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De lejos y, a la vez, demasiado cerca: las vidas detrás del peligroso incendio de Niebla que ya ha arrasado 4000 hectáreas

Más de 70 vecinos en alejamiento preventivo, casi 300 efectivos de INFOCA y la UME desplegados y un viento que no da tregua: así se vive desde dentro el incendio de Niebla.

A primera hora de la mañana, la ceniza seguía sobre los coches. Había recorrido kilómetros empujada por el viento, alejándose del incendio de Niebla hasta depositarse sobre vehículos y calles como una evidencia silenciosa de lo que estaba sucediendo no demasiado lejos. Desde distintos puntos de Huelva, la columna de humo permitía intuir la dimensión del fuego. Incluso desde Portugal se han percatado de la magnitud de las llamas en su país vecino. Para quienes estaban más cerca, sin embargo, hacía tiempo que no era necesario mirar al horizonte. Allí el incendio se mide de otra manera: en las casas que algunos vecinos han tenido que abandonar, en las pertenencias que otros trataron de retirar cuando las llamas comenzaron a acercarse, en quienes conocen caminos y fincas y han terminado orientando sobre el terreno a profesionales llegados desde otros lugares, en los efectivos que acumulan horas de trabajo y también en los sanitarios que continúan atendiendo las emergencias habituales mientras permanecen pendientes de una llamada que, en cualquier momento, podría cambiarlo todo.

Una de esas esperas se vivió dentro de una ambulancia. Los sanitarios que prestaban servicio en la zona habían seguido el incendio durante toda la jornada, sin formar parte del operativo de extinción ni haber sido movilizados para intervenir directamente en él. Su cometido continuaba siendo el de cualquier guardia: atender las necesidades sanitarias de una demarcación que incluye Niebla y a sus vecinos. Pero aquella no era una guardia cualquiera. Desde la ambulancia podían ver qué estaba ocurriendo. Allí divisaron las llamas.

"El cielo estaba negro", recuerda una de las profesionales. El incendio estaba lejos y, al mismo tiempo, demasiado cerca. "Estábamos muy asustados porque esperábamos que en cualquier momento nos llamasen. Pensábamos: aquí pasa cualquier cosa", cuenta.

La llamada finalmente no llegó para ellos. Continuaron realizando su servicio ordinario, pero el fuego permaneció presente durante toda la jornada, apareciendo una y otra vez en el horizonte mientras las noticias circulaban entre compañeros, vecinos y personas que llegaban desde Niebla. "Lo vimos muchas veces a lo largo del día, de lejos y, a la vez, cerca", resume la sanitaria, en una frase que condensa dos días en los que la percepción de la emergencia ha ido cambiando al mismo tiempo que lo hacía el viento.

  • Así se veía el sol entre la nube de humo del incendio de Niebla.
  • -

Cuando cambió el viento

Quienes se encontraban en la zona describen un momento especialmente inquietante: aquel en el que cambió la dirección del viento y también cambió el aspecto del incendio. Fue entonces cuando el miedo se hizo más concreto. "Aquello daba miedo", relata uno de los testimonios recabados para este reportaje. La enorme columna de humo que podía contemplarse desde kilómetros de distancia comenzó a desplazarse y, según explican los vecinos, durante un tiempo el humo pareció difuminarse desde el lugar en el que ellos se encontraban. La sensación de alivio, sin embargo, resultó engañosa: las llamas seguían allí.

Mientras tanto, la emergencia había comenzado a alterar la vida cotidiana de quienes viven en el entorno. No se trata de grandes núcleos de población, sino de pequeños asentamientos y viviendas diseminadas. Los desalojos —oficialmente denominados alejamientos preventivos— se fueron produciendo a medida que evolucionaba el incendio.

Este sábado, Antonio Sanz, consejero de Sanidad, Presidencia y Emergencias y director del Plan INFOCA, informaba de que 70 personas permanecían en alejamiento preventivo. El mismo balance permite comprender la magnitud que había adquirido el dispositivo: 10 medios aéreos, 215 efectivos y 79 vehículos, a los que se habían sumado 60 efectivos y 15 vehículos de la Unidad Militar de Emergencias. En total, cerca de 300 profesionales solamente entre los efectivos contabilizados por INFOCA y la UME. "Muchas gracias a todos por el gran trabajo y profesionalidad, y a los vecinos por su comportamiento ejemplar", explicaba Sanz en su actualización sobre la emergencia.

