Antonio de María (Horeca): "Tengo en la mesa de noche 'Confesiones de un sindicalista', de José Manuel Trillo"

Antonio de María lleva desde 1988 como máximo dirigente de la patronal de hostelería en Cádiz, y ahora pasa por las entrevistas 'Veraneantes' de lavozdelsur.es. "Soy de menudo día de más calor"

Antonio de María, 'al pie del cañón'.
Antonio de María, 'al pie del cañón'. GERMÁN MESA

El turismo que se construyó en Cádiz

Antonio de María Ceballos (Cádiz, 1949) lleva muchas, muchas temporadas de verano, pendiente de lo que viene. De quién viene. De cuántos. De si es turismo de calidad. De quién tiene que contar a las administraciones qué hacer. De cómo mejorar cada reto. Es el presidente de Horeca, la patronal de la hostelería de Cádiz. 

Cuando empezó en esto, apenas había extranjeros. Venían, claro, y la provincia de Cádiz tiene esa nota de internacionalidad por el Estrecho, la base y Gibraltar. Pero nada era lo que es. No era la primera industria del país. El turismo es hoy la clave de la economía andaluza porque supone muchos réditos y empleos, y además modifica otros elementos del día a día como el acceso al ocio, la vivienda y hasta por tener un metro de playa. 

Llegó en el 82 a la federación y desde el 88 es presidente. Está jubilado de casi todo. Abrió con un socio chino el primer restaurante asiático de la capital. Estuvo involucrado en hostales, hoteles, comercio... Pero de Horeca no se jubila. Sigue reflexionando y proponiendo. 

Supongo que hasta que no trabajó en el sector no había visto extranjeros.

No los había visto en mi vida. Tenía idea de inglés y empecé a ver alemantes, franceses, portugueses italianos... Así era aquel Cádiz en 1963. Empecé a trabajar con 14 añitos, como botones, en el Hotel Playa, tal como lo abrían. Los directivos venían de Zaragoza, yo era un niño. Una vez, el director me pidió una combinación, y como vivía en el hotel, subí a la habitación a pedirle la prenda a su mujer. Ella llamó para preguntarle por qué el botones se la pedía. Se escuchaban las risas subiendo desde el despacho por el hotel. Era un vermú con ginebra, pero yo era la primera vez que lo escuchaba.

Cuénteme sobre aquel Cádiz.

Entonces, Astilleros estaba en todo lo alto. Se podían hacer petroleros enormes. En el muelle pesquero había 300 barcos. El Extramuros eran huertas y chalés. Luego vino la crisis, hubo una fuga de barcos pesqueros a Barbate y el comercio se lo llevó Algeciras. 

"Sin el turismo no tendríamos mejores carreteras"

Tardaría Cádiz en subirse al barco del turismo.

Con Carlos Díaz se presentó el primer plan hotelero. Le habíamos preguntado por qué en El Puerto se construían hoteles y en Cádiz no. Entonces no había dónde hospedarse apenas. Solo estaban el Regio I y el Sercotel durante muchos años. El Playa tuvo un pleito de 20 años que luego ganó pero estuvo mucho tiempo cerrado. El Atlántico, desde 1929, ha pasado por tres propiedades.

Y en la actualidad es un referente con toda la provincia.

Siempre he dicho que mientras la economía de la provincia se iba abajo, el turismo iba para arriba. Empezó a desaparecer la agricultura, hubo crisis en la construcción naval, la pesca, el vino... A la vez, llegó el turismo y nos ha permitido tener mejores carreteras y un aeropuerto más grande. Con Alfonso Perales en Diputación se hizo un estudio de las potencialidades de la provincia. Así es como hablamos del Circuito actual, por ejemplo. A raíz de ello llega la Fórmula 1. Se construyen en Jerez los hoteles en la Avenida, y el propietario de Sherry Park acaba comprando los terrenos para el Novo. Hasta entonces, Cádiz era turismo vacacional. Pasamos de 8.500 camas turísticas a las 50.000. La construcción de hoteles trajo riqueza. Hubo un momento en que no había ni ladrillos, eso llenó de dinero a través del IBI y las licencias de construcción las arcas municipales. Y era una inversión que generaba trabajo, desde el cristalero hasta el fontanero o el mantenimiento de piscina. Por eso es una locomotora. 

