ha querido devolver la pelota y contar su experiencia: cómo son las condiciones que a veces han tenido que tragar ante la necesidad. Lavozdelsur.es ha contactado con alguno de los profesionales de la hostelería para que cuenten sus experiencias.  La mayoría han preferido conservar el anonimato ante las represalias en su actual trabajo o en un futuro.

Despidos improcedentes para la concesión de vacaciones

Pepi, es una veterana sanluqueña que se llevó 25 años trabajando en la misma empresa gaditana dedicada a la producción de dulces y que, además, cuenta con una cadena de cafeterías por toda la comunidad autónoma. Cuando empezó estaba sin asegurar, pero no se sorprendía “casi todo el mundo estaba así”. Siguió trabajando con ellos, aceptaba las condiciones porque a su alrededor los demás establecimientos eran parecidas. Fue subiendo de rango con los años, en los últimos en los que trabajó allí le ascendieron a encargada y, entonces, cobraba cinco euros la hora: “Estábamos asegurados entre cuatro o seis horas y echábamos 60 horas a la semana. A veces, ni nos aseguraban”.

Pepi: "Me sentí que después de 25 años no habían valorado mi trabajo"

No podía más y lo dejó. Tras tantos años en el mismo sitio, rotando entre las diferentes cafeterías de la empresa, le destinaron de nuevo a otra diferente en el centro de Sanlúcar. Allí, aunque le respetaron el sueldo, le quitaron el puesto de encargada: “Me fui porque dejaron de respetar mis condiciones. Me sentí que después de 25 años no habían valorado mi trabajo. Entré como si fuese una niña nueva. Siempre había alguien por encima de ti que te humillaba porque tenía miedo a que le quitases las horas de trabajo”.

“Me dijeron que me habían hecho un contrato indefinido y cuando miré al día siguiente la vida laboral me había hecho de nuevo un contrato de seis horas sin yo haber firmado nada. No es que no quieras trabajar, es que las condiciones no son dignas”, cuenta Pepi. “Para darte de vacaciones te daban de baja y te decían que dentro de un mes volvías a entrar. Una de esas veces, cuando volví a trabajar, me dijeron que iban a asegurarme. Entonces vino un inspector mientras estaba en el local. Me dijo que no estaba asegurada y que, como seguía cobrando el paro, me ponían una multa de 9.000 euros”. Cuando la despedían, aseguraban que volvía a entrar después de esos 30 días. Sin embargo, tenía miedo: “Si ellos querían no me volvían a contratar y ya”. Harta de esa situación denunció a la empresa por despido improcedente y ha ganado el juicio.

Maltrato psicológico en los restaurantes

S.S, una joven camarera de Cazorla que no ha querido dar más datos que la identifiquen por miedo a las represalias de su jefe, cree que la situación es indignante. “Yo empecé a trabajar en Teruel y los compañeros me cuentan auténticas salvajadas, pero en Andalucía la situación es peor”.  Aquí hay maltrato laboral, jornadas interminables y contratos basura.”, cuenta. Afirma que la explotación en la hostelería es un secreto a voces y que “cuando vienen los inspectores hacen la vista gorda”: “Ningún restaurante puede funcionar con solo una persona en la cocina trabajando cuatro horas como pone en su contrato. Yo me he cruzado con inspectores laborales, les he dicho que trabaja cuatro horas y que estaba sola en la cocina ¿y aun así no se dan cuenta?”.

S.S: "Estamos cansados, hasta se te quitan las ganas de reír, de vivir

“No denuncias por miedo, porque vives de eso”, confiesa la joven. “Es muy duro que te digan que, si no son buenas las condiciones, no cojamos el trabajo, pero no tenemos otra. Siempre dicen lo mismo, cuando a mí me vaya mejor entonces cobrarás más. Si tu empresa no es rentable ¿qué culpa tenemos los trabajadores?”, exclama. Cree que es normal que no haya profesionales: “Si la gente prefiere quedarse en casa es porque no siempre hay que estar aguantando el ‘es lo que hay’. Estamos cansados, hasta se te quitan las ganas de reír, de vivir”.