Las cifras oficiales sirven para dimensionar el incendio, pero detrás de cada cifra hay alguien. A medida que el dispositivo ha ido creciendo, hasta la zona han llegado profesionales procedentes de otros puntos, acostumbrados a combatir incendios forestales pero obligados a desenvolverse sobre un territorio que no conocen como quienes llevan años viviendo o trabajando en él. Ahí aparece una de las historias menos visibles de estos días. "Se estaban dejando guiar un poco por los que conocen la zona", explica una de las fuentes consultadas, a partir de lo que le había contado un compañero que había estado ayudando en casa de un amigo, cuya vivienda se encontraba precisamente en una de las áreas próximas a aquellas por las que había comenzado a avanzar el incendio. "Estuvo el primer día ayudando a quitar chismes", relata otro de los testimonios, con la sencillez de las cosas que se dicen cuando no hay tiempo para construir grandes discursos: quitar chismes, salvar lo que se pueda, salir y esperar.

  • La gran nube de humo que ha alertado a toda la provincia de huelva por su magnitud.
  • -

La colaboración de quienes conocen la zona adquiere otra dimensión cuando empiezan a incorporarse efectivos procedentes de fuera. El profesional conoce el comportamiento del incendio, los procedimientos de extinción y los riesgos de trabajar ante un fuego forestal; el vecino sabe dónde termina un camino, por dónde se llega a una finca o qué acceso puede resultar más útil. Son dos formas diferentes de conocimiento que terminan encontrándose cuando todo alrededor se vuelve extraordinario: ellos conocen el fuego, los vecinos conocen el monte.

Hablar de 215 efectivos, 79 vehículos, diez aeronaves, 60 militares y otros 15 vehículos puede transmitir la impresión de una maquinaria gigantesca desplegada contra el incendio. Y lo es, pero es una maquinaria hecha de personas. El propio dispositivo INFOCA tiene detrás una estructura en la que trabajan bomberos forestales, técnicos, agentes de Medio Ambiente, conductores y especialistas, junto a medios aéreos y unidades destinadas al análisis, meteorología, transmisiones y asistencia médica. La documentación oficial de la Junta muestra hasta qué punto una gran emergencia forestal necesita mucho más que personas enfrentándose directamente a una llama: requiere coordinación, logística, análisis, comunicaciones, transporte y asistencia sanitaria. A ellos se han incorporado en Niebla los militares de la UME, y alrededor permanece toda una red de profesionales cuya intervención puede hacerse necesaria en cualquier momento.

Los sanitarios son un buen ejemplo. Ellos no han intervenido directamente en el incendio, no han acudido al frente ni han formado parte del dispositivo de extinción. Simplemente estaban allí, realizando su trabajo habitual y preparados para responder si eran necesarios. Precisamente por eso su relato resulta significativo, porque cuenta cómo se vive una gran emergencia desde esa segunda línea invisible donde también existe tensión. "Nosotros estamos de servicios sanitarios normales", explica. Su zona de cobertura incluye Niebla, lo que significa que mientras cientos de personas trabajan contra las llamas, la vida ordinaria no se detiene: siguen ocurriendo accidentes, enfermedades y llamadas que atender. Durante esas horas, incluso atendieron a un joven que acudió por un problema de salud de su pareja y que llevaba en el vehículo material relacionado con bombas de agua, una pequeña coincidencia que resume hasta qué punto el incendio había terminado infiltrándose en la cotidianeidad del territorio.

