Los malos de la pasión (III) Anás, Caifás y Herodes: las manos que empujaron el final de Cristo

Ninguno de los tres dictaron la sentencia de Jesús, pero cada uno movió sus hilos para que su destino acabara en la cruz

El misterio del Desprecio de Herodes, de Jerez, saliendo de La Merced.   ESTEBAN
El misterio del Desprecio de Herodes, de Jerez, saliendo de La Merced. ESTEBAN ESTEBAN
27 de marzo de 2026 a las 20:46h

Anás

Cargo: ex sumo sacerdote

Caifás

Cargo: sumo sacerdote

Herodes Antipas

Cargo: Tetrarca de Galilea

La detención de Jesús de Nazaret no fue improvisada. Tuvo lugar de noche, en el huerto de Getsemaní, a las afueras de Jerusalén y tras la Última Cena. Allí es arrestado por una cohorte enviada por las autoridades del templo, con la colaboración de guardias y servidores del sumo sacerdote. Desde ese momento comienza un proceso marcado por la prisa, la tensión política y, sobre todo, la irregularidad jurídica.

Anás: el primer interrogatorio

Tras su detención, Cristo es conducido a casa de Anás, suegro de Caifás. Oficialmente ya no gobernaba, pero todos sabían que mandaba. Anás había sido sumo sacerdote años antes y, tras ser destituido, logró convertir el cargo en patrimonio familiar. Hijos y yerno ocuparon el puesto sucesivamente, formando una auténtica dinastía de sacerdotes.

Su influencia era tal que Jesús es llevado primero ante él, en lugar de comparecer ante la autoridad formal del Sanedrín. Ese detalle revela dónde residía el poder real. Anás no necesitaba título para decidir.

El traslado de Jesús se produce de madrugada, en unas horas en las que, según la práctica judía, no debían celebrarse juicios formales. El Maestro llega, además, en malas condiciones. Sin dormir y después de haber sido maltratado por sus captores durante el recorrido entre el Huerto de los Olivos y la casa de Anás, donde además es encarcelado.

El Evangelio de Juan lo considera el primer interrogador. Según el propio relato, Jesús es golpeado por uno de los guardias, como se representa en el misterio de la jerezana hermandad de la Redención.

El misterio de La Redención, de Jerez, a punto de entrar en Carrera Oficial, en una pasada Semana Santa.   MANU GARCÍA
El misterio de La Redención de Jerez, a punto de entrar en Carrera Oficial, con Anás y Jesús en primer término.  Candela Núñez

Situado en la delantera del paso, está a punto de recibir una bofetada por parte de Malco, el judío al que San Pedro corta una oreja en el Huerto de los Olivos en el momento del prendimiento, y al que Jesús sana, siendo éste su último milagro en vida.

Aun así, los evangelios no mencionan el nombre de esta persona como autor de la agresión, si bien en las diferentes representaciones de este momento pasionista en la Semana Santa andaluza se da por hecho que fue él.

En la trasera de este misterio de la hermandad salesiana de la Redención se sitúa Anás, talla que, al igual que el resto de figuras secundarias –salvo el romano que se estrena este año de 2026, del escultor Juan Ventura– son obra del gaditano Luis González Rey.

Caifás: el juicio religioso

Desde la residencia de Anás, Jesús es llevado ante Caifás, sumo sacerdote en ejercicio y sumo sacerdote del Sanedrín. Aquí sí se articula el proceso religioso, también durante la noche o en las primeras horas del amanecer.

Caifás fue, durante su larga permanencia en el cargo, un hábil gestor político. En su época, el sumo sacerdote no solo dirigía el culto: actuaba como intermediario entre la población y la administración romana, por lo que mantener ese equilibrio era fundamental para que pudiera permanecer en su cargo.

Su intervención en el proceso de Cristo es meramente pragmático. Un predicador popular proclamado mesías en fechas festivas suponía un riesgo real de disturbio, lo que podía provocar la intervención militar romana. Así que, la estrategia era simple: eliminar cualquier riesgo antes de que pudiera estallar una crisis.

