Los 11 de septiembre se conmemoran efemérides como el atentado contra las Torres Gemelas.
Los 11 de septiembre se conmemoran efemérides como el atentado contra las Torres Gemelas.

Ayer sábado, 11 de septiembre, son varias las efemérides que se conmemoraron. Lo caprichoso que es el destino, cómo llega a jugar con las fechas para que al final coincidan en un mismo día, en distintos años, hechos, acontecimientos que, algunos con carácter global, otros más domésticos, marcan el curso de la historia, hacen que se produzcan giros copernicanos en los procesos de los pueblos y personas.

Los 11 de septiembre tenemos varias efemérides, recordamos varios hechos que, sin lugar a dudas, han marcado el devenir de los tiempos, son fechas y actos que siguen, a pesar de los años pasados, siendo recordados con mayor o menor intensidad, pero desde luego estoy seguro que ninguno de los que voy a nombrar os suenan poco adecuados o, singularmente, poco trascendentes.

El 11 de septiembre de 1714 se produjo la caída de la ciudad de Barcelona en manos de las tropas borbónicas, en el marco de la guerra de sucesión. Es la historia del comienzo de la dinastía borbónica en España y, desde hace ya más de un siglo, es el día de la Diada, la fiesta nacional de Cataluña. Hoy en día, mejor dicho, en los últimos años, a la consabida fiesta identitaria que, por cierto, no deja de ser igual que en otros territorios del Estado –todas las fiestas del día de algún territorio es una fiesta identitaria y buscan, se diga lo que se diga, la diferencia de unos con otros-, se ha añadido un componente independentista de una gran fuerza, la Diada como acto no solo identitario de Cataluña con respecto al resto de España, sino también, y esto es poco saludable, de unos catalanes con respecto a otros catalanes, independentistas y no independentistas.

En definitiva, y es lo que quiero subrayar, la efemérides, y es tendencia, está fundamentada sobre una guerra, en este caso de una derrota, y con ella, y está es la importancia, más allá de que sea el día que elijan los catalanes para reivindicar su estatus de pueblo o nación, ese día comienza de facto para toda España y territorios de ultramar, la dinastía borbónica…hasta hoy.

El 11 de septiembre de 1973, y por tanto también ayer cumplió un año más, se produjo el golpe de estado de los militares chilenos, encabezados por Pinochet, contra la democracia de ese país, asaltando el Palacio de la Moneda donde muere Salvador Allende, un símbolo de la izquierda y, en general, de los demócratas de verdad. 

La historia de este golpe es bien conocida: libros, documentales, fuentes directas e incluso películas como Missing. Todos nos cuentan como la alianza de la extrema derecha chilena con los grandes empresarios del cobre y los servicios secretos de los Estados Unidos, acabaron de un plumazo con una experiencia de la izquierda en América Latina que era molesta para los estadounidenses que no querían ni oír hablar de escenarios parecidos a los de Cuba. El intervencionismo yankee tiene en ese día, y en ese golpe, uno de los más dolorosos ejemplos que fue cultivando por todo el cono sur del continente impidiendo, siempre con las armas y contra el pueblo, cualquier experiencia democrática, a las cuales ellos por definición consideraban comunistas.

Y ayer se conmemoró otro espanto, uno de los momentos que podríamos considerar de alumbramiento del siglo XXI, con todo lo que llevamos vivido: el ataque por los terroristas de Al Qaeda a los Estados Unidos, con esas imágenes, de las más impactantes que podemos mantener en nuestras retinas, del ataque a las Torres Gemelas o al Pentágono. Nada ha vuelto a ser igual.

Fueron unas 3000 víctimas, muchos miles más de heridos y las consecuencias que hoy día seguimos sufriendo: la guerra como fórmula de combate del terrorismo, como acuñó Bush y secundaba Aznar, se iniciaba la guerra contra el terrorismo para proteger nuestras gentes y ciudades. Resultado: Las acciones terroristas se han multiplicado, la inestabilidad de un buen puñado de países convertidos en canchas de prácticas de tiro. Mayor inseguridad, desigualdad, odios, retrocesos en las libertades y derechos en muchos estados, incluido el nuestro, con legislación que, con el pretexto del combate al terrorismo, debilita la democracia, haciéndola más cómoda a determinados poderes fácticos, económicos, militares… 

Son efemérides. Son fechas que no podemos olvidar. Hay más, muchas más, y lo que más duele es que, casi todas, tienen que ver con la guerra, con la derrota, con la muerte. ¿Os imagináis que los hechos que conmemoramos en estas tres efemérides, a las que me he referido, no hubieran ocurrido? ¿Cómo sería el mundo? ¿Cómo seríamos nosotros?

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