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Ahora se llama EBAU (Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad). Las siglas han cambiado. Antes era la PAU (Prueba de acceso a la Universidad). Pero el cambio de términos a la hora de denominar la Selectividad de toda la vida no quiere decir que la prueba haya progresado. En cuanto a evolución de terminología en el sistema educativo no nos gana nadie. Que si LOGSE, LOE, APA, AMPA… Pero el atraso en lo que va más allá del nombre de estas cuestiones continúa. Estos días miles de alumnos se enfrentan a la Selectividad. Afrontan esta prueba como un momento trascendental en sus vidas. Es lógico que se lo tomen así. Dentro de un tiempo, cuando echen la vista atrás, verán que no era para tanto, que quien la sigue la consigue y si no llegan por este camino ya llegarán por otro. Pero ahora llevan un año preparándose para este examen que determinará si podrán estudiar la carrera universitaria que desean o por el contrario tendrán que dar otro rumbo a su vida. 

De alguna manera hay que filtrar y otorgar las plazas a quienes más se lo merecen. Pero esta prueba ya se ha quedado antigua y tiene mucho de injusto. Algo que aprueba más del noventa por ciento de los que se presentan demuestra que no selecciona, que es puro trámite. Es cierto que tiene más peso la calificación que los profesores otorgan a los alumnos en los institutos. Menos mal. El único problema de este aspecto es que algunos docentes (la minoría) favorecen a los alumnos inflando sus notas, casi siempre dependiendo del tipo de centro educativo en el que estudie. Por eso si se puede sacar algo positivo de la Selectividad es que casi siempre la calificación que obtienen los alumnos que han estudiado en centros públicos se ajusta a la que han tenido durante el año académico. 

Pero es una pena que tres días de exámenes tengan tanta validez (un cuarenta por ciento frente al sesenta por ciento del expediente académico) y que no se tengan en cuenta otros aspectos para que los jóvenes consigan su objetivo. La forma en la que se valora y las materias que se evalúan ya no sirven para determinar quiénes serán los futuros médicos, ingenieros, profesores, biólogos o periodistas. Saber cultura general es fundamental. Tener conocimientos de historia, filosofía, matemáticas, física, química o idiomas enriquece. Pero hacer que los jóvenes lo estudien para soltarlo todo en tres días es un sinsentido. Al final se olvidarán de lo aprendido porque el objetivo no era adquirir conocimientos, era sacar nota.

Lo que habría que hacer es valorar el interés real de cada alumno por la carrera universitaria que va a escoger, ver sus conocimientos sobre temas actuales, enseñarles cómo funciona el mundo laboral. Así se les ayudaría más a elegir el camino que desean y se vería quien está capacitado o no para emprenderlo. Pero a los que mandan esto no les interesa. La Selectividad es la abuela de la educación por mucho que le cambien el nombre. Pasan los años, hay cambios, pero ella resiste cual superviviente. Es lamentable que desde arriba la Universidad se vea como un negocio y la ahora denominada EBAU forma parte de ello. 

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