José Manuel Poga, de la barriada de 'El Chicle' a 'La Casa de Papel': "Soy muy de El Torta"

El jerezano se ha perdido la promoción de la cuarta temporada de una serie que bate récords, tomando especial relevancia en una trama en la que se enfrenta a todos los protagonistas. "Gandía es un perro de presa del Estado, es un villano pero podría ser héroe"

José Manuel Poga, en una imagen promocional de 'La Casa de Papel', donde interpreta a 'Gandía'. FOTO: Netflix
José Manuel Poga, en una imagen promocional de 'La Casa de Papel', donde interpreta a 'Gandía'. FOTO: Netflix

El actor José Manuel Poga (Jerez, 1980) se ha convertido en uno de esos malos malísimos de los que dan ganas de lanzarle palomitas a la pantalla. Un malo que se crió entre tres barrios pero recuerda mayor felicidad en casa de su abuela, en la barriada de El Chicle. Sus referentes jerezanos son tres. Sus padres, "que han hecho los mejores sánchwiches de pollo de Jerez", y entre los artistas, "soy muy de El Torta, era el Jim Morrison de Jerez", al que por desgracia nunca conoció ni vio cantar en directo pero escucha, y mucho.

Poga es el actor que interpreta a Gandía en La Casa de Papel, la ficción española con más éxito en los últimos años. Su papel es el de malvado, antagonista, el que pone en apuros a los ídolos, a los ladrones buenos de esta serie de Netflix. Tiene un poco de boina verde, mucha maldad y un acento de aquí que no ha hecho más que ir incrustándose en los oídos de millones. Hace años habría que decirse aquello de que no olvidaran el nombre de José Manuel Poga. Ahora es su momento.

¿Dónde le pilla este confinamiento?

Yo me vine de Jerez a Sevilla en 2001, y aquí estoy en mi casa. Me vine cuando tenía 20 años. Estuve primero haciendo Gestión y administración pública en la Porvera, para ser funcionario, pero no lo tenía claro. Mi primera idea fue ser dibujante de cómic, en Barcelona, pero salía un poco caro. Ya me decidí por el teatro cuando entré en el instituto.

¿Dónde se crió? ¿Suele bajar?

Siempre cuento que crecí entre Las Torres y Vallesequillo, pero donde más estuve fue en casa de mi abuela, en El Chicle. Era la casa de todos, donde he sido más feliz de mi infancia. Ahora voy lo que puedo. Mis rinconcitos de Jerez están en el centro, pasandi mi Nochebuena, por ejemplo. Perdió encanto porque se ha masificado. Suelo estar en Vallesequillo, en El Chicle, saludando a los colegas de chico.

¿Cómo está afectando el coronavirus a su industria?

Ha afectado a muchos proyectos, no solo míos, y no sólo en el sector audiovisual, en la cultura se ha parado todo. Vivimos en un estado de incertidumbre, así que me he situado en el presente. Lo que más me importa ahora es cuándo podré bajar al parque con la niña. Espero que la profesión se recupere, pero ahora es algo secundario. La cultura, en general, se olvida, porque ya lo estaba antes del coronavirus.

En 2020 hemos visto La Trinchera Infinita y La Casa de Papel. En ambos, siendo malo. 

Me siento mucho más cómodo siendo el caballero oscuro y no el príncipe azul. Por eso, Gandía me ha dado la oportunidad de conectar con una ira contenida, con la libertad de no tener código ético. Eso es muy enriquecedor. De Gandía rescato su profesionalidad, el compromiso con su labor. Es un villano, pero, depende, podría ser un héroe, porque defiende el oro español que si lo llevan llevaría el país a la quiebra.

Se llevaría los aplausos.

Gandía es una persona hambrienta de medallas. Es una herramienta del Estado, en este caso es un perro de presa, entrenado para mantener la seguridad sobre cualquier acontecimiento que distorsione el objetivo de los poderes. Hay muchos que dedican su vida a eso, a enfrentarse a los supuestos terroristas, en este caso, los atracadores malos.

¿Es uno de esos papeles que cambian la vida?

En mi carrera el pico importante llegó cuando me abrieron la puerta al audiovisual, con Grupo 7. Alberto Rodríguez me dio la oportunidad. Siempre han sido papeles no pequeños, sino con pocas apariciones, y sí, con La Casa de Papel esto cobra otra dimensión. Pero no sé si cambia la vida, porque esto es muy efímero. Lo mismo eres trending topic que luego no. Ahora me quedo con el presente, profesionalmente no sé lo que vendrá.

Supongo que la pandemia ha recortado mucha promoción de la serie.

Yo he he echado de menos promocionar La Casa de Papel con mis compañeros, compartir la sastisfacción del trabajo, abrazarles, y me quedo con esa espinita. Ahora se ha quedado en las videollamadas. Quería que lo celebráramos juntos.

Por otro lado, el confinamiento ha provocado que más gente se ponga estos días a beberse La Casa de Papel.

Creo que hemos hecho un buen trabajo en este equipo de tirititeros, y la gente hace bien para desconectar de esta marcianada que vivimos. Que tengan esa ilusión de ver un día un capítulo, mañana el quinto, luego el sexto... Pues es una semana con ellos entretenidos.

¿Cómo fue la experiencia de la serie desde dentro? ¿Con qué se queda?

Con el equipo humano, los compañeros, la camaradería. Me quedo con las personas.

Como titiritero, ¿siente que su profesión y la de la cultura en general está para cierta gente en la diana?

La cultura es la gran olvidada. Está muy relacionada con la educación, y ésta con el bienestar social, que involucra unos valores. Más que crisis económica, tuvimos crisis de valores. La cultura es fundamental para que no se quiebren las personas. Y nosotros somos cabezas visibles. Nuestras creencias, opiniones, tienen una repercusión más fuerte.

Y lo que viene no pinta bien. 

La incertidumbre se agrava mucho más y no sé si podremos salir a la calle, pero los teatros van a tardar más. Ahora estoy en Netflix, pero me considero más actor de teatro que de cine o series. Esa conexión con el público, con lo más esencial, va a estar más castigado. Y en este país se castiga a la poesía.

 

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