La espera tiene su propia forma de cansancio. Para los vecinos alejados de sus viviendas es esperar noticias sobre el fuego y saber cuándo podrán regresar. Para quienes tienen familiares o amigos en zonas afectadas es esperar una llamada que confirme que todo continúa bien. Para los sanitarios es esperar que el teléfono no suene por una emergencia relacionada con el incendio. Y para quienes combaten directamente las llamas, esperar que el viento conceda una oportunidad. "Cuando cambiaron los vientos se volvió a descontrolar otra vez por completo", relata otro testigo, describiendo la percepción que tuvieron desde fuera del dispositivo. No es una valoración técnica ni pretende serlo: es la manera en que quienes contemplaban el incendio percibieron su transformación. Las decisiones operativas corresponden al Puesto de Mando y a los responsables del Plan; los vecinos y trabajadores de la zona solo podían mirar el cielo y comprobar que algo estaba cambiando. Y cambió.

Ceniza sobre los coches

A kilómetros del incendio, durante la mañana siguiente, quedaba otra prueba. Los coches estaban cubiertos de ceniza. "Mi coche está lleno de pavesas", cuenta uno de los testimonios. La ceniza había conseguido hacer lo que las llamas no podían: llevar el incendio hasta quienes estaban lejos de él. Es difícil encontrar una imagen que explique mejor lo sucedido durante estas horas, porque el fuego tiene un perímetro y las consecuencias humanas no siempre.

  • La ceniza del incendio de Niebla sobre uno de los coches de una vecina.
  • -

Hay profesionales que se acercan voluntariamente a ese perímetro porque su trabajo consiste precisamente en combatirlo. Hay militares que se desplazan cuando la emergencia exige su intervención. Hay técnicos que observan mapas y estudian la evolución del incendio. Hay sanitarios que permanecen preparados. Hay vecinos que conocen cada curva de los caminos. Y hay personas que simplemente han tenido que marcharse de casa porque permanecer allí dejó de ser seguro. Unos entran, otros salen y muchos esperan.

Mientras tanto, sobre el terreno continúa un dispositivo que este sábado reúne a casi 300 efectivos de INFOCA y la UME, además del resto de servicios implicados en la emergencia. Las cifras pueden cambiar conforme avance la jornada, como también puede hacerlo el viento, así que este es necesariamente el relato de un momento concreto de un incendio que continúa activo. Queda mucho por saber y también mucho por contar. Pero quienes llevan estos dos días mirando hacia Niebla ya saben que la distancia es una medida engañosa cuando arde el monte.

A primera hora de la mañana, la ceniza seguía sobre los coches. Había recorrido kilómetros empujada por el viento, alejándose del incendio de Niebla hasta depositarse sobre vehículos y calles como una evidencia silenciosa de lo que estaba sucediendo no demasiado lejos. Desde distintos puntos de Huelva, la columna de humo permitía intuir la dimensión del fuego. Incluso desde Portugal se han percatado de la magnitud de las llamas en su país vecino. Para quienes estaban más cerca, sin embargo, hacía tiempo que no era necesario mirar al horizonte. Allí el incendio se mide de otra manera: en las casas que algunos vecinos han tenido que abandonar, en las pertenencias que otros trataron de retirar cuando las llamas comenzaron a acercarse, en quienes conocen caminos y fincas y han terminado orientando sobre el terreno a profesionales llegados desde otros lugares, en los efectivos que acumulan horas de trabajo y también en los sanitarios que continúan atendiendo las emergencias habituales mientras permanecen pendientes de una llamada que, en cualquier momento, podría cambiarlo todo.

Una de esas esperas se vivió dentro de una ambulancia. Los sanitarios que prestaban servicio en la zona habían seguido el incendio durante toda la jornada, sin formar parte del operativo de extinción ni haber sido movilizados para intervenir directamente en él. Su cometido continuaba siendo el de cualquier guardia: atender las necesidades sanitarias de una demarcación que incluye Niebla y a sus vecinos. Pero aquella no era una guardia cualquiera. Desde la ambulancia podían ver qué estaba ocurriendo. Allí divisaron las llamas.

"El cielo estaba negro", recuerda una de las profesionales. El incendio estaba lejos y, al mismo tiempo, demasiado cerca. "Estábamos muy asustados porque esperábamos que en cualquier momento nos llamasen. Pensábamos: aquí pasa cualquier cosa", cuenta.

