Una escapada corta y alta cocina sin salir de Cádiz: de la costa noroeste a La Janda, pasando por la Bahía, descubriendo sensaciones y emociones: Shanghai 1968, El Arriate, La Baska, La Duquesa y Las Delicias.

Si eres fan de las escapadas cortas y de la gastronomía con mayúsculas nada mejor que darse un garbeo por la provincia de Cádiz. Rica en una distinguida oferta que prioriza desde siempre el binomio calidad-precio, lleva ya años sin desdeñar el diseño y la vanguardia culinaria en muchas de las cartas de restaurantes afamados y menos conocidos. Entre la multitud de rincones y negocios hosteleros con un buen par de fogones, elegimos esta vez cinco de ellos. No pregunten por qué. Fuimos, nos encandilaron y aquí aparecen. Entre clásicos y recién llegados, entre los que sirven comida de aquí y de allá, viajamos de la costa noroeste a La Janda, o ampliamos las miras hacia la Bahía para dejarnos caer por El Puerto y la Isla de León. Cinco sitios para chuparse los dedos y repetir, disfrutar de su buena mesa y, de remate, degustar un entorno inmejorable. 

Shanghai 1968 (Rota)

La primera escapada nos lleva hasta Rota. A la roteña avenida de San Fernando. El influjo de la Base Naval norteamericana ha tenido cosas buenas y cosas malas en todos estos años de presencia en Cádiz. Una de las buenas ha sido el poder contar en la localidad de la costa noroeste con el restaurante chino más antiguo de España que continúa abierto. Nació a finales de los 60 —como su propio nombre indica- y sus fundadores, ya fallecidos, legaron el testigo de este templo de la comida cantonesa a su hija, María Chan. Cuando uno llega al Shanghai 1968 entiende rápidamente que está lejos de entrar en un restaurante chino al uso. Diseño minimalista en su decoración, con toques zen y nada de esas diabluras de fuentes de colores y dragones imperiales, este restaurante propone en su carta platos inusuales como el pato con salsa de arándanos y un arroz exótico a los que hay necesariamente que hacerles la ola. El rollito de huevo al curry y los rollitos de primavera —a años luz de los rollitos convencionales— son ideales para abrir boca, mientras que tampoco hay que dejar pasar otras de las especialidades de la casa: la cacerolita de cerdo asado, pollo y tofu, y el solomillo en salsa de judías negras. Una carta exigente y variada que sorprenderá a los amantes de la comida asiática que, aunque solo sea por una vez, están dispuestos a sacrificar los platos tradicionales de pollo con almendras y cerdo agridulce por apuestas más auténticas. 

Venta La Duquesa (Medina Sidonia)

Con el alma de las añejas ventas andaluzas, pero reconvertida físicamente en un señor restaurante, La Duquesa en Medina tiene una filosofía basada en el producto y la tradición. Con unas amplias instalaciones, la jefa en la cocina es Miriam Rodríguez Prieto, hija de los propietarios y que se incorporó al equipo en 2013, tras formarse en la Escuela Hofmann de Barcelona, uno de los centros de referencia más prestigiosos en el campo de la pastelería, y después de estancias en El Celler de Can Roca, uno de los mejores restaurantes del mundo. Como reza en la web de este establecimiento, y como así atestiguan los expertos, esta cocinera de profundas raíces culinarias es una de las figuras más importantes del panorama gastronómico gaditano. No en vano, la cocina de La Duquesa es uno de los referentes culinarios en La Janda, con el retinto por bandera y otras carnes de caza como la perdiz y el venado (con níscalos) que son imprescindibles en su cocina. En plena temporada de setas y caza, el otoño probablemente sea el mejor momento para acudir a regocijarse con los platos de esta antigua venta en la falda de un bellezón de la provincia como es Medina —queda cerca y merece la pena la visita para bajar la comida—. Personalmente, la ensalada de queso de cabra con salsa al Pedro Ximéne, el calamar relleno y la crema de queso —los postres han cobrado otra dimensión desde el aterrizaje de Miriam— son platos ineludibles si me dejo caer por este punto clave de la carretera entre Medina y Vejer.  Las Delicias (Vejer)

