Innovar en el medio rural para retener y atraer población es posible y podemos hacerlo con propósito y voluntad de sus ciudadanos, con inteligencia creativa y voluntad política. He aquí algunas de mis propuestas.
Resumen de la primera parte
A partir de mi experiencia como maestro en el medio rural expuse como un Primer Plan de Escuelas Rurales en Andalucía, que fue coordinado por un equipo de ocho miembros, uno de cada provincia, y tras un estudio de datos y unas jornadas de deliberación en 1985 se pudo dar una respuesta andaluza a una realidad socio-educativa que marcó un antes y un después en esos entornos.
Cuarenta años más tarde y ampliando el foco sistémico, no solo necesitamos accesos por carreteras y servicios digitales 5G y no solo escuelas de calidad, sino crear oportunidades para que el arraigo rural de las familias frene el reto demográfico.
Por todo eso expuse la importancia de hacer planes estratégicos locales, de revitalizar la acción lectora de los alumnos, de potenciar la formación y el entrenamiento en técnicas de creatividad y, seguidamente, orientarlas hacia el emprendimiento de proyectos y microempresas que tuviesen un arraigo local con una proyección hacia el mundo global a través de Internet.
Poner el foco en la “innovación sostenible” supone crear recursos nuevos que den valor y trabajo, pero que no entren en contradicción con la preservación del medio ambiente y que estén en sintonía con la Agenda 2030.
También expuse algunos estudios universitarios y experiencias que tratan de frenar la despoblación rural a partir de modelos de innovación educativa, cultural o económica. Ahora trataré de responder a mis preguntas finales en la primera parte de este artículo.
¿Qué modelo de innovación pondríamos en marcha? ¿Qué nuevos productos agrarios podríamos adaptar a nuestro medio? ¿Qué soluciones energéticas (fotovoltaicas, solares, ecológicas…) podríamos fomentar y gestionar mediante las llamadas Comunidades Energéticas? ¿Qué servicios atractivos podríamos ofrecer para un turismo sostenible?
Aprender a coordinar iniciativas y colectivos
Soy muy partidario de las experiencias piloto como modelos replicables en otros lugares. Por eso me gustaría imaginar un pequeño municipio inteligente en el que alguien leyera este artículo y quisiera tomar las riendas de su futuro.
No hay cambio sin personas proactivas, ni “revolución” que se precie sin un liderazgo compartido que sea capaz de visualizar y forjar los cambios en la realidad desde la cooperación y la unidad de acción. Si no sabemos cooperar, tendremos que aprender. Si no somos creativos o innovadores, tendremos que formarnos. Si no tenemos empleo tendremos que emprender y montar nuestras propias empresas: agrarias, industriales o de servicios.
Por eso, imaginemos que ya tenemos un grupo fuerte de personas en la localidad y queremos poner en marcha esta dinámica de innovación sostenible. Sugiero lo que llamo un motor de “cuatro tiempos”, que se mueva simultáneamente a diferentes grupos de edad, coordinados por una persona cada uno, que dediquen horas contabilizadas y hagan actividades que retroalimenten el conjunto:
- Tiempo de Formación (fomento del interés, de la curiosidad útil y de la Creatividad para escolares, jóvenes y adultos).
- Tiempo de Innovación (investigación, búsqueda y selección de posibles proyectos realizables en nuestro pueblo).
- Tiempo de emprendimiento (agrupación de equipos funcionales que puedan poner en marcha microempresas por interés común o capacidades de los socios).
- Tiempo de financiación (búsqueda de subvenciones, financiación o relación con otras empresas externas que puedan ser potenciales clientes).
Ejemplos de sectores, productos o servicios
Una línea estratégica clave de lo que llamo innovación sostenible es el incremento de la agricultura ecológica en nuestro medio porque se considera uno de los sectores agrarios más rentables en Andalucía, extensible a diversos cultivos (olivar, hortícolas, frutos secos, pastos para ganado) y porque hay una demanda interna y externa creciente.
Se estiman en más de 1,5 millones de hectáreas de cultivos ecológicos, y unos 30.000 empleos directos e indirectos. El fomento de nuevos cultivos y de la agricultura ecológica favorece las políticas demográficas al potenciar los pequeños pueblos y los nuevos modelos productivos sostenibles para mantener población y servicios.
