Empieza un tiempo en Jerez al que el Ayuntamiento no duda en referirse como “apasionante”.

Empieza un tiempo en Jerez al que el Ayuntamiento no duda en referirse como “apasionante”. Pues claro. Con la Semana Santa encima y la Feria del Caballo a poco más de un mes, con el Gran Premio de Motociclismo por el medio, Jerez entra en ese momento anual que no por conocido y programado deja de ser un tanto disparatado: hala, venga, a celebrar la primavera antes de que la llegada del estío reseque todo, desde las tierras hasta los hombres, remedo sureño del ‘orballo’ de Cela y a su vez de la lluvia de Joyce. Es un tiempo… cómo diríamos, como de reventón, de darlo todo, lo que se tiene y lo que no, de más corazón que cabeza… exactamente la forma en que tradicionalmente ha funcionado el Ayuntamiento de Jerez.

Sin duda, ahora es el tiempo también en el que el gobierno municipal se apresta a alcanzar —estaba a punto de escribir ‘celebrar’, pero al final me he cortado— la mitad de su mandato. Fallida, como no podía ser de otra forma a estas alturas del mandato, la incorporación de IU y Ganemos al gobierno, los socialistas se disponen a coger aire para los dos años de mandato que quedan, dos años en los que tienen que conseguir que la ciudadanía visualice gestión si quieren tener opciones de repetir —¿repetir?, ¿repetir qué?— perdón, de seguir en 2019. Eso al menos es lo que dice el manual. Han sido —casi— dos años dedicados a poner orden en las cuentas municipales, meses en los que siempre ha revoloteado el tema del ERE municipal y en los que poco o nada se ha visto de gestión.

Ahora, la resolución definitiva del nudo gordiano de un hipotético pacto con otras fuerzas de izquierda —aunque todo haya acabado en ‘no’— más la esperada llegada de dinero para la ciudad a través de distintas iniciativas de programas de la Unión Europea, se contemplan como ese bálsamo que puede hacer más llevadero —mucho más llevadero— el segundo tramo del mandato. En cualquier caso, no todo el horizonte aparece disipado para el gobierno municipal. A corto plazo, además de su ya proverbial minoría minoritaria, habrá que ver qué ocurre con la precaria ‘pax’ social alcanzada con los sindicatos representados en el Ayuntamiento, a ver cómo se digiere la bajada inducida de sueldos. CGT, por lo pronto,  ya ha enseñado la patita con el día de palcos caídos…

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