La llamada finalmente no llegó para ellos. Continuaron realizando su servicio ordinario, pero el fuego permaneció presente durante toda la jornada, apareciendo una y otra vez en el horizonte mientras las noticias circulaban entre compañeros, vecinos y personas que llegaban desde Niebla. "Lo vimos muchas veces a lo largo del día, de lejos y, a la vez, cerca", resume la sanitaria, en una frase que condensa dos días en los que la percepción de la emergencia ha ido cambiando al mismo tiempo que lo hacía el viento.

  • Así se veía el sol entre la nube de humo del incendio de Niebla.
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Cuando cambió el viento

Quienes se encontraban en la zona describen un momento especialmente inquietante: aquel en el que cambió la dirección del viento y también cambió el aspecto del incendio. Fue entonces cuando el miedo se hizo más concreto. "Aquello daba miedo", relata uno de los testimonios recabados para este reportaje. La enorme columna de humo que podía contemplarse desde kilómetros de distancia comenzó a desplazarse y, según explican los vecinos, durante un tiempo el humo pareció difuminarse desde el lugar en el que ellos se encontraban. La sensación de alivio, sin embargo, resultó engañosa: las llamas seguían allí.

Mientras tanto, la emergencia había comenzado a alterar la vida cotidiana de quienes viven en el entorno. No se trata de grandes núcleos de población, sino de pequeños asentamientos y viviendas diseminadas. Los desalojos —oficialmente denominados alejamientos preventivos— se fueron produciendo a medida que evolucionaba el incendio.

Este sábado, Antonio Sanz, consejero de Sanidad, Presidencia y Emergencias y director del Plan INFOCA, informaba de que 70 personas permanecían en alejamiento preventivo. El mismo balance permite comprender la magnitud que había adquirido el dispositivo: 10 medios aéreos, 215 efectivos y 79 vehículos, a los que se habían sumado 60 efectivos y 15 vehículos de la Unidad Militar de Emergencias. En total, cerca de 300 profesionales solamente entre los efectivos contabilizados por INFOCA y la UME. "Muchas gracias a todos por el gran trabajo y profesionalidad, y a los vecinos por su comportamiento ejemplar", explicaba Sanz en su actualización sobre la emergencia.

Las cifras oficiales sirven para dimensionar el incendio, pero detrás de cada cifra hay alguien. A medida que el dispositivo ha ido creciendo, hasta la zona han llegado profesionales procedentes de otros puntos, acostumbrados a combatir incendios forestales pero obligados a desenvolverse sobre un territorio que no conocen como quienes llevan años viviendo o trabajando en él. Ahí aparece una de las historias menos visibles de estos días. "Se estaban dejando guiar un poco por los que conocen la zona", explica una de las fuentes consultadas, a partir de lo que le había contado un compañero que había estado ayudando en casa de un amigo, cuya vivienda se encontraba precisamente en una de las áreas próximas a aquellas por las que había comenzado a avanzar el incendio. "Estuvo el primer día ayudando a quitar chismes", relata otro de los testimonios, con la sencillez de las cosas que se dicen cuando no hay tiempo para construir grandes discursos: quitar chismes, salvar lo que se pueda, salir y esperar.

  • La gran nube de humo que ha alertado a toda la provincia de huelva por su magnitud.
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La colaboración de quienes conocen la zona adquiere otra dimensión cuando empiezan a incorporarse efectivos procedentes de fuera. El profesional conoce el comportamiento del incendio, los procedimientos de extinción y los riesgos de trabajar ante un fuego forestal; el vecino sabe dónde termina un camino, por dónde se llega a una finca o qué acceso puede resultar más útil. Son dos formas diferentes de conocimiento que terminan encontrándose cuando todo alrededor se vuelve extraordinario: ellos conocen el fuego, los vecinos conocen el monte.

