Abejas en un panal, en una imagen de archivo. FOTO: MANU GARCÍA
Abejas en un panal, en una imagen de archivo. FOTO: MANU GARCÍA

Esta es la verdadera historia de cómo se produce el cambio de lugar de un enjambre de abejas, tal y como los estudios científicos han demostrado, y así se relata en la serie Cosmos, de donde está basado este artículo. Las abejas pueden hacer precisos cálculos matemáticos para encontrar la flor que le alimente mejor, y han creado un lenguaje para comunicarse basado en movimientos precisos y certeros, que utilizan para informar a las demás exactamente dónde se encuentra el alimento, utilizando al Sol como brújula.

Y ese mismo lenguaje lo utilizan en sus debates políticos para la toma de decisiones por consenso. En momentos en los que nuestras democracias pasan por un delicado momento y se sostienen por una fina cuerda, echar un vistazo al trabajo en una colmena no es baladí. La colmena no establece jerarquías, la reina no es una monarca absolutista, su papel es meramente reproductivo y cualquier abeja hembra, y la mayoría los son, puede ascender al trono con la comida adecuada.

Cuando la temperatura aumenta y los árboles empiezan a florecer, transfiere su cetro a una nueva generación de reinas, cosa que ocurre al final de la primavera o principios de verano, cuando la mitad de las abejas de la colmena están más inquietas y sienten que deben abandonar la colmena madre y crear otra nueva. Pero se necesita valor para irse de casa y lanzarse a lo desconocido, por tanto la búsqueda del nuevo hogar se torna en un ejercicio arriesgado, y para ello las abejas tienen un protocolo.

Las exploradoras inician las misiones de reconocimiento analizando los árboles del bosque en un radio de 5 km para establecer el mejor lugar para su nuevo hogar, asegurarse que dispone de las dimensiones exactas de altura, anchura y profundidad, es fundamental para que en el siguiente invierno no muera la colmena completa.

Cuando vuelven todas las exploradoras, las abejas celebran su asamblea anual, cada exploradora presenta sus argumentos a favor del mejor sitio que ha descubierto, usando su lenguaje del movimiento para promocionar el hogar que ha elegido entre las demás. Cientos de exploradoras promocionan su lugar preferido, por lo que al principio hay división de opiniones ya que cada participante atrae a su propio grupo de seguidoras.

En nuestras conferencias políticas las personas suelen mentir, nos presionan apelando a nuestros miedos, a nuestros enemigos y la búsqueda constante de culpables, pero las abejas no se pueden arriesgar a eso, ellas al igual que nosotros, saben que el futuro depende de ver la realidad tal como es, pero por alguna razón a los humanos se nos manipula y engaña fácilmente, las abejas sin embargo tienen que ajustarse a los hechos, deben ser precisas, sin alabanzas en exceso, actúan como si comprendieran que la verdad importa, que no se puede engañar a la naturaleza, algo que no se estila en nuestras decisiones políticas como especie.

Se ha descubierto recientemente que cada abeja exploradora tiene un hogar ideal en mente, como nos pasa a los humanos, por eso las demás exploradoras del enjambre no se fían a pies juntillas y van a ver el lugar para realizar un estudio independiente, el escepticismo en este caso es un mecanismo de supervivencia.

El resto de exploradoras, si el nuevo hogar propuesto es óptimo, se añaden a la que dio las coordenadas precisas, y vuelven al enjambre para indicar con sus movimientos que es idóneo. Así las exploradoras son las primeras que llegan a un consenso, realizando todas al unísono el mismo baile, intentando con ello convencer al resto del enjambre.

Sin engaños ni violencia, sin acuerdos fraudulentos, teniendo la supervivencia como objetivo primario, diciendo siempre la verdad, todas las exploradoras realizan la misma danza, y en ese momento el enjambre completo se traslada de un solo viaje al nuevo hogar.

Quizás debamos replantearnos, si somos la especie dominante en este planeta, cual debe ser nuestro modelo de sociedad, nuestros valores fundamentales y cómo gestionar nuestra relación con el resto de especies y naturaleza, para conseguir que al menos, seamos una de sus especies en el futuro.

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