He tenido depresión por trabajar en un sitio que, aparte de tener malas condiciones laborales, me hacían maltrato psicológico. Me tenían asegurada dos horas. Yo era la encargada de atender a la terraza de 15 mesas y, además, de fregar los platos. Los días que menos trabajaba echaba hasta 12 y 13 horas.  Cuando me quejaba, mi jefe me decía que la culpa era mía, que no era lo suficientemente buena”, se desahoga la joven.

J.I, también ha pedido anonimato, tiene miedo de lo que fuese a pasar en su lugar de trabajo. Cuenta que en el restaurante sanluqueño en el que trabaja le dan de alta “cuando quieren ellos”: “Van rotando, un fin de semana le dan de alta a uno y el siguiente le dan de alta a otros. Cuando vienen inspectores, quedamos solo los que estábamos asegurados y nos quedamos solo dos camareros”.

“Si echamos cinco horas, es decir, media jornada, cobramos 30 euros. En cambio, si la hacemos entera cobramos 50. Supuestamente son diez horas, pero siempre hacemos más y, sin embargo, lo que cobramos siempre es lo mismo. Te llaman cuando quieren, te avisan de que tienes que trabajar el mismo día y te dan el cuadrante con mucho tiempo de retraso. Tienen empleados a la carta”, se queja. 

Además, cuenta que no es solo la única forma que tienen de saltarse el convenio, ya que aun trabajando la jornada completa a la hora del almuerzo y de la cena nunca le dan de comer. El convenio de hostelería de Cádiz indica que todo trabajador que preste servicio en un establecimiento que sirvan comidas o cena “tendrá que derecho a una compensación en especias o económica correspondiente a 32,81 euros”. 

Oscar, camarero gaditano, ha tenido más buena suerte. Ahora trabaja en la empresa hotelera de Melia, pero al preguntarle por si alguna vez ha trabajado sin seguir las condiciones del convenio afirma que sí, y expresa una de las frases más escuchadas del sector en cualquier sitio: “No hay otra cosa y la hostelería es así”.  “Hay muchas quejas de que no hay trabajo, sí que lo hay, pero desgraciadamente a veces hay que aceptar malas condiciones”, expresa.  Afirma ser consciente de que muchas personas trabajan en circunstancias precarias, pero dice entender al empresario. Cuenta que siempre estuvo asegurado las 40 horas, sin embargo, “siempre se echa más de las que están en el contrato”.  “Es muy difícil que cambie esto”, se resigna.

Situación difícil para todos

Desde el otro lado, contradicen la versión de los trabajadores. “Todo eso es mentira”, exclama Antonio de María Ceballos, presidente de Horeca, la patronal de la hostelería de Cádiz. “La prueba de que esto es falso es que Adeco, una empresa que cede trabajadores cumpliendo todas las condiciones laborales, no encuentra camareros. Ellos ceden a los trabajadores cumpliendo con todos los parámetros de la ley a los empresarios y reciben una retribución por encontrarlos”.  “Es decir, al empresario le cuesta más un trabajador de Adeco que uno que contrate por su cuenta. Si Adeco no encuentra camareros ¿dónde está la historia de malas condiciones?”, exclama.

En su opinión esto no es solo un problema nacional, sino de toda Europa: “Nadie quiere trabajar en la hostelería en esas condiciones porque hay otros trabajos mejores. Ahora mismo la construcción está tirando mucho de camareros que se van a trabajar porque le pagan más. Lo de que hay unas malas condiciones es una leyenda negra, es caer en un discurso fácil”. En la actualidad,  Adecco oferta más de 400 empleos en la hostelería por toda España tras activarse en las últimas semanas la contratación en el sector de cara a la campaña de Navidad y tras el fin de las restricciones al ocio nocturno y a las limitaciones de aforos, según han informado la compañía.

El debate de la hostelería tiene tema para largo y cada versión contradice a la otra. Ahora, llega una nueva campaña de temporada alta para Navidad. Comer y beber es la costumbre más popular española. Sin embargo, si los camareros se niegan a trabajar bajo las condiciones laborales cuestionables que indican, las mesas estarán vacías. 

Sobre el autor:

Lucía Velázquez

Natural de Sanlúcar de Barrameda, estudió periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Aprendió el oficio entre las paredes de la redacción de Europa Press y luego pasó a seguir creciendo en el diario Público. Especializada en temas de feminismo, migración y fake news, cree en un periodismo comprometido con el derecho a una información veraz a través del respeto de testimonios, las fuentes y la empatía.

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