Aguado y Garrido inaugurando un dispensador de gel hidroalcohólico en el Metro. FOTO: COMUNIDAD DE MADRID
Aguado y Garrido inaugurando un dispensador de gel hidroalcohólico en el Metro. FOTO: COMUNIDAD DE MADRID

Viene al caso que hace unos años, más de diez, leí un libro de Javier Cercas, Anatomía de un instante, en el que hacía una crónica, exhaustiva y brillante, también en lo literario, sobre el momento en el que, el entonces, Presidente del Gobierno, Adolfo Suárez permaneció sentado en su escaño en el hemiciclo de las Cortes, mientras Tejero y sus secuaces, con procacidades incluidas, disparaban sus armas en el intento de golpe de estado de febrero de 1981. Podemos o no estar cercanos ideológicamente del señor Suárez, yo no lo estoy, se puede o no se puede aceptar su estrategia durante la transición del franquismo a la monarquía parlamentaria. Luces y sombras como todo, pero lo que es innegable que, en esos momentos, en la situación que se vivió el 23 de febrero de ese año, tanto Suarez como Santiago Carrillo y alguno otro más, mantuvieron con una valentía encomiable, y yo diría que hasta temeraria, la dignidad de todo un país. Lo cuenta Cercas, y está bien contado.

He leído en estos días que a un documental español, que ya vi cuando lo estrenaron en no me acuerdo muy bien que canal de televisión, le han concedido los máximos galardones televisivos, dos Emmy,  a los que se les conoce como los oscar de televisión. Le han dado el Emmy al mejor documental y el Emmy al mejor documental político. Se titula El silencio de otros, trata sobre como se ha ocultado la represión franquista, como por un acuerdo tácito en la transición se ha negado a varias generaciones de españoles, el conocimiento de lo que ocurrió en España desde 1936 hasta, como poco 1975, fecha de la muerte del dictador. Una de las imágenes icónicas del documental es la de María Martín, hija de una represaliada por Franco, sentada al borde de la carretera debajo de la cual está la fosa donde tiraron los restos de la madre, asesinada por los esbirros del general. Impresiona la foto, impresiona escuchar como esta mujer, ya también fallecida, dice ante la cámara, que ella no quiere ni venganza ni nada por el estilo, que lo que quería era poder enterrar a su madre. Impresiona como dice que la vida es injusta. Es la dignidad.

Estos días también he visto otra fotografía que recoge un instante que conviene no olvidar, diseccionar, analizar y, como diría Javier Cercas, estudiar la anatomía de ese instante, buscándole paralelismos, semajanzas y distancias con esos políticos que él mismo analizó en su libro, y también con María Martín, la emocionante mujer que vivió con dignidad, la dignidad que trataron de quitarle a través del asesinato cruel a su madre. La instantánea a la que me refiero es la de una fotografía del Vicepresidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, señor Aguado, junto con el Consejero de Transportes de la misma Comunidad, señor Garrido.

La fotografía está tomada en una estación de metro de Madrid, en ella se ve a estas dos personas bien vestidas, como corresponde a su posición y costumbres, y están frotándose las manos con el líquido, gel hidroalcohólico le llaman, que sale al presionar una especie de botón que tiene un sencillo aparato contenedor de dicho líquido y al que llaman dispensador de gel. Que esa foto exista es porque se convocó a los medios de comunicación a la inauguración de esos dispensadores en cincuenta estaciones del Metro de Madrid. Escasamente a unos 40 metros de este acto, en el anden de esa misma estación, varias decenas de madrileños, madrileñas y personas de cualquier lugar, pugnaban por encontrar esos cinco o seis centímetros de ventaja para poder montarse en un vagón en el que compartir sus sudores y sus alientos con otros viajeros.

Tanto Aguado como Garrido posaron ante los medios e incluso, a petición de los gráficos, repitieron varias veces el gesto de presionar el botón del inaugurado dispensador y frotar sus manos con el líquido salvador. Quedaban inaugurados los dispensadores y con ellos queda inaugurada la tranquilidad de todos los obreros, mujeres y hombres, estudiantes, chachas de los repeinados del barrio de Salamanca, usuarios, al fin y al cabo clientela barata de la Comunidad y sus representantes. La Comunidad de Madrid lo tiene todo bajo control y como muestra esa foto, en la que sale un Vicepresidente que hace años que no sabe como es un Metro, y un Consejero de Transporte que se supone que por mor del cargo ya lo conocería, aunque me apuesto todo mi patrimonio, un euro, a que antes de ser Consejero de Transporte no tenía un bono transporte metropolitano pues es de los que lleva muchos años paseándose en coche oficial por la villa y corte.

Son tres instantes, Suárez llenando de dignidad a todo un pueblo, María Martín una vida ejemplar rasgada por el dolor, y la de la inauguración de un dispensador de gel hidroalcohólico. Solo espero que algún día la conciencia de estos últimos no les deje en paz por reírse de tanta gente. 

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