"No lo viste venir. Pero tenía todo el sentido". Ese es el eslogan, sin duda acertado, del whisky Carlos I. Sí, sí, de Carlos I... pero el whisky, no el brandy de Jerez. Así es. Más que una curiosidad. El Grupo Osborne sacó al mercado a comienzos de verano la marca Carlos I Single Malt Whisky, un lanzamiento que ha pasado un tanto desapercibido en tanto en cuanto se trata de una serie muy limitada y con la que se quiere trabajar haciendo las cosas despacio, por eso no ha habido grandes campañas promocionales ni nada parecido. Se han hecho algunas catas, exhibiciones, sí, y el producto está disponible en tiendas especializadas (no obstante sale a un precio de gama alta, más de 35 euros en tienda), pero poco más de cara al gran público.
Ahora, una vez pasado el verano, es cuando el Grupo está evaluando cómo han ido las cosas, cómo ha reaccionado el consumidor especializado al que se han dirigido y qué futuro se abre –que todo indica que es positivo– para esta nueva marca de whisky elaborado en El Puerto de Santa María.
Osborne lo resume perfectamente al referirse al whisky Carlos I como "el primer single malt con el carácter del brandy de Jerez y la complejidad de los VORS sherry cask" de la propia casa.
La nota de cata del espirituso habla de "elegantes aromas de ciruelas pasas, fruta confitada, chocolate y especias, culminando en unas sofisticadas notas de pastelería y maderas nobles, brindándonos un viaje sensorial e inigualable a la región de Jerez".
Desde Osborne se afirma que "tradicionalmente conocida por su icónico brandy de Jerez, la marca Carlos I expande su legado fusionando la pureza de la marca con el alma del Marco de Jerez mediante un exclusivo proceso de envejecimiento en sherry cask". Así es. Carlos I fue, sigue siendo, un nombre clásico del Marco, una de las 14 marcas con las que se quedó Osborne después del troceado que la multinacional francesa Pernod Ricard llevó a cabo en Pedro Domecq. Era 2008 cuando cuando los brandies Carlos I, Carlos III y Felipe II tomaron camino de El Puerto, al igual que la prestigiosa gama de vinos VORS (más de 30 años de antigüedad) de Domecq: Amontillado 51-1ª, Oloroso Sibarita, Palo Cortado Capuchino y PX Venerable.
Proceso de elaboración y crianza
Pero volvamos propiamente al whisky Carlos I, a su proceso de elaboración y crianza. Lo primero que hay que destacar es la selección de la malta "que aporta un valor diferencial a nuestro producto, permitiéndonos reflejar las particularidades del suelo, el clima y la tradición agrícola de origen. Cada grano encierra su propia historia y esencia, contribuyendo a la autenticidad y calidad de nuestro whisky", se afirma desde Osborne. Dicha selección da paso a un método artesanal de doble destilación en almabiques de cobre.
A continuación tiene una primera etapa de maduración, en la que envejece de forma estática durante 4 años en botas de roble que previamente han contenido –claro, no podía ser de otra forma– brandy de Jerez Carlos I Solera Gran Reserva... las cuales a su vez contuvieron vinos oloroso y amontillado de Osborne: el envejecimiento de este whisky no deja de ser una especie de juego de muñecas rusas... todavía a la espera de que se produzca lo que la casa portuense llama su afinado final, que consiste en dos años en los que el whisky –hay que insistir, el whisky– sigue envejeciendo, ahora mediante el sistema dinámico de criaderas y solera en botas que custodiaron reliquias de la casa como Amontillado 51-1ª y Oloroso Sibarita.
En palabras de Marcos Alguacil, master blender y enólogo, responsable técnico de esta iniciativa de Osborne, "cada bota cuenta una historia. Al envejecer nuestro destilado primero en en botas de brandy Carlos y después en las exclusivas botas VORS de Osborne, este whisky ofrece una experiencia de cata única, reflejo de generaciones de maestría y tradición en Jerez".