Imaginen que están en uno de los pueblos más bonitos de España y que dentro de ese decorado de ensueño que es Vejer se adentran en un antiguo teatro del siglo XIX. Una vez dentro, el establecimiento se abre de par en par como un enorme escenario para los sentidos con una decoración, un gusto y unos olores que nos emocionan. Los altos techos de 10 metros y los 280 palets de madera reciclados que recubren las paredes consiguen una atmósfera amplia pero acogedora, con recuerdos a un estilo casi parisino en plena Janda gaditana. Vale, ya lo han gozado con el local. ¿Y ahora qué? Pues ahora viene lo mejor. La carta es creativa y divertida, y sobre todo con buenos precios. Aparte de que muchas noches hay música en directo, la apuesta segura que supone visitar Las Delicias reside especialmente en sus propuestas para llenarnos la barriga. Los langostinos bravos, el tartar de atún de almadraba, el flamencón de presa ibérica —hay que pedirlo con mucha hambre—, el brochetón de pescado de roca a la brasa, y las croquetas de choco en su tinta, son solo algunas de las espectaculares propuestas de este local de la Corredera vejeriega, un espacio donde se funden los cinco sentidos y en el que, por si fuera poco, hay una bonita terraza desde la que disfrutar de las impresionantes vistas que ofrece un pueblo levantado en un monte de 200 metros de altura. 

La Baska (San Fernando)

Sabores, momentos, sensaciones y experiencias. Estas cuatro palabras definen la cocina de uno de los restaurantes que está causando sensación últimamente en la provincia. En una finca del siglo XIX, ubicada en la calle Real de San Fernando, cuenta con múltiples salones, terrazas y un enorme jardín (más de 600 metros) para eventos. Su propietaria, natural de Guernica aunque afincada en la Isla desde hace años, ofrece una combinación entre la comida tradicional vasca y la autóctona, con algún toque internacional y siempre innnovando en los platos que firman Enrique Espinazo (jefe de cocina, que ha hecho prácticas en Bistró Guggenheim Bilbao) y Macarena Ruiz Alonso (cocinera). El negocio se divide entre la zona de gastrobar, con platos para compartir, y la zona de carta, con platos más individualizados. Pase lo que pase, bien regado con txacolí, es imprescindible probar la tortilla rellena, los pintxos, el bacalao y el codillo. Para los más arriesgados, pueden probar el tartar de trucha, manzana y encurtidos, crema fría de remolacha con bonito marinado y leche de coco, o el mollete de algas con pulpo y mayonesa de pimentón.

El Arriate (El Puerto)

El Arriate nace en el año 2007 con la ilusión y el propósito de ofrecerle una experiencia sensorial a través de la gastronomía y la ceremonia de la sala. Con la intención de hacer disfrutar al comensal, desde que entra hasta que sale. Bajo esta declaración de intenciones, el restaurante portuense se ha convertido casi una década después en un clásico de la ruta gastronómica de la provincia. O como se dice ahora, un must de la cocina moderna y creativa que se cuece en Cádiz. Cocina de entrevientos, la llaman sus propietarios. Durante la mayor parte del año, El Arriate transforma su patio de albero en un comedor al aire libre. Un lugar con encanto, rodeado de vegetación y regido por el sonido de una fuente en el interior de este local de la calle Moros de la acogedora localidad de El Puerto. Todo el mundo habla bien de sus croquetas de guacamole, el carpaccio de calamares y gambas, y el tataki de bonito con papas a lo pobre. Con tapeo en barra disponible, su cocinero es el cordobés David Méndez, amante del producto y la innovación que nunca deja de sorprender. Lo dicho, imprescindible. Cocina con alma.

Sobre el autor:

Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, experto en Urbanismo en el Instituto de Práctica Empresarial (IPE). Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; hice la dramaturgia del espectáculo 'Soníos negros', de la Cía. María del Mar Moreno; colaboro en Guía Repsol; y he coordinado la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Asociación de la Prensa de Cádiz (APC) y de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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