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No he leído a José María Pemán. Como casi nadie. Está bien: nadie. Al menos nadie menor de 50 años. Durante la EGB y el instituto se le citaba en algún libro de texto de Literatura, creo que más como dramaturgo que como poeta, pero no recuerdo que hubiera ningún texto suyo en el Senda, que era un libro muy moderno. Hablo de Madrid, ignoro qué suerte corrió en Andalucía siendo el escritor gaditano, pero me da que fue aún peor…

Con la polémica creada a partir de la posible retirada de su busto del Teatro Villamarta y el posicionamiento a favor de lavozdelsur.es y en contra del Diario de Jerez, me he molestado en leer algo estos días sobre la figura del escritor. Lo primero que me ha llamado la atención es que, tal y como recoge su nieto Guerrero Pemán –al que conozco personalmente, daba por hecho el parentesco, pero ignoraba tal grado de proximidad- en un artículo aparecido en el diario, Pemán fue varias veces candidato al Nobel. No lo sabía, pero leo que efectivamente fue así. Bueno, le han dado el Nobel a muchos escritores menores, pero no deja de ser un dato importante. Con todo, lo que más me ha chocado, perdón por mi ignorancia ahora confesa, es que el autor del himno nacional de la España franquista no es tal. Pemán escribió realmente la letra del himno nacional en 1928, por encargo de Miguel Primo de Rivera, al final de la ‘dictablanda’. La letra fue luego ‘falangizada’ en los primeros años del régimen franquista, en los 40, sustituyéndose, por ejemplo, un neutral “alzad la frente” por “alzad los brazos” y “los yunques y las ruedas” por “los yugos y las flechas”. Otra cosa es el silencio del escritor que acompañó a estos cambios… (y el de la izquierda la semana pasada, ya que nadie se acordó de recordar en el pleno municipal la autoría, al menos parcial, como ‘pecado’ del autor cuestionado, me da que más por ignorancia que por olvido).

Les voy a decir algo. Si se lee la letra del himno, tal y como la escribió Pemán, no le veo ningún problema (me van a colgar, lo sé). No está mal ni desde un punto de vista literario ni de corrección política. Es cierto que incluye la palabra ‘fe’, pero va más por el futuro que por la religión, y habla de “una vida nueva, fuerte, en trabajo y paz”, nada del rollito bélico de la tan apreciada ‘La Marsellesa’, por cierto. Es verdad que recoge los para algunos sospechosos “viva España” y “triunfa, España”, que supongo que habrá a quien le parezca inadmisible, pero claro, es complicado decir en un himno “vivan los pueblos que conforman el Estado Español” (y respecto al “triunfa, España”, pues es casi futbolero, con perdón, así que admisible para una gran mayoría).

De todas formas, este cronista, como Gustave Flaubert, por citar, ahora sí, a un grande de la literatura, cree que los himnos y las banderas tienen mucha mierda y sangre (solo me he puesto una vez una bandera por encima de los hombros: la del Atlético, una vez, ya digo, y con resaca… no creo que se vuelva a repetir) como para prestarles más atención. Todos los himnos. Todas las banderas. Además, por edad formo parte de los inventores-cantores de la versión, sin duda definitiva, del himno nacional, la que empezaba “Franco, Franco, tiene el culo blanco porque su mujer lo lava con Ariel…”. No deja de resultar curioso que uno de los ataques más duros que sufrió el régimen de un señor que, al fin y al cabo, murió de viejo y mandando, surgiera en los patios de los grupos escolares –me encanta el nombre, deberían recuperarlo- de primeros de los 70 en España (además esta letra apócrifa debería hacer que se replanteara seriamente donde nació el punk: como queda claro, ya existía antes del Londres de 1976).

Pero volvemos al futuro del busto. Hay que decirlo ya: el cronista no tiene al respecto una opinión clara, formada y defendible, cosa que me parece natural, no se puede tener una opinión clara, formada y defendible sobre todo. Lo único que digo es que no soy partidario de remover –e inevitablemente reinterpretar- el pasado y eso aquí vale para los dos bandos. El busto no estaba históricamente en el Teatro Villamarta, lo ha puesto la política, no la literatura… pero por el mismo motivo creo que debería quitarlo la literatura, no la política. Una razón. Doble razón.

Tampoco comparto casi nada de lo que se ha escrito, en clave de política municipal, sobre el supuesto ‘cambio de cromos’ entre PSOE y Ganemos y que este asunto, sin duda una pamplina para el PSOE, cree malestar en el acuerdo más tácito que escrito entre ambas formaciones. De hecho veo la situación al contrario, creo que el PSOE seguirá relativamente cómodo mientras le dejen seguir en la cocina (la gestión) y sólo le pidan de vez en cuando, a voces desde el salón (cara a la galería), sin meterse en la cocina, una tapita de aceitunas… que eso es el sacrificio del busto de Pemán para el PSOE: una tapita de aceitunas… y ni siquiera estoy seguro de que sean rellenas de anchoa.



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