Un detalle de 'Los fusilamientos del 3 de mayo', de Goya.
Un detalle de 'Los fusilamientos del 3 de mayo', de Goya.

Es realmente difícil, dadas las circunstancias, concentrarse en escribir algo que no tenga que ver nada con la situación que estamos soportando. El confinamiento, la incertidumbre por la evolución de la pandemia, la crisis económica subsiguiente y sus efectos terroríficos, el duelo por los fallecidos… Es muy complicado meterse en una burbuja que nos aísle de este estruendoso silencio que supone el tener las calles vacías, las ciudades y pueblos tomados por el estrépito del espanto y del miedo. Es también difícil imaginar una situación parecida en otros tiempos en los cuales ni la televisión, ni internet, redes sociales, videollamadas y demás soluciones de comunicación podían hacer más llevadero el sufrimiento de la soledad compartida de esta manera tan brutal.

La mayoría de la población, la mayoría –no me valen que salgan ahora los tiquismiquis con que había más o menos denuncias, detenciones o que en su barrios fulanito o zutanito salía casi todos los días- ha cumplido las medidas que las autoridades, basándose en criterios de los expertos en pandemias y salud pública, han dispuesto. El comportamiento de este sufrido pueblo ha sido, en mi opinión, ejemplar, más allá de la “guerra civil” que en las redes sociales se está librando a base de bulos, noticias falsas, insultos e indisimulados esfuerzos por cargarse al gobierno central y crear un ambiente hostil en donde se utilizan los muertos como carnaza de carroñeros nostálgicos.

Tiempo habrá de someter a escrutinio público a un gobierno que ha tenido luces y sombras en este trágico episodio. Tiempo habrá. Hoy por hoy lo que toca es seguir a rajatabla las condiciones que se han establecido en este estado de alarma, porque el jueguecito éste de indignarse porque no se toma una medida y volverse a indignar porque se ha tomado, indicar los problemas de gestión (por ejemplo mascarillas defectuosas…) y obviar esos problemas cuando los comete uno mismo. Algo tiene de positivo todo este despliegue en medios de comunicación, redes sociales y demás por parte de todos y es que con tanto confinamiento hay mucho tiempo para meter la pata y descubrirse –quitarse la careta— ante los demás.

Muchos hemos tenido que leer barbaridades en estos días, yo incluso tuve que hacer de tripas corazón cuando una empresaria local, bastante conocida, pedía en redes que a las personas que tuvieran ayudas públicas se les quitara el derecho a voto porque no eran independientes. Así sin sonrojarse…y cosas por el estilo. La gente se desahoga e incluso algunas tienen fuertes diarreas en el pensamiento que en algunos casos permite incluso de poner en duda las ganas de las distintas autoridades en acabar con esto de la manera más rápida. Pero es muy pronto para todo ello. El clímax todavía tendrá que llegar, la crisis económica será escalofriante aunque por lo menos en esta ocasión las primeras medidas que se están adoptando van en la dirección de proteger, en la medida de las posibilidades, al mayor número de personas posibles. 

Estamos en tiempos difíciles y vienen tiempos muy duros, durísimos, mas no debemos declinar nuestra responsabilidad como comunidad, como pueblo, de tener la vista puesta en la superación de todas estas circunstancias. Llegará un momento en que las cosas irán a mejor, que la situación sanitaria mejorará hasta conseguir que el Covid 19 esté controlado con medicamentos, vacunas y con un sistema sanitario que huya, de una puñetera vez, de los cantos de sirena que han supuesto los recortes, las privatizaciones indiscriminadas, y volvamos a tener la garantía de tener las espaldas bien cubiertas con servicios bien dotados, con personal suficiente y bien pagados, con inversión clara y abundante en ciencia. Llegará el momento en que el empleo comience a recuperarse, los pequeños y medianos empresarios recuperarán el aliento de poder tirar una vez más hacia arriba, la gente volverá a tener confianza y con esa nueva normalidad que nadie sabe como será –aunque seguro que hay “cuñaos” que ya lo saben— tendremos nuevamente un país dispuesto para afrontar el futuro con algo menos de vértigo.

Mientras tanto y con la dificultad –lo siento— de escribir de algo que no sea de esta situación, espero que hoy, que ya podemos salir a la calle respetando los parámetros que nos han indicado, y aunque nos resulte absolutamente lamentable el bochornoso espectáculo que ha dado el pasado viernes la Comunidad de Madrid en la clausura del hospital de campaña en Ifema donde los politiquillos de turno se saltaron todas las normas que en sus discursos no paran de mentar, seguiremos adelante, seguiremos aplaudiendo a todas esas personas que han hecho posible que podamos seguir confiando en la humanidad. Nuestro sufrido país a lo largo de su historia –de país de las maravillas para algunos, una historia muy complicada para otros— ha tenido demasiados momentos difíciles, este es particularmente complicado, pero estamos dispuestos a seguir dando la batalla para salir adelante, y salir adelante significa no dar pasos atrás –como desean algunos— ni para coger carrerilla. 

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