Riancho se ha convertido en todo un referente en el sector desde su posición privilegiada en el corazón del barrio de La Viña.

Mantener un negocio durante más de 30 años no es tarea fácil y, mucho más, en los tiempos que corren. Y si encima está ubicado en pleno corazón del barrio de La Viña, la supervivencia es más meritoria si tenemos en cuenta las dificultades que, tradicionalmente, azotan a este emblemático enclave.

Manolo Freire lleva más de 25 años comandando un poco el timón de Riancho, en plenos callejones. Sobrino de la fundadora, Carmen Freire, recuerda que “todo nació en el año 1985 cuando se instaló el local sustituyendo a una panadería que había entonces y que iba a cerrar después de más de un siglo de existencia. Nosotros le lavamos un poco la cara, lo convertimos en confitería, obrador de pastelería, de panadería y en cafetería”.

A la de hora de establecer comparaciones, Freire considera que “hay pocos establecimientos en Cádiz con estas características. Somos un poco exclusivos. El hecho de contar con nuestro propio obrador nos diferencia mucho del resto”. Respecto a horarios admite que “la hostelería es un sector muy duro pero aquí no cerramos ningún día, desde las ocho de la mañana hasta las nueve y media de la noche cualquiera puede tomarse una tostada a la hora que quiera”.

En cuanto a la clientela confiesa que “la mayoría son personas mayores, siempre ha sido así y la cosa no va a cambiar ahora. Principalmente lo que vienen buscando es la tranquilidad que ofrece el local. Respecto al organigrama aclara que “Miguel Freire es la persona que se encarga del tema del personal. Esto es una empresa muy familiar. Mi tía Carmen se deja la vida en el trabajo. Actualmente se encuentra enferma pero ha sido el timón de esta sociedad desde las siete de la mañana hasta la una de la madrugada, sin tener en cuenta domingos ni festivos”.

Como no podía ser de otra forma, el local ha sido visitado por muchos famosos. En este sentido, Freire destaca que “principalmente han venido muchos carnavaleros, ya que el barrio se significa especialmente por la presencia de personas muy ligadas a la fiesta de Cádiz por excelencia”. En materia de productos afirma que “somos muy tradicionales pero también le damos salida a la bollería, ahora, sin ir más lejos, trabajamos mucho el tema de los molletes integrales pero siempre adptándonos a las peticiones de los clientes”.

Sobre las señas de identidad reconoce que “básicamente la amabilidad, la atención y la limpieza. Esas cualidades te las da llevar tantos años trabajando en un negocio muy familiar. Experiencia nos sobra en ese campo”, admite. La crisis tampoco ha sido ajena a este local aunque matiza que “no nos podemos quejar. En los momentos actuales nos mantenemos que ya es mucho. Desde que estallaron todos los problemas hemos vivido momentos mejores y peores, pero ahí seguimos. Y ojalá lo hereden nuestros hijos porque será la señal inequívoca de que el negocio sigue funcionando”.  

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