La evolución de La Cruz Blanca, a compás del resurgir del centro de Jerez: 20 años de buen comer en la Plaza de la Yerba

Uchi Sañudo y Miguel Tabernillas repasan los 20 años del restaurante, marcado por la constancia, la adaptación a los nuevos tiempos y el cambio que perciben en el propio mundo gastronómico de Jerez, Capital Española de la Gastronomía 2026

Uchi Sañudo y Miguel Tabernillas, propietarios de La Cruz Blanca, este viernes en la terraza del restaurante en la Plaza de la Yerba.
Uchi Sañudo y Miguel Tabernillas, propietarios de La Cruz Blanca, este viernes en la terraza del restaurante en la Plaza de la Yerba. MANU GARCÍA
27 de febrero de 2026 a las 19:01h

Decía un famoso tango argentino que 20 años no es nada, pero en el caso del restaurante La Cruz Blanca cumplir dos décadas en la Plaza de la Yerba de Jerez le ha servido para convertirse en uno de los establecimientos más reconocidos de la gastronomía local, que este año celebra la consecución del título de Capital Española de la Gastronomía 2026

Dos décadas en las que el negocio ha visto transformarse el centro histórico, el perfil del visitante y la propia oferta culinaria de la ciudad, hasta consolidarse como un lugar frecuentado tanto por clientes habituales como por turistas que recorren el casco urbano.

Encarnación Sañudo, conocida por familia y amigos como Uchi, repasa ese camino con una mirada que mezcla satisfacción y esfuerzo. "Esto ha cambiado muchísimo desde que nosotros empezamos. Ha crecido mucho la gastronomía en Jerez, no tiene nada que ver con lo que yo me encontré cuando abrí, a todos los niveles", explica a lavozdelsur.es.

La hostelera, infatigable al frente de su negocio de restauración, reconoce que el balance personal es positivo pese a la dureza del sector: "Ha sido una experiencia grata, dura porque la hostelería no es nada fácil y menos ahora, pero sigo con la misma ilusión con la que empecé".

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Ensaladilla con tartar de atún.  MANU GARCÍA
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Ensalada de burrata de La Cruz Blanca.   MANU GARCÍA

Su trayectoria anterior en Barcelona fue clave para afrontar el proyecto. "Yo venía con tradición hostelera porque me casé con un catalán y su familia tenía un restaurante", recuerda, detallando que era un local de menú diario cerca de un polígono industrial donde se servían almuerzos y comidas, mientras que los fines de semana trabajaban con carta. Al llegar a Jerez, explica, encontraron un escenario distinto: "Aquí ya había bares con muy buena cocina, nosotros no inventamos nada, pero quisimos hacer algo un poco diferente, darle un toque más innovador".

La propietaria del conocido restaurante del centro de Jerez, uno de los más valorados en las guías y webs especializadas, insiste en que el éxito no llegó de inmediato y "fueron los clientes quienes marcaron el rumbo del negocio". "Tú abres un negocio y los que mandan son los clientes. Puedes tener buenas ideas, pero si no les llegas, no hay negocio", afirma.

En aquellos primeros años, el crecimiento dependía del boca a boca, ya que "no había tantas redes sociales". Además, reconoce que la familia era prácticamente desconocida en el ámbito hostelero jerezano, lo que hizo aún más gradual el proceso de consolidación.

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El canelón, un plato muy solicitado.   MANU GARCÍA
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Berenjena en tempura con sardina.   MANU GARCÍA

La elección del emplazamiento fue una apuesta arriesgada que terminó convirtiéndose en uno de los grandes valores del restaurante. "El sitio es maravilloso, tiene su encanto", señala Uchi sobre la Plaza de la Yerba. Sin embargo, recuerda que al abrir la situación era muy distinta: la Plaza del Arenal estaba en obras, el comercio cerraba temprano y el centro no tenía la vida actual. "Nos pasamos muchas noches sin clientes", admite, aunque la constancia terminó imponiéndose: "Aquí vamos a estar nosotros y a ver qué nos va a echar de aquí...".

Con el paso de los años, la zona fue ganando actividad y el restaurante empezó a construir una reputación sólida. "Nos costó más que nada por el principio, pero poquito a poco se fue generando una zona de más actividad y aquí seguimos", resume. Hoy, con dos décadas a sus espaldas, el establecimiento mantiene una carta que combina tradición y renovación, cocina de siempre y su punto de creatividad y fusión. "Tenemos una carta más o menos cerrada, la cambiamos un poco por temporada, se mantienen algunos platos porque los clientes siempre los demandan, pero continuamente vamos renovando", explica la propietaria.

Para Uchi, la competencia y el crecimiento turístico han sido factores decisivos en la evolución del sector. "La competencia es buena porque te hace estar viva, más activa", afirma, destacando además que el volumen de visitantes en Jerez obliga a mantenerse en constante adaptación. "Hay momentos de muchísimo turismo y se necesitan restaurantes y hoteles para poder absorber todo eso y dar un buen servicio", añade, convencida de que el sector debe seguir actualizado para no perder impulso.

Jefes que son compañeros

Miguel Tabernillas, hijo de la fundadora y actual responsable junto a su madre tras el fallecimiento de su padre hace dos años, ha vivido la evolución del negocio desde dentro. "Mis padres eran los que estaban siempre al principio, yo todavía estaba estudiando", recuerda. Hoy mantiene la filosofía familiar: "Trabajamos como uno más y los trabajadores no te ven como un jefe, sino como un compañero". En lo gastronómico, defiende que la base no ha cambiado: "Siempre ha sido apostar por un buen producto de calidad y hacer las cosas con cariño".

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Los propietarios, dentro del establecimiento.   MANU GARCÍA

El responsable de La Cruz Blanca destaca que algunos platos se han convertido en clásicos inamovibles, como la ensaladilla, la presa con salmorejo y jamón, o la tosta con cebolla caramelizada, queso de cabra, nueces y miel, presentes desde hace 20 años. A la vez, incorporan propuestas nuevas, como la ensaladilla con tartar de atún o sugerencias semanales fuera de carta ligadas al producto de temporada.

Miguel también subraya el cambio del entorno: "Antes había épocas muy paradas y ahora está más equilibrado durante todo el año", además de la creciente proyección turística de la ciudad. "Se está vendiendo mejor Jerez al mundo, y eso nos viene bien; al final vivimos mucho de eso", concluye, mientras el restaurante continúa adaptándose con renovaciones, presencia digital y la misma idea que marcó sus inicios: seguir evolucionando sin perder su esencia.

Algunas de sus últimas reseñas en Google señalan: "Excelente sitio con una comida clásica y creativa a la vez. Lo simple como un tomate lo hacen exquisito". Por algo será que llevan 20 años siendo bandera y santo y seña de la renovada gastronomía local y del resurgir de un centro más vivo ahora que nunca.

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Francisco J. Jiménez

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