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Hoy en día existe un interés creciente por la nutrición intentando  comer de forma más saludable y elegir en el supermercado aquellos alimentos que nos pueden aportar beneficios para nuestra salud. Entre las diferentes opciones de compra para nuestra cesta, existen productos que habitualmente lo consumimos y no dudamos en comprarlo. Y otros, que nos han recomendado, por curiosidad o por el simple hecho de probar algo nuevo, tardamos un poco más en decidirnos. Estudios de marketing sobre la cesta de la compra, nos indican que, de media, en 4 segundos tomamos la decisión de comprarlo o no.

Para muchas empresas distribuidoras de alimentos, los supermercados son también considerados “laboratorios” donde combinar diferentes aspectos y factores para incidir en la decisión de compra de los consumidores. No es de extrañar, que en las estanterías a media altura, nos encontremos siempre aquel producto que la empresa quiere potenciar su venta, o que de vez en cuando cambien la distribución de la tienda o que la intensidad de la música varíe según las horas del día. El marketing y publicidad son mundos inmensos que no llegaremos a comprender pero sin embargo influyen en gran medida en la decisión de compra.

Pero ya la tendencia ha cambiado y nos detenemos cada vez más a leer la información que nos proporciona los productos deseados. Aparte de ser un consejo de las diferentes organizaciones de consumo y de la mayoría de nutricionistas y dietistas, es un hecho que puede ayudarnos a elegir en base a unos conocimientos.

Con la entrada en vigor del Reglamento 1169/2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor se pone en común diferentes aspectos de interés para el consumidor y para los productores de alimentos que deben de adaptarse a la nueva legislación. Además, este sector está en continuo cambio y, a veces, la legislación no cubre las necesidades del consumidor debido a la rápida evolución de las tendencias del mercado.

La información alimentaria que debe seguir un producto, debe ser no solo relativa a sus características propias del alimento o nutricional, sino también abarca desde el tamaño mínimo de letra de que debe contener cualquier carácter que se encuentre en el etiquetado. Además, son obligatorios los posibles efectos sobre la salud, su duración, almacenamiento y uso seguro. Uno de los puntos fuertes de este reglamento es que afirma con rotundidez, que el etiquetado debe contener información precisa, clara, fácil de leer y comprender.

Pero evidentemente, no siempre se cumple en todos los productos que encontramos en el “súper”. Continuamente podemos encontrar errores en el etiquetado. No incluir un alérgeno puede suponer consecuencias dramáticas para aquel consumidor que sea alérgico a esa sustancia. Además, se observan errores en el origen o procedencia de los alimentos.

A todo esto se le suma las contrariedades sobre el efecto en nuestra salud. Alimentos que se etiquetan como “integrales” cuando no lo son, “sin azúcares añadidos” cuando se le agregan otro tipo de endulzantes… Un sinfín de conceptos, que lo único que provoca es confundir al consumidor y crear una desconfianza generalizada en la población.

Por ello, en los siguientes artículos desarrollaré diversos conceptos relacionados con el etiquetado de los alimentos. El conocimiento de la información es necesaria, fundamental y básica. El consumidor debe de dar un paso hacia delante y ser parte activa y consciente de las consecuencias nutricionales de los alimentos que se consumen. Problemas como la obesidad infantil o intoxicaciones alimentarias pueden ser reducidas si la población es capaz de elegir alimentos sanos y seguros.

Sobre el autor:

Miguel Ángel Granado

Formación y Comunicación Alimentaria - www.foodandsafe.org

 

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