La polémica en torno a los bordados realizados en Pakistán vuelve a situarse en el centro del debate tras conocerse el uso indebido de las caídas del palio de Salud y Esperanza de la Hermandad de la Clemencia como reclamo publicitario por parte de un taller asiático. Una práctica recurrente que vuelve a generar malestar entre los artesanos del arte sacro andaluz.
El autor del diseño y de la ejecución de estas piezas, Pedro Palenciano Olivares, ha mostrado públicamente su contrariedad al comprobar cómo su trabajo está siendo utilizado para promocionar bordados de bajo coste y pésimas calidades.
Una obra utilizada como escaparate
Las caídas del palio en cuestión fueron confeccionadas en Andújar, localidad donde Palenciano tiene su taller de bordados y diseño. El artesano expresó su malestar a través de las redes sociales, denunciando una situación que considera reiterada: “utilizando nuestros trabajos desde Pakistán para darse publicidad, ¿y esto cómo lo paramos? esta vez le ha tocado a la Clemencia de Jerez, qué casualidad”.
La controversia tiene un pinto de inflexión en esta cofradía, que hace algunos años estrenó un manto bordado procedente de un taller pakistaní para su Dolorosa en el paso de palio. Desde San Benito se insistió entonces en que el proyecto original se mantenía intacto y que aquella incorporación fue “absolutamente provisional”.
Copias, precios bajos y un problema difícil de frenar
Pese a ello, el taller asiático ha utilizado ahora los bordados originales de la delantera del paso como parte de su escaparate virtual. Una práctica que supone la apropiación de un diseño ajeno con fines comerciales. Demandar a estos establecimientos, sin embargo, se convierte en una misión casi imposible para los artesanos afectados.
El método es conocido: mostrar modelos creados por artesanos andaluces altamente cualificados, realizados con técnicas y materiales de primer nivel, y ofrecerlos después a un precio sensiblemente inferior. Una estrategia que pone en jaque la autoría, la calidad y la supervivencia del sector.
El debate llega a Europa y divide a las hermandades
En el ámbito político ya se han dado algunos pasos. La Unión Europea llegó a instar al embajador de Pakistán en Bruselas a que solicitara la intervención de su gobierno ante estas prácticas. Paralelamente, las asociaciones de artesanos del arte sacro han alzado la voz para pedir a las hermandades —principales clientes de estos talleres— que apuesten por la tradición, la excelencia y el trabajo realizado en la tierra.
Sin embargo, la realidad económica pesa. La posibilidad de adquirir piezas bordadas a un coste muy reducido, visualmente llamativas y al alcance de tesorerías más débiles, sigue siendo una tentación difícil de esquivar. Una situación que mantiene viva una polémica que aún queda lejos de cerrarse.


