Todos podemos ser el héroe de Adamuz de 16 años

Dejó atrás a ese muchacho en la edad del pavo y se convirtió en un héroe, en alguien abnegado cuya única misión es ayudar

21 de enero de 2026 a las 10:12h
El rey Felipe VI saluda a Julio Rodríguez en Adamuz.
El rey Felipe VI saluda a Julio Rodríguez en Adamuz.

Todos podemos ser héroes por un día, dijo David Bowie. Eso es lo que le ha pasado a Julio Rodríguez, el héroe de Adamuz, el chico que junto a un amigo fue a ayudar a las personas que sufrieron el accidente ferroviario el pasado domingo. Así es como lo tildan todos los medios y la gente en la calle, admirados. Y es que, sin duda, lo es. Sin embargo, hasta ese momento, unos minutos antes del siniestro, no era ningún héroe. Era un chaval de dieciséis años que había ido a pescar con otro. No un héroe; sino un menor, un chico que pasaba el rato, con poco que decir, e incluso alguno diría que con la cabeza atontada por el TikTok y porque los chavales de mi época estábamos hechos de otra pasta.

Era un adolescente más de dieciséis años, sí, pero entonces sucedió la desgracia. El chico empezó a ver coches de policía por todos lados y decidió acercarse para ver qué pasaba; allí encontró los vagones siniestrados, destruidos en medio de la nada. Y ahí todo cambió. Y el chico sufrió una metamorfosis. Así, de hecho, lo contaba el propio muchacho: “mi cuerpo se convirtió en otro y solo pensaba en ayudar, sea como sea”. Se transformó en otra persona. Dejó atrás a ese muchacho en la edad del pavo y se convirtió en un héroe, en alguien abnegado cuya única misión es ayudar. Alguien que deja de mirarse el ombligo y tiende la mano. Eso hizo Julio, un muchacho como tantos que vemos cada día, como tantas personas con las que nos topamos.

Muchos se llevan las manos a la cabeza ahora y aseguran que este chico es un ángel, que hay muy pocos como él, con esa capacidad de sacrificio. Hay adultos asombrados dispuestos a enaltecer esa juventud anteriormente denostada. Pero se equivocan. Lo que ha hecho Julio no es transformarse en nadie. Simplemente, ha revelado una parte de sí mismo que la mayoría de esos seres que componen la especie humana guarda dentro. Un tesoro que buena parte de nosotros morirá sin ver, porque, pese a la precariedad que nos acecha y a las situaciones excepcionales como esta, vivimos en un contexto cómodo.

Una época poco propicia para el heroísmo. Pero si las condiciones son las adecuadas, muchas de las personas que vemos a diario: nuestros vecinos, conocidos, esa gente que vemos a menudo en la cola del súper, muchos de ellos simples, vulgares, maleados por sus contextos sociales y por la decadencia de la educación y el narcisismo de nuestra sociedad, nos sorprendería. Esas personas, en las condiciones adecuadas, sin tener la más remota idea de quién eres, de tus circunstancias personales, si eres o no buena persona, un redomado egoísta o un altruista irredento, obrero o empresario, si vas a votar a VOX o al PSOE en las próximas elecciones; esa gente, repito, te salvaría la vida. Y daría incluso la vida por ti.

Es una pena; pero siempre fue así. Nunca vimos a héroes en épocas y lugares calmados, cuando lo más convulso que sucede en el día es que han expulsado de OT a tu concursante favorito. El héroe surge en las crisis, en los momentos donde la calma del mundo se desgarra. Ahí, justo ahí, un hijo de vecino, un cualquiera se convierte en héroe y demuestra lo que siempre estuvo, latente, pese a todo: ese manantial incorrupto de humanidad. Porque, aunque no lo creamos, todos podemos ser como Julio. Todos podemos ser héroes por un día.

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