"No lo viste venir. Pero tenía todo el sentido". Ese es el eslogan, sin duda acertado, del whisky Carlos I. Sí, sí, de Carlos I... pero el whisky, no el brandy de Jerez. Así es. Más que una curiosidad. El Grupo Osborne sacó al mercado a comienzos de verano la marca Carlos I Single Malt Whisky, un lanzamiento que ha pasado un tanto desapercibido en tanto en cuanto se trata de una serie muy limitada y con la que se quiere trabajar haciendo las cosas despacio, por eso no ha habido grandes campañas promocionales ni nada parecido. Se han hecho algunas catas, exhibiciones, sí, y el producto está disponible en tiendas especializadas (no obstante sale a un precio de gama alta, más de 35 euros en tienda), pero poco más de cara al gran público.
Ahora, una vez pasado el verano, es cuando el Grupo está evaluando cómo han ido las cosas, cómo ha reaccionado el consumidor especializado al que se han dirigido y qué futuro se abre –que todo indica que es positivo– para esta nueva marca de whisky elaborado en El Puerto de Santa María.
Osborne lo resume perfectamente al referirse al whisky Carlos I como "el primer single malt con el carácter del brandy de Jerez y la complejidad de los VORS sherry cask" de la propia casa.
La nota de cata del espirituso habla de "elegantes aromas de ciruelas pasas, fruta confitada, chocolate y especias, culminando en unas sofisticadas notas de pastelería y maderas nobles, brindándonos un viaje sensorial e inigualable a la región de Jerez".
Desde Osborne se afirma que "tradicionalmente conocida por su icónico brandy de Jerez, la marca Carlos I expande su legado fusionando la pureza de la marca con el alma del Marco de Jerez mediante un exclusivo proceso de envejecimiento en sherry cask". Así es. Carlos I fue, sigue siendo, un nombre clásico del Marco, una de las 14 marcas con las que se quedó Osborne después del troceado que la multinacional francesa Pernod Ricard llevó a cabo en Pedro Domecq. Era 2008 cuando cuando los brandies Carlos I, Carlos III y Felipe II tomaron camino de El Puerto, al igual que la prestigiosa gama de vinos VORS (más de 30 años de antigüedad) de Domecq: Amontillado 51-1ª, Oloroso Sibarita, Palo Cortado Capuchino y PX Venerable.
Proceso de elaboración y crianza
Pero volvamos propiamente al whisky Carlos I, a su proceso de elaboración y crianza. Lo primero que hay que destacar es la selección de la malta "que aporta un valor diferencial a nuestro producto, permitiéndonos reflejar las particularidades del suelo, el clima y la tradición agrícola de origen. Cada grano encierra su propia historia y esencia, contribuyendo a la autenticidad y calidad de nuestro whisky", se afirma desde Osborne. Dicha selección da paso a un método artesanal de doble destilación en almabiques de cobre.
A continuación tiene una primera etapa de maduración, en la que envejece de forma estática durante 4 años en botas de roble que previamente han contenido –claro, no podía ser de otra forma– brandy de Jerez Carlos I Solera Gran Reserva... las cuales a su vez contuvieron vinos oloroso y amontillado de Osborne: el envejecimiento de este whisky no deja de ser una especie de juego de muñecas rusas... todavía a la espera de que se produzca lo que la casa portuense llama su afinado final, que consiste en dos años en los que el whisky –hay que insistir, el whisky– sigue envejeciendo, ahora mediante el sistema dinámico de criaderas y solera en botas que custodiaron reliquias de la casa como Amontillado 51-1ª y Oloroso Sibarita.
En palabras de Marcos Alguacil, master blender y enólogo, responsable técnico de esta iniciativa de Osborne, "cada bota cuenta una historia. Al envejecer nuestro destilado primero en en botas de brandy Carlos y después en las exclusivas botas VORS de Osborne, este whisky ofrece una experiencia de cata única, reflejo de generaciones de maestría y tradición en Jerez".
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