Portada del disco de 'Supertramp'.
Portada del disco de 'Supertramp'.

Evidentemente en el título de esta columna me he ido directamente al año 1975, y concretamente, al quinto álbum del maravilloso grupo setentero de rock sinfónico Supertramp. El disco Crisis, what crisis? fue un éxito de ventas y es considerado de los mejores long play de la década. El hecho de traerlo a colación no es, evidentemente, para hacer acopio de nostalgia musiquera, ni tan siquiera para reivindicar a las grandes bandas de aquella época, nada de eso, se trata de lo simbólico que me resulta la portada del vinilo en cuestión, y que me sirve como ilustración explicativa de la situación actual. La portada del Crisis, what crisis? nos muestra un paisaje diatópico, siluetas de chimeneas grises que escupen humos grises, tierras quemadas, suciedad en el suelo, escombros…todo gris y con una apariencia de destrucción. Sin embargo, en el centro de la imagen hay un señor ataviado con bañador y cubierto sus ojos con unas gafas de sol, una mesita con su vaso largo, sombrilla y una especie de radiocasete. Es una imagen que contrasta con el resto, una gran portada, toda una alegoría de la irresponsabilidad, del drama de un mundo gris, devastado, mientras hay quien, ajeno a todo esto, vive una realidad paralela y totalmente distinta a la que viven los demás. No se me ha ocurrido mejor imagen para describir lo que, a mi modo de ver, está sucediendo hoy por hoy: el mundo está sobrecogido por toda una serie de circunstancias que nos están situando en el límite como especie y comprometiendo gravemente nuestra relación con un futuro más o menos parecido con lo que ya es pasado y a la vez, da la sensación que hay personas, sobretodo los líderes políticos, que están con sus gafas de sol, sus sombrillas, sus cubatas y mascullando eso de ¿crisis?¿qué crisis?

Varias son las epidemias que nos acosan y una de ellas no precisa confinamiento, no tiene a cientos de investigadores estudiando posibles curas y vacunas. Tenemos una epidemia producto de la pandemia que estamos soportando. El Covid 19 no solo es un virus que, a estas alturas, ha matado a cerca de un millón de humanos en menos de seis meses; tampoco es solo un virus que ha procurado la crisis económica más grave de los últimos cien años, por grave y por ser ésta mundial. El Covid 19 no solo ha puesto en cuestión nuestra capacidad solidaria, nuestra resistencia como sociedad, nuestras estructuras más o menos democráticas. No solo eso ha traído el virus, también está lo que nos quitó, y eso que nos quitó ya nunca volverá, el tiempo perdido nunca se recupera, los besos que no diste, lo abrazos que amagaste, las risas que contuviste…ya no los puedes recuperar. Nuestra pandemia, la que también estamos sufriendo es la pandemia de nostalgia. Algo de eso nos cuenta Iván Krastev, el escritor búlgaro en su ¿Ya es mañana? donde nos alerta de algo que ya es una realidad: El futuro no será como el pasado. No podemos volver a lo que llamábamos normalidad, de ahí, creo yo, de ese convencimiento, estaba la definición que hacía el gobierno a la situación post confinamiento: la nueva normalidad, que no es otra cosa que todo esto que estamos viviendo. Rebrotes, mascarillas, economías deterioradas, ocio recluido, relaciones sociales mediatizadas por el miedo y por esa nostalgia de lo que vivimos y que ya no podremos volver a vivir.

Esta situación, también mediatizada por mi nuevo pesimismo, no tiene los días contados, no es solo que haya una vacuna contra el virus, habrá otros. No olvidemos la crisis ambiental provocada por el cambio climático. En definitiva, que por más que haya personas que hagan como el de la portada de Supertramp, la situación de crisis no solo es una realidad, sino que es la futura realidad. Desgraciadamente no parece que las autoridades mundiales, o las que tienen la capacidad de cambiar el curso de la historia, estén por la labor de abandonar el cortoplacismo y poner luces largas en sus gestiones, y mientras va creciendo el nacionalismo excluyente y basado en el miedo al diferente, crece el miedo y con el miedo, las reacciones más radicales. Políticos mentirosos que mienten por nuestro bien ―eso es lo que parece que dicen cuando se disculpan de sus endiabladas capacidades para retorcer la realidad―, pero que son incapaces de darnos confianza y seguridad.

¿Crisis? ¿Qué crisis? pues hay quienes no creen que esto sea para tanto ―es verdad que históricamente siempre han existido personas a las que les ha venido al pelo eso de cuanto peor, mejor―… ahí se pudran. ¿La solución? Empezar por admitir que estamos en pañales en cuanto a la evolución de la crisis y su conocimiento. Por otra parte, la crisis a la que he aludido antes, la de la nostalgia, a esa pandemia silenciosa que nos hace irresistible el paso del tiempo… a esa crisis solo se pone solución de manera trágica, es nuestro sino.

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