Belleza y caos en Ramé: tres jóvenes “un poco locos” que apuestan por los guisos vanguardistas

Los portuenses Omar, Javier y Mauro, abrieron este restaurante de cocina tradicional, a la que “le damos una vuelta”, en el centro comercial de Vistahermosa tras quedarse sin trabajo en plena pandemia

Restaurante Ramé
Restaurante Ramé ESTEBAN

Una tonelada de ganas y mil litros de trabajo fueron los ingredientes que tres jóvenes emprendedores echaron en la olla para dar vida al restaurante Ramé. En el centro comercial de Vistahermosa, en El Puerto, una nueva propuesta culinaria se abría paso hace casi un año para revolucionar paladares. Mauro Albadelejo y Omar Souyah, de 27 años, se unieron al cocinero Javier Navarro, de 28 con una idea, “hacer algo diferente” que llamara la atención.

Con una trayectoria sorprendente pese a no llegar a los 30, los portuenses se lanzaron sin miedo. “Hemos dado muchas vueltas, trabajamos mucho”, reconoce Mauro, que al acabar su carrera de Periodismo echó a volar junto a su amigo Omar a Londres, Cuba o Australia hasta acabar en el restaurante El Arriate de El Puerto. “Allí empecé a conocer el mundo de los vinos, ellos me enseñaron”, dice el encargado de este sector.

Interior del restaurante.   ESTEBAN
Interior del restaurante.   ESTEBAN

Omar viajó junto a su compañero y se especializó en la coctelería tras finalizar Magisterio, grado que también cursó Javier —en Sevilla, donde se conocieron— antes de entrar en la escuela de cocina Luis Irizar en San Sebastián. Tiraron por derroteros distintos que, de forma inesperada, los ha llevado a la gloria. “Hicimos una piña muy guay”, sonríen.

A Omar y a Mauro les picó el gusanillo durante sus periplos por el mundo. “Nos pagábamos los viajes trabajando en la hostelería y nos dimos cuenta de que realmente nos gusta y nos veíamos capacitados”, explica Omar que también se formó en las barras de Ibiza. Fue la crisis la culpable de un reencuentro que los llevó a impulsar un negocio propio en su ciudad natal. “La pandemia es el principio de todo, nos quedamos sin trabajo los tres, redujeron plantilla”, comentan. Así, en mayo, ni Omar se fue a Ibiza, donde tenía planeado aterrizar, ni Javier pudo continuar en el restaurante Can Roca, en Gerona.

Mauro prepara una cerveza en la barra.   ESTEBAN
Mauro prepara una cerveza en la barra.   ESTEBAN

Pero, se las apañaron para no ser arrastrados por la deriva de la desilusión, también llamada paro. A Omar se le ocurrió que el local de al lado del pub Ático 4 podría ser la salvación. Su hermano Miguel, socio del establecimiento, había montado una pizzería que no terminaba de cuajar. “No la estaban explotando del todo, entonces le propuse si podíamos usarlo, nos hicimos socios con ellos”, cuentan a lavozdelsur.es. 

A partir de ese momento, se pusieron manos a la obra con la decoración y en apenas un mes transformaron el espacio en un elegante restaurante. “Con la ayuda de amigos hicimos las mesas con madera, vinieron cocineros de otros bares para asesorarnos con la carta, también amigos de Aponiente”, explica Mauro recordando “la locura” que fue dejar todo listo en tan poco tiempo.

“Ofrecemos una cocina tradicional, pero le damos nuestra pequeña vuelta”

Un salón y dos terrazas, una con mesas altas y otras con bajas, esperaban a sus comensales el 27 de junio de 2020, fecha en la que dieron a conocer a Ramé con un menú degustación que causó sensación. Según exponen, “en un principio iba a ser un día, pero llenamos y lo ofrecimos tres días más, volvimos a llenar, y así todo el verano”. Todo fue sobre ruedas en este restaurante que se convirtió en la novedad, un descubrimiento que llegaba pisando fuerte. “No nos lo imaginábamos, estábamos motivados, pero no teníamos ni idea de cómo iba a acabar esto”, expresan los portuenses en un día de ajetreo y fogones.