Los evangelios sinópticos coinciden en que se buscan testimonios para incriminar al Maestro, sin demasiado éxito. Por eso, la acusación acaba girando en torno a su identidad. Caifás le pregunta si Él es el hijo de Dios. “Vosotros lo decís, yo soy”, le responde, mientras el sumo sacerdote se raja las vestiduras y Anás, que está presente en el interrogatorio, pide que sea reo de muerte por sus palabras, que considera blasfemias.

Caifás, más allá del trasfondo religioso, sabe que la estabilidad política, en una Jerusalén controlada por Roma, está por encima de todo. El propio evangelio recoge una frase que resume su postura: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo”.

Este pasaje es muy popular en Andalucía. Como suele suceder, el más conocido es el que procesiona cada Lunes Santo sevillano en el misterio de San Gonzalo, mientras que en Jerez el misterio del Soberano Poder parte desde la barriada de La Granja hasta el centro cada Miércoles Santo.

El misterio del Soberano Poder de Jerez, el Miércoles Santo de 2025.  JUAN CARLOS TORO
El misterio del Soberano Poder de Jerez, con Caifás junto a Jesús, el Miércoles Santo de 2025. JUAN CARLOS TORO

El imaginero sevillano Manuel Ramos Corona talla tanto la imagen del Señor como la del resto del conjunto escultórico, en la que, además de los mencionados Caifás y Anás, aparecen José de Arimatea, también miembro del sanedrín que intenta disuadir la condena, además de Malco y otro guardia del templo.

Herodes: el desprecio al Hijo de Dios

Del Sanedrín, Jesús es conducido ante Pilato, que a su vez lo envía a Herodes Antipas, al saber que es galileo. Es ya de día. Jerusalén está llena de peregrinos por la Pascua, lo que incrementa el riesgo de disturbios.

Heredero de una dinastía célebre por su astucia política, Herodes gobierna durante décadas gracias a una cualidad esencial: sabía sobrevivir. No era rey, sino tetrarca, un gobernante subordinado al Imperio. Su autoridad depende del favor imperial y de su capacidad para evitar revueltas.

El evangelio de Lucas describe bien este encuentro entre el tetrarca de Galilea y Cristo. Más que preocupado, se muestra curioso. Tampoco lo condena, pero igualmente no lo absuelve. Espera ver algún prodigio, pero ante el silencio de Jesús opta por burlarse. “Lo hizo vestir a Cristo de una ropa blanca, burlándose de Él” antes de devolverlo a Pilato, escribe Lucas. 

El sevillano misterio del Desprecio de Herodes, en la pasada exposición sobre Cayetano González en la capital hispalense.
El sevillano misterio del Desprecio de Herodes, en la pasada exposición sobre Cayetano González en la capital hispalense.

Este pasaje es muy representado en la Semana Santa andaluza. Quizás el más popular sea el misterio de la hermandad sevillana de La Amargura, hasta el punto de que se le conoce precisamente como “el Herodes”.

En Jerez, el Desprecio de Herodes se representa en el paso de misterio de la Hermandad del Transporte. Jesús, una talla atribuida a Jácome Baccaro, luce una túnica blanca mientras es escoltado por dos soldados romanos. Tras Él, Herodes, sentado en un trono, acompañado por unos letrados, todas imágenes del escultor jerezano Francisco Pinto Berraquero.

Tres decisiones distintas para un final

Ni Anás, ni Caifás ni Herodes dictaron la sentencia de Cristo, pero cada uno dejó su huella para que su destino acabara en la cruz. El primero movió los hilos desde la sombra, el segundo lo acusó y el tercero prefirió no intervenir.

En apenas unas horas, el destino de Jesús quedó marcado sin necesidad de que hubiera existido una única voluntad decisiva en su final. Porque en la Pasión, como en tantos otros episodios de la historia, no siempre el destino de un hombre lo marca una sola persona, sino un cúmulo de circunstancias.  

Sobre el autor

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Jorge Miró

Periodista

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