La agricultura ecológica no solo retiene población, sino que es un factor activo frente al cambio climático porque es un sumidero de carbono (pastos ecológicos) y porque la eliminación de pesticidas y fertilizantes sintéticos protege los acuíferos y mantiene la biodiversidad.
Un ejemplo de innovación cuestionable y no sostenible pueden ser las plantas de biogás extensivas que se quieren imponer por una política energética mal entendida por la Junta de Andalucía y por Europa que pueden crear más problemas para el medio rural sin generar puestos de mano de obra significativos.
Los residuos de biomasa de la multitud de cooperativas oleícolas de Andalucía pueden generar compostaje positivo para frenar el creciente empobrecimiento de nuestros suelos. Mientras que una generación más alta de energías alternativas puede fomentarse por centrales más eficientes y menos contaminantes. Me refiero a las llamadas por el físico, informático y tecnólogo Juan González de la Cámara como centrales energéticas S.E.B.A (Solares, eólicas, baterías y amoniaco) de las que hablaré en otro artículo.
Estas centrales pueden abastecer a pueblos enteros y gestionarse con el modelo de Comunidades Energéticas. El valor innovador y sostenible de estos modelos es que pueden estar desconectadas de las redes eléctricas generales o defender su eficiencia como rentabilidad frente a las grandes empresas energéticas.
Otro potencial producto o servicio está siendo el turismo rural, sector creciente cuando se enfoca como una experiencia diferencial a lo urbano o, incluso, diferencial a otros destinos turísticos rurales. Aquí la creatividad y el saber promocionarse tiene mucho que decir.
Dentro de este sector el Ecoturismo agroalimentario con visitas a almazaras ecológicas (oleoturismo en Jaén) o bodegas de vino ecológico, con catas de AOVE y productos de kilómetro cero muestran cómo la producción “bio” se convierte en experiencia turística, conectando paisaje, gastronomía y relato histórico.
La innovación cultural, como se está realizando en el bello pueblo medieval de Urueña (Valladolid) “Villa del libro”, con apenas dos centenares de habitantes, tres museos y numerosas librerías, es un ejemplo de que la voluntad creativa de un pequeño grupo de personas ha creado un polo de atracción de turismo cultural.
Un proyecto de innovación cultural o de turismo dirigido a un segmento de viajeros que valoran la cultura es el que estamos intentando en Quesada (Jaén). Allí existe un museo moderno dedicado al pintor contemporáneo Rafael Zabaleta, ampliado con una zona para el museo Miguel Hernández-Josefina Manresa y el espacio José Luis Verdes.
En este conjunto museístico, inspirados por un poema de Hernández, “Llamo a los poetas”, hemos creado una biblioteca exclusiva de poesía, única en España, donde los poetas pueden venir en grupo o en solitario a depositar sus obras en una estantería que simula el mapa de España y dejarlo en los casilleros de su provincia o comunidad autónoma. En poco tiempo, ya han sido nueve los viajes literarios en autobús los que han venido a depositar obras, personas que tal vez nunca hubiesen venido a un pueblo en la periferia de Jaén y de Andalucía, y que se han sorprendido de la calidad de estos museos.
Quesada, con un rico entorno natural, junto a la Sierra de Cazorla, tiene un diferencial en estos museos y, además, es un destino que se ha popularizado con el éxito del libro La península de las casas vacías de David Uclés, vinculado familiarmente a este municipio al que ha renombrado con el nombre literario de Jándula. Sin duda, el turismo cultural es muy compatible con el ecoturismo y el senderismo respetable con los entornos rurales.
En suma, si queremos retener población en el medio rural necesitamos innovar en un contexto sostenible medioambientalmente. Y podremos innovar si formamos a los diferentes agentes en creatividad (en paralelo con la infancia, la juventud, mujeres y hombres adultos) y si creamos dinámicas sociales que refuercen la cooperación para emprender, introducir nuevos cultivos, elaborar nuevos productos o ofrecer nuevos servicios. Entre los que no debemos olvidar, servicios informáticos globales, con nuevos inmigrantes digitales que vengan a vivir y teletrabajen desde nuestros municipios con casas más baratas y ambientes naturales para su familia.



