Lunes de SMI y de CIS, lunes de siglas, de acuerdos económicos y de barómetro electoral. El presidente Pedro Sánchez ha querido arrogarse el protagonismo de la firma de la subida del Salario Mínimo Interprofesional un 3,1%, hasta los 1.221 euros mensuales (en catorce pagas) en un acto al que, dicen, no estaba prevista su presencia. Incluso, Sánchez ha firmado el acuerdo con los líderes de CCOO y UGT, Unai Sordo y Pepe Álvarez, respectivamente, una presencia que eclipsó a la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, en el acto de firma de un acuerdo que ella trabaja personalmente desde que es ministra de Trabajo.
Sánchez ha aprovechado el acto para cargar duramente contra la patronal que, un año más, no ha firmado este acuerdo. Sánchez tenía hasta ahora por costumbre no acudir a la firma de acuerdo de carácter socioeconómico que no estuviesen bajo el paraguas de todo el diálogo social, es decir, sindicatos y patronales. El último al que acudió fue al de la reforma de las pensiones, en septiembre de 2024. Hay que remontarse otros cuatro años, a 2020, para ver al presidente en otro acuerdo de este tipo, precisamente la subida del SMI, ese año también con la presencia de la patronal.
Es evidente que la presencia de Sánchez este lunes en la firma del nuevo SMI tiene una fuerte componente política, ya que ha tenido un mensaje duro para la patronal, mucho más allá de la simbología. "La patronal ha decidido no estar aquí, es la que ha decidido borrarse de este acuerdo. No es admisible que en una época de bonanza económica se mire con lupa el salario de los que cobran el mínimo mientras hay beneficios millonarios", dijo, para afirmar a continuación que "cuando toca apretarse el cinturón nos lo apretamos todos, y cuando toca repartir, lo hacemos todos. Que nadie nos diga que no podemos subir los salarios cuando los beneficios crecen", concluyó.
La CEOE, por su parte, estima que el cálculo de los expertos del Gobierno es erróneo de partida y contrapuso la subida de 1.782 millones que deben afrontar "autónomos, pequeños empresarios y agricultores" con los 33.000 millones de euros que estima que se van por el sumidero debido a la mala gestión de las bajas, "una sangría que el Gobierno no pone medios para atajarla".
Los pronósticos del CIS
Pero este lunes ha sido también la presentación de los datos del barómetro electoral del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El CIS de José Félix Tezanos ha vuelto a hacerlo: de celebrarse en estos momentos una elecciones generales, el PSOE no solo ganaría, sino que lo haría por cerca de 10 puntos al PP (32,6% frente a 22,9%); además recoge una nueva subida para Vox, que se va al 18,9% de los votos. El CIS, que depende del Ministerio de Presidencia, es el único barómetro que ofrece una victoria del PSOE, lo hace oleada tras oleada y siempre con un resultado concluyente. Estos pronósticos, además, chocan con la realidad sobre la fortaleza del PSOE en los comicios de Extremadura y Aragón y tampoco reflejan mella alguna en el Gobierno por asuntos como el accidente ferroviario de Adamuz o la caída de la Alta Velocidad... en línea con oleadas anteriores, que tampoco 'recogieron' los casos de corrupción destapados los últimos meses.
Digamos que medios que pueden considerarse afines a los socialistas, caso de El País, dan habitualmente en sus sondeos la victoria al PP, aunque sea de forma más ajustada. En la encuesta que este diario presentó el pasado mes de septiembre, recogió una intención de voto para el PP del 30,7%, tres puntos por encima del PSOE, que se quedaría en el 27,7%. Eso sí, la ascensión de Vox al 17,4% (estamos hablando de hace cinco meses) está en línea con el 19%, números redondos, que se prevén ahora para la formación de ultraderecha, con una subida del 1,2%, respecto a la anterior oleada del CIS, a mediados de enero, donde obtenía un 17,7%.


