De la creatividad a la innovación sostenible en el medio rural (parte I)

La escuela rural fue y es un elemento clave para sostener la población familiar (si cierran la escuela por escasez de niños los padres se marchan)

03 de enero de 2026 a las 08:59h
Un colegio público rural en una imagen de archivo.
Un colegio público rural en una imagen de archivo. JUAN CARLOS TORO

El reto demográfico en las zonas rurales andaluzas puede llevarnos a una progresiva despoblación y a la mal llamada “España vaciada”. Por el contrario, si queremos hacerle frente tendríamos que hacer algo urgente comenzando por respondernos: ¿Son tan determinantes las comunicaciones o la calidad de los servicios en el medio rural? ¿Puede la educación y la formación permanente en creatividad generar innovación aplicada y sostenible para revertir la despoblación? ¿Puede entrenarse la creatividad? ¿Existen ejemplos de innovación sostenible en entornos rurales? ¿Quién la implementará? Si le preocupa el medio rural y le impelen estas preguntas, siga leyendo, por favor. Intentaré argumentar mis tesis.

Mi experiencia rural

Soy hijo de un campesino jornalero muy lector y un maestro que elegí conscientemente ejercer en la escuela rural desde 1979 (Cañada Morales, Sierra de Segura, y desde septiembre de 1981 en la Escuela de Bolonia en la costa de Tarifa hasta 1991, con un paréntesis de tres años como técnico en innovación educativa en Sevilla). Ejercí en “escuelas unitarias”, llamadas así porque eran escuelas incompletas, de una única aula y un único profesor que trataba de educar juntos a alumnos de los cursos de la antigua EGB, chicos y chicas de los 4 a los 15 años de edad.

Tres años más tarde, como técnico en la Junta de Andalucía, promoví una encuesta y un estudio de todas las escuelas rurales de la comunidad con el lema “conocer los problemas, primer paso para resolverlos”, que tuvo una gran respuesta por parte de los docentes. Tras analizar los datos, a principios de noviembre de 1985, en Loja (Granada) impulsé y coordiné las primeras Jornadas de Escuela Rural en Andalucía, participando cien profesores vocacionales que ejercían en diferentes comarcas rurales de nuestras ocho provincias. Meses más tarde, coordiné la comisión de diferentes técnicos de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía que recogería las propuestas de aquel encuentro, por voluntad política del viceconsejero Juan Santaella, y con ellas se elaboró el I Plan de Actuación para la Escuela Rural de Andalucía, aprobado y después aplicado cuando yo ya había vuelto a mi destino en la Ensenada de Bolonia, donde tuve la suerte de diseñar una original escuela de dos aulas hexagonales con nuevos espacios y servicios. Aquel plan funcionó.

La cooperación activa de los maestros implicados y la decisiva gestión política fue clave, de tal manera que hubo un antes y un después para las pequeñas escuelas, unitarias o incompletas desde entonces vinculadas, administrativa y pedagógicamente, en Colegios Rurales Agrupados (CRA) en todas aquellas comarcas, la mayoría situadas en municipios de serranías mal comunicadas. Unas medidas compensatorias que supusieron el incremento de medios materiales y profesores, con estímulos a la permanencia de los mismos y a la renovación pedagógica.

Sin duda fue una innovación educativa rural que surgió de abajo-arriba (experiencia del Criper en la Sierra de Cádiz, Plan Alpujarras en Granada, entre otras), que fue asumida e impulsada por el colectivo de maestros rurales (Sierra de Aracena de Huelva, Los Pedroches y sierra de Iznajar en Córdoba, Sierra de Segura y Cazorla en Jaén, la Alpujarra, Serranía de Ronda, Los Filabres y Alto Almanzora en Almería, la Axarquía Malagueña, Campiña de Tarifa, Sierra Norte de Sevilla…), y contó con el decidido apoyo legislativo y presupuestario de la administración educativa socialista de esos años.

La escuela rural fue y es un elemento clave para sostener la población familiar (si cierran la escuela por escasez de niños los padres se marchan). Aun así, no siempre es posible mantenerla como servicio educativo para la infancia si el entorno socio-económico de aldeas y comarcas no genera un hábitat dinámico con una productividad integrada y sostenible que dé trabajo para mantener una pirámide de población equilibrada.

La realidad agraria andaluza de la década de los ochenta no se corresponde ya con la que se vive en el primer cuarto de siglo XXI en la Era Digital, pero también es cierto que podemos contar con nuevos y valiosos aliados para fijar la población creando valor, innovando cultivos y servicios, o atrayendo nuevos pobladores que teletrabajen. Para desarrollar mis propuestas, no solo seguiré hablando de aldeas, sino de municipios por debajo de los cinco mil habitantes que van perdiendo vecinos año tras año.

Reivindicar infraestructuras y crear posibilidades

Sin duda, las infraestructuras cuentan mucho. Por eso son necesarias unas buenas comunicaciones por carreteras cuidadas y con acceso, en menos de media hora, a la red andaluza de autovías, a ser posible también con acceso a la red de ferrocarriles. Pero no menos importante, es tener una potente red de comunicaciones digitales y de antenas 5G, para internet y telefonía móvil, así como una red de líneas eléctricas de alta tensión que permita la puesta en marcha de pequeñas industrias en cualquier comarca. Si no existen, la responsabilidad de los ciudadanos rurales y los ayuntamientos democráticos es reivindicarlas persistentemente. Aun así no todo depende de los demás, sino que también hay que crear posibilidades emprendidas por los propios ciudadanos.