Mesa del establecimiento.
 Javier en la cocina del establecimiento.   ESTEBAN

Al invento lo llamaron Ramé en honor al Sudeste asiático, destino que les encantó, y a un concepto que, según dicen, los define a la perfección. “Es una palabra de origen balinesa, es la belleza que existe dentro de lo caótico, y es un poco como somos nosotros. Estamos un poco locos, pero al final siempre hay mucho amor detrás de todo. No sé cómo lo hacemos, pero al final terminan saliendo las cosas”, explica Mauro.

La cocina está en marcha desde temprano. Entre alimentos, Javier, que ha trabajado en Akelarre, Alameda, Zuberoa, Narru o El Faro del Puerto, combina a conciencia los ingredientes para cada plato. Como si fuera un científico en un laboratorio, o un hechicero creando una pócima, el cocinero se mueve de un lado para otro en un espacio reluciente. “Ofrecemos una cocina tradicional, pero nosotros le damos nuestra pequeña vuelta, tiene mucho fondo, cada plato tiene su toque vanguardista”, sostiene Mauro mientras Javier está concentrado en su labor.

El cocinero manipulando los alimentos.   ESTEBAN
El cocinero manipulando los alimentos.   ESTEBAN
Uno de los platos de Ramé.
Uno de los platos de Ramé.  CEDIDA

En su carta, de unos 14 platos, se distinguen desde un guiso de callos con huevos fritos, puntillitas y sal negra hasta dumplings de carrilleras. “Estos son un buen resumen de la comida de Ramé, guiso tradicional con un poco de asiático y País Vasco”, dicen. Entre sus opciones también destaca la burrata o la ensaladilla templada de bonito.

Los jóvenes también apuestan por marcar la diferencia no solo en los sabores sino también en la presencia. “Terminamos el emplatado en sala con diferentes mayonesas, para que el comensal vea el juego que existe entre la cocina y la sala”, comenta Mauro. Una característica original que mantiene viva la experiencia.

Además, Ramé no solo es un espacio agradable a la vista sin más, en sus paredes se distinguen cuadros y fotografías de artistas locales que los comensales pueden contemplar mientras toman uno de los cócteles de bienvenida elaborados por Omar. Un espacio “para que ellos puedan exponer su arte, es el granito de arena que nosotros queremos aportar a la cultura”.

Mesas del restaurante.
Mesas del restaurante.   ESTEBAN

“Terminamos el emplatado en sala para que el comensal vea el juego”

De momento, sus platos gustan y son muchos los que se acercan a probar. No obstante, estos compañeros de espíritu inconformista quieren seguir creciendo en otro ambiente “más de tapeo”. Para Omar, Ramé “económicamente no es un sitio extremadamente barato, es un precio justo, pero no es barato. Entonces queremos hacer algo más acorde a un público más del día a día”. Si todo va bien, su nueva aventura se iniciará a finales de mayo en la avenida de la Libertad, en la zona del Parque Europa, y se llamará “Pirriaque”, dicen al unísono.

El establecimiento, ahora en obras, se dedicará a una comida “más callejera” donde las tapas serán las protagonistas. Su nombre alude al “vino malo que los trabajadores de las bodegas bebían con agua y se vendía en los bares regalado”. Mauro, amante del tema, explica de donde procede el término, que también usaron durante el confinamiento para llamar al vino de una bota donde “íbamos echando todo lo que nos encontrábamos”. Desde luego, no es el concepto que quieren transmitir, “pero le tenemos cariño a esa palabra”, añaden los amigos, entre risas y buenos propósitos.

Sobre el autor:

Patricia Merello

Titulada en Doble Grado en Periodismo y Comunicación audiovisual por la Universidad de Sevilla y máster en Periodismo Multimedia por la Universidad Complutense de Madrid. Mis primeras idas y venidas a la redacción comenzaron como becaria en el Diario de Cádiz. En Sevilla, fui redactora de la revista digital de la Fundación Audiovisual de Andalucía y en el blog de la ONGD Tetoca Actuar, mientras que en Madrid aprendí en el departamento de televisión de la Agencia EFE. Al regresar, hice piezas para Onda Cádiz, estuve en la Agencia EFE de Sevilla y elaboré algún que otro informativo en Radio Puerto. He publicado el libro de investigación 'La huella del esperanto en los medios periodísticos', tema que también he plasmado en una revista académica, en un reportaje multimedia y en un blog. 

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