'Domecq obliga'... si hablamos de vino de Jerez (y de Tierra de Cádiz)

El lema, inspirado en el francés 'Noblesse oblige', es aplicable a los tres negocios bodegueros (Serdio, Álvaro Domecq y Miguel Domecq) en los que, en la actualidad, se hayan inmersas distintas ramas de la familia

Parte de Bodegas Serdio, con su enólogo José María Quirós, al fondo.
09 de enero de 2026 a las 21:02h
Actualizado a 11 de enero de 2026 a las 08:45h

'Noblesse oblige' (nobleza obliga) dice un viejo aforismo francés, atribuido al escritor Gaston de Lévis (1808). 'Domecq obliga', dice la adaptación que la familia, de origen francés, pero afincada en Jerez desde el siglo XVIII, acuñó con el tiempo. ¿Pero cual es esa 'obligación' exactamente? ¿A actuar de manera honorable, a la altura de lo que cabía esperar antaño de alguien de 'buena cuna'?

Pues sí, claro, pero en el caso de la familia Domecq, ellos sienten que el toro, el caballo y el vino, por supuesto, el vino, son una especie de obligación para ellos; negocio, por supuesto, pero también algo similar a una pasión, tres mundos distintos entre sí, sobre todo el del vino, que ellos interrelacionan desde siempre en Jerez, probablemente con la segunda mitad del siglo XX como su momento álgido. Pedro Domecq, la gran bodega, lo fue todo en el Marco de Jerez y en la vitivinicultura española, pero se vendió a mediados de los 90 del siglo pasado y hoy hay tres bodegas en Jerez (Álvaro Domecq, Miguel Domecq y Serdio) en las que el apellido Domecq es, más que carta de presentación –y perdón por el juego de palabras con una familia tan vinculada también al toro–, auténtica divisa.

Vista de una de las naves de Bodegas Serdio.  JUAN CARLOS TORO

Hasta su venta a mediados de los 90, la familia estaba en Pedro Domecq; en la actualidad hay tres bodegas mucho más pequeñas

 Si se habla con algún interlocutor de Bodegas Serdio, la última bodega en presentarse en el Marco de Jerez, te dejan claro que se trata de un proyecto de la familia Serdio Domecq. Claro, Serdio Domecq no es una de las ramas familiares que habitualmente aparecen en prensa, bien por temas de sociedad, bien económicos. Serdio, un apellido gaditano y jerezano, con 'querencia' también a Sevilla y Sanlúcar, y Domecq, sobre el que poco hay que añadir. ¿Un punto de misterio? En realidad, no, en estos tiempos está todo internet, pero es evidente que la propiedad de la empresa, por estrategia, por ahora no quiere mayor promoción. Y el caso es que se trata de un proyecto de entidad, en el que el vino, como es habitual en los tiempos que corren, comparte el protagonismo con otro tipo de atracciones turísticas, en su caso un espectacular museo de enganches y distintos bronces vinculados al toro y el caballo, todo ello entre la calle Muro y la plaza de la Merced.

Con el tiempo habrá también una nave bodeguera específica para celebraciones y eventos –a ver, hoy en día también se pueden celebrar 'haciendo sitio'– e incluso un hotel en las cercanías, con actividad propia, aunque con evidente vinculación al proyecto enoturístico. Toda una apuesta de la familia Serdio Domecq, de la que no desvelamos ni nombres de pila ni otros apellidos, atentos a la discreción solicitada.

En el recuerdo: el periodista Fernando Ónega, entregando a Álvaro Domecq la distinción de Embajador de la Provincia de Cádiz.

Álvaro Domecq S.L. fue la concreción de volver al negocio bodeguero a finales de la década de los 90 del siglo pasado por parte de la familia. Pedro Domecq se vende entre 1994 y 1995 a la multinacional británica Allied Lyons, desde entonces Allied Domecq, momento en el que nos encontramos con que decenas de miembros de la familia Domecq que eran propietarios están fuera del negocio bodeguero... eso sí, con un importante dinero procedente de la venta de las acciones. Varias ramas de la familia deciden volver al negocio –ya saben, Domecq obliga– y lo hacen finalmente en 1998, con la adquisición de las Bodegas Pilar Aranda, una modesta bodega de almacenado con fama de tener muy buenos vinos, eso sí.

La familia decidió que Álvaro Domecq Romero, que se significó como el principal promotor –persona muy conocida, al fin y al cabo– diera nombre a la nueva empresa y fuera su presidente. A su lado siempre estuvo Huberto Domecq Ybarra como principal colaborador, que se refirió en lavozdelsur.es a su primo segundo Álvaro como "mi socio, mi hermano". La bodega se posiciona en un segmento medio alto, pero tras casi una década no le 'da' para seguir adelante en solitario. Es el momento de Terraselecta (Inveravante, de la familia Jove), que se convierte en el accionista de referencia de la casa, aunque los Domecq se mantienen en el accionariado y, de hecho, Álvaro Domecq fue el presidente hasta su fallecimiento, hace una semanas. En la presidencia le ha sustituido el propio Huberto, que ha mostrado a este medio su "obsesión" porque "el vino de Jerez valga lo que tiene que valer" y ha calificado a los vinos de Jerez como "los mejores blancos del mundo". Huberto Domecq saluda la llegada de Serdio al sector.

Salón con buena parte de la gama de la bodega Miguel Domecq, en Torrecera. JUAN CARLOS TORO

Y, por supuesto, hay que hablar también de la bodega Miguel Domecq, que en su leyenda deja claro que, a comienzos del siglo XXI, cuando se fundó, recoge una tradición familiar que proviene ni más ni menos que de 1730. Miguel Domecq Solís, su promotor y presidente, fue ejecutivo de Pedro Domecq durante unos treinta años, así que conoció y vivió en primera persona buenos tiempos para el vino de Jerez. Sin embargo, su proyecto –con bodega y viñedos radicados en las inmediaciones de Torrecera, una localidad del municipio de Jerez situada al sureste de la ciudad– se ha centrado en la elaboración de vinos tranquilos y espumosos, vinos de la Tierra de Cádiz, con la gama Entrechuelos con su auténtico buque insignia. Es curioso el rumbo y la especialización adoptado por Miguel Domecq, en Jerez, por completo al margen de los vinos de la denominación de origen (D.O.) Jerez-Xérès-Sherry. Blancos, tintos, rosados, incluso espumosos... en realidad Miguel Domecq intenta recuperar vinos que ya se elaboraban de manera similar en los siglos XVIII y XIX, eso sí, sumando varietales de reconocimiento internacional como la chardonnay.

Se trata, en definitiva, de tres experiencias muy distintas las que se viven hoy bajo el apellido Domecq: Álvaro Domecq es una bodega de Jerez clásica, que no renuncia a los eventos pero en la que todo gira alrededor del vino; Serdio también, pero con una componente museística fundamental en la concepción y desarrollo del proyecto y, por último, Miguel Domecq es un proyecto totalmente distinto, una bodega centrada en los vinos de la Tierra de Cádiz, al margen de los vinos acogidos por la D.O. Ya saben: Domecq obliga...

Sobre el autor

Carlos Piedras

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