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Antonio de María, para la entrevista.    GERMÁN MESA

Todo en un contexto de crisis actual para otros sectores.

El turismo es una industria blanca, porque todo es industria. Una plaza con una fuente es parte de la industria del turismo. La historia, la cultura, la movilidad... Hasta un ciudadano en sí es banco del turismo. Cádiz es la panacea por su gastronomía, por todo... De no ser por el turismo, no habría crecido la acuicultura. Un socio mío tradujo del chino cómo criar esos alevines, para cultivar langostino, y se lo llevó a la Junta. Hoy se exporta y se consume en la hostelería.

"La hostelería no es un negocio, es vocación"

Se habla mucho de la calidad del empleo en el turismo. 

Casi todos los propietarios de la hostelería han sido trabajadores del sector, que pedían préstamos, en su día al 18% de interés, que era lo que se pagaba. Muchos grandes de Cádiz empezaron como chicucos. La hostelería no es un negocio, es vocación. Se dice que está malpagado, pero el actual convenio está en 1.500 euros al mes con tres pagas para un contrato de 40 horas. Eso es lo mínimo. Y si se paga menos, que se denuncie, porque es competencia desleal. Se puede denunciar anónimamente, hay inspecciones, controles... En mi época no había contratos porque los mínimos se firmaban para seis meses y las temporadas duraban tres. Hoy no es así. Hay que cumplir las reglas, y quien no lo haga, que vengan si hace falta a mí y me cuenten, y yo lo corregiré. Que me digan tal restaurante, tal pensión. Pero es una leyenda negra. Antes se cobraba al porcentaje. Se repartía el 15% de lo que se generaba por un sistema de puntos según la categoría del trabajador. Eso ha cambiado.

¿Dónde se va de vacaciones el presidente de Horeca?

Las cogí cuando trabajé por cuenta ajena. La última vez, en 1971. Desde entonces, me he ido ratos, una semana a lo mejor, a salto de mata. Aprovechaba viajes internacionales para llegar unos días antes, y eso eran mis vacaciones. Lo hice por ejemplo en Fitur, me iba por mi cuenta y conocía Madrid. Desde que estoy jubilado, me voy a la Caleta. Fíjate que la gente viene buscando esto. No lo valoramos. Yo ya tengo aquí lo que otros vienen buscando. Y se come bien por 8 o 10 euros.

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El presidente de Horeca, Antonio de María.   GERMÁN MESA

Un platito de verano.

El menudo. Desde chico. Mi madre lo hacía el día de más calor. Todavía no hemos tenido calor de verdad, pero espero no quedarme sin menudo.

Un lugar para perderse.

En Cádiz estoy ya perdío. Voy buscando las casas viejas, paseo mucho. Hemos llegado a buscarla hasta en Puntales. En Cádiz te pierdes por cualquier barrios, ves esas losas de Tarifa, y me pierdo en la tranquilidad de estar en casa. Además, animo a quien por dinero no se vaya fuera a que coja un tren de Cádiz a El Puerto, por ejemplo, o viceversa. Normalmente, quien nace en un pueblo, lo desconoce. Tienes hoy en la provincia 45 viajes diferentes, uno por cada municipio. Habrá gente de Jerez que no haya ido al Zoológico. O gaditanos que no hayan entrado en la Catedral. Puedes jugar al golf, montar a caballo, alquilar un pequeño barco... Eso antes era cosa de la élite, pero con la eclosión turística, está a la mano de más personas.

Puesta de sol o ver amanecer. 

El amanecer en Cádiz no existe. El más bonito que vi nunca es el del Canal de Suez. Se tiran al suelo a adorar a Ra. Se ve enorme. Y la puesta de sol, en La Caleta.

Un libro para el verano. 

Tengo varios. Uno, de Luis Vigil glosando el verano, que me encantó. Y tengo en la mesilla de noche Confesiones de un sindicalista, de José Manuel Trillo. Es historia del sindicalismo, y por tanto, del mundo empresarial. Otro que tengo, Nuestra querida piedra ostionera, de José María Esteban González, que empieza con el Cádiz del principio de los tiempos.

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