Hablar de 215 efectivos, 79 vehículos, diez aeronaves, 60 militares y otros 15 vehículos puede transmitir la impresión de una maquinaria gigantesca desplegada contra el incendio. Y lo es, pero es una maquinaria hecha de personas. El propio dispositivo INFOCA tiene detrás una estructura en la que trabajan bomberos forestales, técnicos, agentes de Medio Ambiente, conductores y especialistas, junto a medios aéreos y unidades destinadas al análisis, meteorología, transmisiones y asistencia médica. La documentación oficial de la Junta muestra hasta qué punto una gran emergencia forestal necesita mucho más que personas enfrentándose directamente a una llama: requiere coordinación, logística, análisis, comunicaciones, transporte y asistencia sanitaria. A ellos se han incorporado en Niebla los militares de la UME, y alrededor permanece toda una red de profesionales cuya intervención puede hacerse necesaria en cualquier momento.

Los sanitarios son un buen ejemplo. Ellos no han intervenido directamente en el incendio, no han acudido al frente ni han formado parte del dispositivo de extinción. Simplemente estaban allí, realizando su trabajo habitual y preparados para responder si eran necesarios. Precisamente por eso su relato resulta significativo, porque cuenta cómo se vive una gran emergencia desde esa segunda línea invisible donde también existe tensión. "Nosotros estamos de servicios sanitarios normales", explica. Su zona de cobertura incluye Niebla, lo que significa que mientras cientos de personas trabajan contra las llamas, la vida ordinaria no se detiene: siguen ocurriendo accidentes, enfermedades y llamadas que atender. Durante esas horas, incluso atendieron a un joven que acudió por un problema de salud de su pareja y que llevaba en el vehículo material relacionado con bombas de agua, una pequeña coincidencia que resume hasta qué punto el incendio había terminado infiltrándose en la cotidianeidad del territorio.

La espera tiene su propia forma de cansancio. Para los vecinos alejados de sus viviendas es esperar noticias sobre el fuego y saber cuándo podrán regresar. Para quienes tienen familiares o amigos en zonas afectadas es esperar una llamada que confirme que todo continúa bien. Para los sanitarios es esperar que el teléfono no suene por una emergencia relacionada con el incendio. Y para quienes combaten directamente las llamas, esperar que el viento conceda una oportunidad. "Cuando cambiaron los vientos se volvió a descontrolar otra vez por completo", relata otro testigo, describiendo la percepción que tuvieron desde fuera del dispositivo. No es una valoración técnica ni pretende serlo: es la manera en que quienes contemplaban el incendio percibieron su transformación. Las decisiones operativas corresponden al Puesto de Mando y a los responsables del Plan; los vecinos y trabajadores de la zona solo podían mirar el cielo y comprobar que algo estaba cambiando. Y cambió.

Ceniza sobre los coches

A kilómetros del incendio, durante la mañana siguiente, quedaba otra prueba. Los coches estaban cubiertos de ceniza. "Mi coche está lleno de pavesas", cuenta uno de los testimonios. La ceniza había conseguido hacer lo que las llamas no podían: llevar el incendio hasta quienes estaban lejos de él. Es difícil encontrar una imagen que explique mejor lo sucedido durante estas horas, porque el fuego tiene un perímetro y las consecuencias humanas no siempre.

  • La ceniza del incendio de Niebla sobre uno de los coches de una vecina.
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Hay profesionales que se acercan voluntariamente a ese perímetro porque su trabajo consiste precisamente en combatirlo. Hay militares que se desplazan cuando la emergencia exige su intervención. Hay técnicos que observan mapas y estudian la evolución del incendio. Hay sanitarios que permanecen preparados. Hay vecinos que conocen cada curva de los caminos. Y hay personas que simplemente han tenido que marcharse de casa porque permanecer allí dejó de ser seguro. Unos entran, otros salen y muchos esperan.

Mientras tanto, sobre el terreno continúa un dispositivo que este sábado reúne a casi 300 efectivos de INFOCA y la UME, además del resto de servicios implicados en la emergencia. Las cifras pueden cambiar conforme avance la jornada, como también puede hacerlo el viento, así que este es necesariamente el relato de un momento concreto de un incendio que continúa activo. Queda mucho por saber y también mucho por contar. Pero quienes llevan estos dos días mirando hacia Niebla ya saben que la distancia es una medida engañosa cuando arde el monte.

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