Tiene naciones la cosa

Sebastián Chilla.

Sebastián Chilla

Graduado en Historia por la Universidad de Sevilla. En la actualidad, curso Antropología Social y Cultural por la UNED y el Máster de Profesorado en la Universidad de Granada. Cuento historias y junto letras en lavozdelsur.es desde 2015. 

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¿Nadie recuerda ya por qué Andalucía goza de un estatus de nacionalidad histórica y qué supone ello para nuestra tierra?

Hoy es la Diada y con ella y con el referéndum del 1-O hasta en la sopa, me viene al recuerdo aquel verano en el que, tras haber rechazado el Tribunal Constitucional un buen número de artículos del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, el pueblo catalán se echó a la calle. Nadie habla de ello pese a que fue el comienzo de. Y hace tan solo siete años. Aquel verano, España ganó el Mundial de Sudáfrica y la mayoría de los catalanes (ese mismo verano estuve una semana y media allí) compartía una actitud de normalidad con respecto a España. En el fútbol, como en otras cosas, era perceptible. Y viceversa. Aunque algunos, al otro lado del Ebro, ya empezaron con aquella estúpida y cuñadísima campaña de no comprar productos catalanes, como el cava en Navidad.

Y es que no es cosa nueva. Me refiero a lo del anticatalanismo y tal. Y entendiendo al españolismo como parte de ello, tampoco es nuevo lo del antiespañolismo. Sin embargo, el fenómeno se ha acrecentado exponencialmente durante los últimos años, precisamente a raíz de la sentencia del Tribunal Constitucional. La mecha estaba encendida... solo era cuestión de que prendiera. Hoy la Policía, como en los tiempos de Paquito, registra imprentas... y en “la novena provincia andaluza”, se juntan el hambre con las ganas de comer. ¿Cuándo les dejarán votar con garantías? Supongo que cuando los españoles de menos de 60 años votemos nuestra propia Carta Magna. ¡Vaya democracia!

Pero dejemos de hablar del Procés, que de Procés para el resto de los que habitamos el Reino de España tiene poco. Dejemos de hablar, simplemente, para que aquellos que no se callan ni debajo de agua vengan también a callarnos la boca a los demás. ¿Un caramelito, Susana? Pedro Sánchez se columpió (y bien) días atrás cuando habló de “las tres naciones históricas” y abandonó a Andalucía, una vez más, como si nada. Y es que cuando hablamos de naciones parece que sólo hablamos de los que patalean... y que, de hecho, ahora sólo conviene de hablar de ellas en referencia al Procés. ¿Nadie recuerda ya por qué Andalucía goza de un estatus de nacionalidad histórica y qué supone ello para nuestra tierra? ¿Nadie de Despeñaperros para arriba hace referencia al singular (e irregular) proceso (sí, proceso) que llevó, con los andaluces en la calle, a Andalucía en la Transición a un estatus similar al de las “tres naciones” de Sánchez?

¡Pues tiene naciones la cosa! Y más cuando tampoco se habla de aquellas naciones que, sin serlas, gozan de una fiscalidad diferenciada del resto del territorio español. ¿Cuándo escucharemos hablar de la Comunidad Foral de Navarra? ¿Será eso de que la tradición es tradición y no se toca, como con los toros? Nación de naciones... o nación de nacionalidades y comunidades. ¡Y eso qué más da! Si a la hora de la verdad el debate territorial de la prensa solo se basa en vacuas nomenclaturas y no trasciende más allá. Si no, escuchad la radio o la televisión y veréis. Del continuo y repetido “café para todos” al “café para nadie”. La pregunta es: ¿por qué no nos podemos hacer el café solitos? Yo tengo un molinillo y una Bialetti que hacen un café magnífico.

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