Resistir

Resistir es vencer. Hay que joderse. Yo llevo resistiendo no sé cuantos años y sigo sin vencer pero, oiga, no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista. Resiliencia le llaman

El centro de salud Las Delicias.
El centro de salud Las Delicias. MANU GARCÍA

No sé quién diría primero eso de que quien resiste vence. Por lo visto es una frase legada del latín vincit qui patitur y muy utilizada por los humanistas de hace unos cuanto siglos. Resistir, vencer, perseverar, ser testarudo, éxito... todo me suena como a esa terminología de psicología positiva o de esos eslóganes de las escuelas de negocios y otras sectas de autoayuda. Bien es cierto que hay que tener cierta capacidad de aumentar nuestra tolerancia al fracaso y al dolor. No demasiado, lo justo, tampoco es totalmente positivo que nos hagamos los machitos intentando soportar lo que no es soportable.

Luego está, evidentemente, el que la vida está llena de momentos ideales para que nos fortalezcamos ante la desgracia y a que, como decía Santiago Álvarez de Mon, tarde o temprano nos llega la adversidad, nos ocurre a todos y tenemos que estar dispuestos a que florezca nuestro talento, nuestro carácter, nuestras ganas de remontar. No solo es cuestión de resistir, pero desde luego nada de abandonarse, o como se suele decir: si te aflojas, te afligen y, desde luego, coincido con Nietzsche cuando acertadamente nos afirma que quien tiene un porqué para vivir encontrará casi siempre un cómo.

¿Y a qué viene esto? ¿Estoy intentando escribir un libelo de autoayuda de esos que tanto critico? ¿Me he pasado al bando de los que encuentran siempre la verdad en alguna que otra cita de alguien célebre por encontrar la verdad en alguna que otra cita? Desde luego que no, todo este circunloquio falsamente intelectual es para hacer en estos momentos un giro de guión y acordarme de lo que somos capaces de resistir en este país ante el fraude, la hipocresía, cuando no la estupidez con la que nos tratan algunos políticos, pero no solo políticos. Sin ir más lejos, poniendo ejemplos de una de las acciones de lo público más importante como es la Sanidad, ayer intenté coger cita con mi médica de familia, nada grave desde luego, no me iba la vida en ello, pero sí era necesaria. La cuestión es que la cita no puede ser antes de unos diez días. No me vale.

Leo y escucho cómo en la Comunidad de Madrid abren los centros de urgencia ambulatoria sin médicos, enfermeras o celadores. Me cuentan cómo han decidido por mi distrito que los pañales para las personas mayores con problemas graves, que como mucho te recetan unos cuantos, que hay que ahorrar. Se siguen haciendo contrataciones de personal sanitario de días, semanas, apenas se cubren un porcentaje de vacaciones... y podríamos seguir que ejemplos hay de todo tipo. Y la gente aguanta. Y resistimos. Nos siguen contando la milonga, que ya se sabe empíricamente que es eso, una milonga, de que hay que bajar impuestos, sobre todo a los que más tienen porque según el silogismo que utilizan: si se bajan impuestos se recauda más. Pues no. Simplemente si se bajan impuestos hay que recortar servicios públicos o hacerlos insostenibles. Como la Sanidad.

Los servicios públicos se financian con nuestros impuestos y, normalmente, en un país democrático y sano –me refiero a un funcionamiento social normal– la fiscalidad es un elemento de solidaridad ¿Por qué la élites económicas –las personas con un muy alto poder adquisitivo, los ricos ya sea por nacimiento o vaya usted a saber por qué– no quieren pagar impuestos o como mal menor pagar muy poquito? Es muy sencilla la respuesta, cotejada por demás con lo que me dicen cuando se les pregunta: ellos no necesitan los servicios públicos. Directamente no quieren financiar algo de lo que ellos pueden prescindir. Si se ponen malitos pues se pagan un médico. Que tienen que ingresar en una residencia de ancianos, pues van a una privada con mayordomo y todo. Que la nota no da para la universidad, ¡qué más da! Se envía al angelito a la universidad privada y se acaba el problema. A mí, dirían ellos, déjenme de hostias, ni becas ¿para qué y para quién? ¿Paguitas para parados? Si mi niño no necesita ni siquiera trabajar. Y si tiene que trabajar en lo público ya sabrá cómo ser de los que mandan para poder hacer lo que le dé la gana y después en privado decir que su ayuntamiento o su hospital o lo que sea no funciona. La clase es la clase, el clasismo es lo que tiene. Pagar impuestos es de tiesos, a los ricos, a los poderosos, a los que te miran por encima del hombro, les importa un bledo el Estado del bienestar, ellos están en ese estado permanentemente.

Resistir es vencer. Hay que joderse. Yo llevo resistiendo no sé cuantos años y sigo sin vencer pero, oiga, no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista. Resiliencia le llaman.

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