Las mil y una vidas del bar Yellow: "Voy a estar mientras siga disfrutando"

Antonio Rivera, a sus 71 años, sigue al frente del negocio. En 2017 se jubiló, pero volvió a abrir para intentar venderlo. "Me ha costado mucho sacrificio, no puedo dejar que esto se pudra", explica

Antonio Rivera, dueño del bar Yellow, con un sándwich de pollo marca de la casa.
Antonio Rivera, dueño del bar Yellow, con un sándwich de pollo marca de la casa. MANU GARCÍA

“Esto me mantiene bien, activo”, dice Antonio Rivera, desde detrás de la barra del bar Yellow. A sus 71 años, sigue al frente de un negocio que nació hace casi 40. Hasta llegó a jubilarse, pero después de dos años y medio de letargo, el establecimiento volvió a abrir. Él y su mujer, Loli Medina, regentaron el bar desde 1982 hasta 2017 ininterrumpidamente. Ese año les llegó la jubilación. Pero a Antonio ver el Yellow vacío le producía “ansiedad”. No salió comprador, y decidió reabrir para ver si con suerte…

Cada día, aunque estuviera jubilado, Antonio iba al Yellow, a recoger, limpiar, a mantenerlo en perfectas condiciones por si surgía la venta, que no llega. “Me ha costado mucho sacrificio, no puedo dejar que esto se pudra”, explica cuando atiende a lavozdelsur.es. Desde su jubilación ha reabierto tres veces, obligado por las restricciones de la pandemia, y ahora abre de jueves a sábado, a partir de las ocho de la tarde.

“Yo me he jubilado, me he muerto, he resucitado y he vuelto a abrir”, le ha dicho en alguna ocasión a un cliente que le preguntó por sus idas y venidas, con su característico sentido del humor. El bar Yellow apenas ha cambiado. La estética es la misma. Como su nombre indica, predomina el amarillo, recién pintado, se cambiaron luces, se sanearon maderas, un tapete por aquí… Y todo listo para el reencuentro con los clientes.

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Una hamburguesa del Yellow. MANU GARCÍA

Con 47 años cotizados, de momento, Antonio está al frente del Yellow junto a una cocinera que, después de más de tres décadas, no es su mujer Loli. Ella ha preferido disfrutar de su merecido descanso después de tantos años. Él dice que quiere aguantar hasta los 75 años. “Voy a estar mientras siga disfrutando. Si lo haces con gusto y con ganas no fallas”, explica Rivera. “Esto me mantiene activo”, insiste.

La clientela, por muchas veces que cierre, no falta a su cita. El bar Yellow es un bar familiar, donde no hay televisión ni nada que distraiga al comensal para emprender una buena conversación. El hilo musical invita a relajarse y a disfrutar de la comida, que mantiene la calidad de sus inicios. Los sándwiches son la especialidad de la casa —ojo al sándwich de pollo— junto a las hamburguesas o la ensaladilla de gambas, pero no hay que perder de vista los champiñones rellenos o las croquetas de boletus. Verduras a la plancha o flamenquines forman la base de una carta que tiene tantos años como el negocio, aunque se van incorporando novedades.

La historia del bar Yellow comienza en marzo de 1982. En un principio, la familia Rivera Medina se planteó abrir una tienda de pantalones vaqueros, pero un familiar les quitó las ganas. “Monta un bar”, les dijo Paco, cuñado de Antonio y hermano de Loli. Y eso hicieron. “Con cero experiencia en hostelería”, rememora Antonio. Su cuñado les enseñó y ellos se empaparon de sus consejos. “He aprendido a base de errores y equivocaciones”, aporta Antonio. “Incluso he llorado de impotencia, pero he sacado las cosas adelante”.

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Antonio Rivera, detrás de la barra del Yellow.  MANU GARCÍA

El bar Yellow es “un lugar de encuentro”, dice su fundador. Un local, muy pequeño en sus inicios, ampliado unos años después de su apertura, situado en la calle Maestro Fernández Sierra del barrio de Vallesequillo, donde es difícil aparcar, algo que no echa para atrás a la clientela. De hecho, no paran de cocinar sándwiches, hamburguesas y demás platos, que venden como churros.

En mitad de la conversación, el dueño del Yellow tiene que parar para atender a una clienta. “Aquí lo tiene, si no le agrada nada me lo dice usted y le devolvemos el dinero… Eso no lo hace nadie en Jerez”, le dice. En casi 40 años de vida, el bar no ha recibido ni una hoja de reclamaciones. “Encima de que os cobro me echáis piropos”, le espeta a sus clientes, con su guasa habitual. ¿Cual es el secreto para aguantar tantos años? “Que te guste, y a mí me encanta”, responde Antonio. “Y era el medio de vida para dar de comer a mis hijos”, agrega.

Echando la vista atrás, Antonio asegura que no se arrepiente de haberse sacrificado tanto en el Yellow, aunque haya tenido momentos buenos y otros no tan buenos. “Me ha servido para mantener a los niños”, insiste. "Y para pagarles sus carreras". agrega. A sus hijos. A Jose, como él lo llama, José Manuel Poga, actor que ha interpretado papeles en películas como Grupo 7 o recientemente en series como La casa de papel y a Antonio Rivera, trabajador social y abnegado luchador en causas sociales embarcado en la Coordinadora de la zona Sur Existe. “Yo les pregunté, ¿queréis estudiar otra cosa o dedicaros a la hostelería? Y me dijeron: Papá, yo para comer nada más”, cuenta Rivera padre entre risas.

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Los míticos champiñones rellenos del Yellow.  MANU GARCÍA

De vendedor de coches a la hostelería

Antonio Rivera dejó los estudios con 14 años y muy pronto se puso a trabajar. “Salí de Salesianos sabiendo rezar mucho, eso lo hacía de lujo”, dice. “No me quejo, eran otros tiempos”. Y le llamó la atención la automoción. De forma autodidacta empezó a estudiar electricidad del automóvil, hasta que entró en la Seat.

Durante los primeros años del Yellow, de hecho, estuvo compatibilizando ambos trabajos. “Me iba a la Seat a las 7:30 horas, cerraba a las cuatro menos cuarto, comía, hacía la compra, me duchaba y abría a las siete, porque entonces poníamos café”, recuerda. Cuando la empresa de automoción cerró las instalaciones, se dedicó por entero al bar.

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Una foto de José Manuel Poga y la careta de 'La casa de papel', en el Yellow. MANU GARCÍA

Aunque desde detrás de la barra, seguía matando el gusanillo de la automoción. En el bar tenía catálogos de coches, que vendía, y cerraba las operaciones allí mismo. “Yo te pongo la radio, la alfombra y el día que lo saques te invito a cenar”. Así cerraba los tratos en bar, y no fueron pocos.

Un buscavidas que, a sus 71 años, se niega a dejar su negocio de toda la vida. “No me arrepiento de nada. He disfrutado. No me ha quitado de hacer nada. Cuando hemos querido, hemos cerrado y nos hemos ido de vacaciones”, relata. Un bar, el Yellow, que se resiste al cierre, que llegará cuando Antonio deje de disfrutar, o cuando consiga dejarlo en buenas manos. 

Sobre el autor:

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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Comentarios (1)

Emi Morales Hace 9 días
El Yellow es un local entrañable por mérito de sus dueños Antonio y Loli. Era nuestro sitio de referencia cuando vivíamos en la zona, nos encantan sus sándwiches y demás platos. Ahora seguro que acudiremos de nuevo ha sido estupendo que abran de nuevo.un saludo
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