No creo que el pueblo andaluz esté tocado por la gracia divina de la que disfrutan, al parecer, sus gobernantes. Si acaso, estamos tocados por otro tipo de gracia, aquella que nos hace ser fuertes ante las adversidades y tolerantes con todo.

Sin duda, han sido sorprendentes las palabras pronunciadas por Javier Lambán, presidente de Aragón y secretario general del PSOE en esa comunidad, pronunciadas durante un acto en la agrupación socialista de Umbrete (Sevilla), en las que, parafraseando al torero de Triana Juan Belmonte, auguraba a la presidenta andaluza, Susana Díaz, un futuro en el que tendría que templar mucho, pero, sin embargo, en el que acabaría mandando.

Pero, para redondear la faena (permítanme la expresión taurina para no desentonar con la cita) añadió que "los dioses del socialismo y de la política la cubren con un manto más poderoso del que la cubrían hace un año". Bien, después de escuchar esta frase, uno no puede, por más que lo intente, dejar de pensar qué es lo que ha provocado que esta mujer se haga más poderosa de lo que era en el transcurso del último año. Y, por otra parte, urge hacerse la siguiente pregunta, más importante si cabe: ¿existen realmente los dioses del socialismo y de la política?

En respuesta a la primera cuestión, ciertamente, no veo ninguna ganancia de poder de la secretaria general del PSOE-A más allá de su investidura como presidenta de la Junta de Andalucía el 11 de junio de 2015. La repetición de elecciones generales el pasado 26 de junio supuso la pérdida de 2 escaños de los 22 obtenidos el 20 de diciembre del año anterior, además de la pérdida de la primera posición del PSOE en Andalucía en beneficio del PP, por una diferencia de casi cien mil votos. Quizás su poder pueda deberse, más que a ganancias propias, a pérdidas ajenas, como la de la condición de secretario general de Pedro Sánchez.

De ser cierto la segunda, es decir, que existen dichos dioses y, supuesto que ellos conceden su gracia a determinados gobernantes, cabría preguntarse si esta gracia llega al pueblo que estos gobiernan. Dicho de otra forma, ¿estamos los andaluces y las andaluzas tocados por la misma gracia divina que nuestra presidenta? La verdad es que no tengo respuesta para esa pregunta. Mi sensación es que no. Sensación que comparto en esta columna de opinión como cada martes. Tres datos refuerzan esta sensación. El primero: la tasa de paro en la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre 2016 es del 28,52% en Andalucía, solo superada por Melilla. El segundo: el alumnado andaluz ocupa el último lugar en el ranking de la prueba de competencia en ciencias de PISA 2015, y el penúltimo lugar en las pruebas de comprensión lectora y competencia en matemáticas. El tercero: la población andaluza se está movilizando en las calles de nuestras ciudades, empezando por Granada, en demanda de una sanidad pública de mejor calidad. Es la llamada marea blanca, que el próximo viernes 16 se manifestará en Jaén, coincidiendo con un acto de Susana Díaz. Estos son los datos. Aunque podemos matizarlos, estos son.

Definitivamente, no. No creo que el pueblo andaluz esté tocado por la gracia divina de la que disfrutan, al parecer, sus gobernantes. Si acaso, estamos tocados por otro tipo de gracia, aquella que nos hace ser fuertes ante las adversidades y tolerantes con todo, incluso ante tanta ignorancia y soberbia para con nuestra tierra que andan sueltas por esos mundos.

Para terminar, he de decirles que, como decía el filósofo griego Epicuro, no niego la existencia de los dioses, sean estos los que sean, pero si cuestiono que se preocupen de nimiedades como nosotros. Decididamente, no merecemos su atención, por lo que no hay que esperar ni su recompensa, ni temer su castigo. Lo demás, como probablemente haya dicho alguna vez algún torero, son ganas de decir tonterías.

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