La primera acción que sugiero a los municipios donde imparto conferencias o seminarios es elaborar un Plan Estratégico local o comarcal que parta de analizar con una matriz DAFO las debilidades y amenazas, contrapesadas por las fortalezas y oportunidades del entorno. Después, elaborar sendos esquemas un árbol de problemas y un árbol de posibles soluciones para visualizar gráficamente todos los factores sistémicos de menor a mayor grado y su relación. Para hacer ese plan se podría contar con técnicos especializados, pero, sobretodo, es imprescindible la implicación de los ciudadanos más comprometidos y conscientes para afrontar los proyectos que surjan de dicho plan.

La segunda acción es reforzar el sistema educativo-cultural con la creación de un Plan de Lectura y Creatividad local en el que intervengan docentes, directores de colegios e institutos de secundaria, bibliotecarios, cronistas, artistas, concejales de educación y cultura, y el alcalde o alcaldesa. Puede que parezca difícil y lejano el camino, pero mi experiencia y mis investigaciones vienen corroborando que los territorios más lectores están más desarrollados y viceversa. Además, parece evidente que la fórmula lecto-creativa funciona, a saber: “la Lectura desarrolla la Imaginación y la Imaginación es el fermento de la Creatividad, entendida esta no solo como artística, sino también técnica, científica, empresarial y social”. ¿Por qué entrenar la creatividad como actitud vital? Porque el mundo rural necesita jóvenes creativos que se propongan proyectos innovadores para mejorar su entorno o para operar desde allí con el mundo global al que se accede por internet.

¿Pero sabemos poner en marcha esos planes tan aparentemente intangibles? Rotundamente sí, sabemos hacerlo. Entre 2006 y 2010 elaboré con un equipo y pusimos en marcha un Plan Integral de Lectura y Comprensión Lectora en Alcalá de Guadaíra (Sevilla) presidido por el filósofo José Antonio Marina y promovido por la Fundación Alcalá Innova. Un programa que fue muy bien valorado por los especialistas y por los agentes locales, aunque, lamentablemente, fue víctima de los efectos indeseables de la crisis global de 2008-2012 sobre los ayuntamientos y sus entes. Estoy convencido, y así lo propongo, que este modelo es aplicable en versiones más reducidas y adaptadas a cualquier pequeño municipio que lo intente. Lo traté de explicar en formato de reportaje periodístico en una pequeña publicación titulada “La creatividad es la llave del futuro”.

La creatividad se entrena

Son muchos los especialistas que insisten en la crucial importancia de entrenar la creatividad para lograr innovación en amplios sectores. Lo propone Daniel Goleman, autor de Inteligencia creativa; Toni Wagner, autor de Creando innovadores; Edward de Bono en sus cursos para altos ejecutivos de grandes empresas de EEUU y en su libro Cretividad, 62 ejercicios para desarrollar la mente; lo propone José Antonio Marina en sus obras: El aprendizaje de la creatividad y Creatividad en la educación, educación de la creatividad. Claves para hacer de la creatividad un hábito. ¿Por qué no practicar con esas técnicas en niños, jóvenes y adultos comprometidos con el medio rural?

Sea con un método u otro, traté de plasmar mis sugerencias en los talleres de Lecto-Creatividad con una Baraja de ejercicios que recoge, prácticamente, todas las técnicas conocidas y aplicables a los diferentes campos de la creatividad para entrenarla y ejercerla frente a los retos de cada persona o de cada medio.

La universidad española también investiga y propone el aprendizaje de la creatividad para afrontar las comarcas rurales progresivamente empobrecidas. Estudios como La creatividad en el entorno educativo rural, (Universidad Internacional de la Rioja) de Elena Cordero Carcedo, aplica un Test de Inteligencia Creativa, un cuestionario y un test de inteligencia en relación al nivel socio-económico de la familia y propone un programa de intervención para fomentar el pensamiento creativo desde el ámbito lingüístico.

Asimismo, es muy interesante el concepto novedoso de Ciencia ciudadana para ‘auxiliar’ a la España vaciada, concretado en el proyecto Geovacui, que nacía en 2020 con el impulso de la Universidad Complutense de Madrid y la colaboración de varias entidades, que actualmente continúa aportando datos de gran valor para establecer acciones que reviertan el problema del éxodo rural.

Otras investigaciones universitarias de interés son: La innovación cultural como nueva mirada contra la despoblación rural. Caso de estudio: Urueña (provincia de Valladolid), de la Universidad Politécnica de Madrid, (de Sonia Sansone-Casaburi y otros). En este estudio “se aborda la reactivación del medio rural desde pueblos que han sido innovadores para mantener su vitalidad. En este caso, desde la tipología de “innovación cultural”. Finalmente, también destacamos, Innovación social y desarrollo territorial. Estudio de casos en áreas rurales de España y Escocia, de Néstor Vercher Savall; y, por último, La cultura y el patrimonio en la España rural (Universidad de Cádiz) por Antonio Javier González Rueda.

La innovación aplicada y sostenible

Imaginemos que en nuestro pequeño municipio rural tenemos un ayuntamiento activo y un grupo de ciudadanos formados para crear e innovar, con “inteligencia social” o “ciencia ciudadana” y comprometidos con su propio entorno. ¿Qué nuevos productos agrarios podríamos adaptar como cultivos a nuestro medio? ¿Qué soluciones energéticas (fotovoltaicas, solares, ecológicas…) podríamos fomentar y gestionar mediante las llamadas Comunidades Energéticas? ¿Qué servicios atractivos podríamos ofrecer para atraer un turismo sostenible? ¿Qué modelo de innovación pondríamos en marcha?

Dada la extensión de este artículo, trataré de responder y exponer una batería de sugerencias en una segunda parte de este artículo.

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