La mítica Cruz Blanca que resucitó en una histórica plaza de Jerez donde “hemos hecho un descubrimiento”

Hace 16 años Encarnación Sañudo dejó Barcelona y abrió junto a su hijo, Miguel Tabernillas, el local donde se hallaba la antigua cervecería y marisquería del mismo nombre para ofrecer “un concepto diferente” sin desatender a los clásicos de la cocina tradicional

Uchi y Miguel en la plaza de la Yerba delante de su restaurante La Cruz Blanca.
Uchi y Miguel en la plaza de la Yerba delante de su restaurante La Cruz Blanca. MANU GARCÍA

Dicen que la plaza de la Yerba de Jerez es un hervidero de historia. Un pequeño recoveco con encanto en pleno casco antiguo que la sombra de sus árboles arropa desde antaño. Alfonso X el Sabio ordenaba a los vecinos de la zona a poner lumbres en sus puertas, bajo pena de 12 maravedises, para iluminar el recinto donde se celebraba la feria, dedicada entonces a la compra y venta de mercancía. En ese mismo lugar, siglos después, se encuentra el restaurante La Cruz Blanca.

Tras dos años de negociaciones, en 2005, Encarnación Sañudo, conocida como Uchi, junto a su hijo, Miguel Tabernillas, decidieron coger las riendas de un bar que ya formaba parte de la idiosincrasia jerezana. “Desde que tengo memoria esto ha sido una cervecería marisquería”, dice sentada en un taburete del local. “Una vitrina con su marisquito, su cervecita y sus paquetitos de papas” caracterizaban al mítico establecimiento que quedó para el recuerdo.

Miguel en el interior de La Cruz Blanca.
Miguel en el interior de La Cruz Blanca.  MANU GARCÍA

La familia, recién llegada de Barcelona, donde vivían desde que Uchi se casó con un catalán, le dio otros aires. Hace 16 años, “todo esto estaba en ruinas, lo reformamos entero y empezamos nuestra andadura”, recuerda Miguel. Comenzaban así con un proyecto gastronómico nuevo, distinto al local familiar que regentaban en tierras catalanas. “Allí hacíamos menús para los trabajadores de polígonos industriales. Era más básico por llamarlo de alguna manera, aquí hemos hecho un descubrimiento, nos hemos ido descubriendo a nosotros mismos”, explica el hostelero.

Interior del restaurante.
Interior del restaurante.  MANU GARCÍA

Con un toque más personal, en busca del clima y de pasar más tiempo con la familia materna, se asentaron en la emblemática plaza devolviéndole la vida a este rincón. “Le lavamos la cara totalmente”, dice Miguel, y aunque mantuvieron el nombre por su popularidad, cambiaron el concepto. Desde lo que parece que fue una antigua vivienda, han visto la evolución de esta zona que, en aquel momento, estaba, según Miguel, “abandonada, un poco triste, por aquí no pasaba nadie y estaba la calle muerta”. A esta traba se sumaban las obras del aparcamiento de la plaza del Arenal que hacía intransitable la calle. Poco a poco, se fue llenando de ambiente.

Desde la amplia terraza de La Cruz Blanca todavía se distinguen detalles que impregnan al local de solera. Unos azulejos de Mensaque revelan que allí se erigía el depósito donde se guardaban los barriles de la antigua cerveza de este nombre. La familia mantuvo intactas las huellas del pasado, eso sí, llegó con una oferta diferente a la que los jerezanos no estaban acostumbrados. “Al principio era sota, caballo y rey y aquí empezamos haciendo cosas que no había en Jerez”, comenta Miguel echando la vista atrás.

Azulejos de Mensaque.
Azulejos de Mensaque.   MANU GARCÍA

“Hacemos desde platos tradicionales como un guiso de rabo de toro a fusión de comida asiática"

De los fogones de este establecimiento salen tapas con diseño, comida tradicional que busca desmarcarse de lo común y está en constante actualización. “Hacemos desde platos tradicionales como pueden ser un menudo o un guiso de rabo de toro a fusión de cosas asiáticas con nuevas tendencias”, explica el hostelero, que siempre busca los productos de calidad. La carta también presenta a los clásicos como la ensaladilla, los filetes de presa con salmorejo y jamón, los buñuelos de bacalao o la tosta con queso de cabra, cebolla caramelizada, miel y nueces. Además, incorpora productos de temporada como las setas o el atún. Uchi y Miguel intentan innovar con frecuencia.  Según cuentan a lavozdelsur.es, “estamos constantemente cambiando la carta, tenemos platos fijos que hemos dejado porque tienen mucha aceptación, pero hacemos sugerencias todas las semanas”.

Barriga de atún con wok de verduras y mermelada de tomate.
Barriga de atún con wok de verduras y mermelada de tomate.   CEDIDA

 

Arroz negro chocos, gambón , edamame y ajo asado.
Arroz negro chocos, gambón , edamame y ajo asado.   CEDIDA

Los cambios también han llegado a la decoración, que se ha sometido a varias reformas, pero conservando la distribución original. “Cuando se abrió por primera vez se hizo más acorde a lo que había en aquella época, con una barra básica de madera, a la gente le gustaba mucho el cerveceo y el tapeo en barra”, expone el barcelonés mientras contempla el espacio en el que lleva gran parte de su vida.

Con el tiempo, las rejas de los ventanales se quitaron para darle más claridad, el local se transformó, se modernizó, algunos elementos se guardaron, -“los banquitos de madera de los inicios aún los tengo”- pero lo que nunca ha desaparecido ha sido su clientela fija, la de toda la vida, esa que sigue ‘dándose un homenaje’ en sus mesas.

Uchi y Miguel durante la entrevista.
Uchi y Miguel durante la entrevista.  MANU GARCÍA

“Por aquí pasa gente que venía aquí con sus padres y ahora vienen con sus nietos, y niños que venían cuando abrimos siendo bebés y ahora vienen solos”, comenta Uchi que no solo ha dado de comer a los jerezanos sino también a muchas familias de la provincia y a extranjeros. “Una vez al año vienen muchos japoneses que viajan para el festival de Flamenco”, añade Miguel. Ahora, “a esos ya no los vemos”. El cierre perimetral impide que los comensales nacionales y de fuera del país degusten sus sugerencias. La pandemia sigue siendo la culpable de que los bares no se llenen como antes. Según explican, “a estas alturas seríamos 20 personas en plantilla y ahora somos 6. Notarse se nota. Tiramos como podemos, Jerez lo que ofrece es turismo, es de lo que vive realmente, y no hay”.

Con “un poquito de esperanza”, Uchi y su hijo miran con buenos ojos al verano. Lejos queda la reapertura de este bar, y, al principio, no tenían intención de montar nada. Pero “eso lo llevamos en la sangre”, y como hosteleros ya han satisfecho a muchos paladares. La Cruz Blanca aún tiene mucho que ofrecer. La leyenda culinaria continúa.

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído