Intervención con un 'sintecho'.
Intervención con un 'sintecho'.

La casualidad vuelve a jugar con nosotros al despiste, ahora que vuelve a haber elecciones. La rabiosa actualidad indica que los temas serían Roma y los gays o las cloacas. Roma es un tema eterno y las cloacas van a duran algo más. Hablemos de los retretes.

El derecho a la vivienda, y a una digna, está consagrado, dicen, en la Constitución, pero no es cierto: está enunciado, algo muy diferente. El artículo 47 ya comienza con un verbo no adecuado a la situación: “disfrutar”. Se tiene derecho a disponer de una vivienda para vivir en ella, “digna y adecuada”. Disfrutar de la vivienda vendría luego, y podría venir si los poderes públicos promovieran las condiciones necesarias y establecieran las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho.

Ayer sábado hubo manifestaciones en varias ciudades del mundo para exigir el derecho a una vivienda digna, de precios accesibles y libre de especulaciones. En Berlín se recogieron firmas para elevar el derecho de petición para la expropiación de viviendas de las grandes sociedad propietarias.

En Berlín, informa Jacqueline Lang, un joven de 37 años afirmaba que “El derecho a la vivienda es un derecho humano, como ir al retrete”. Y habría que decir que sí, que en nuestra Europa ir al retrete parece un derecho fundamental. Los poderes públicos promueven la existencia de retretes públicos, exigen que un bar o una cafetería disponga de uno y accesible. Se trata, desde luego, también, de que las cloacas funcionen adecuadamente, que no se atasquen, que no despidan olores y que las aguas fecales no se mezclen con el agua limpia. Para esto hay leyes, leyes mucho más estrictas que para facilitar el acceso a la vivienda de tantas y tantas personas.

Los poderes públicos no se ponen de acuerdo, y cuando les aprieta la prisa por ganar las elecciones nos cuentan que no tienen, lamentablemente, una varita mágica. Y así van pasando los años, las décadas, y la solución no llega. Ayuntamientos, como el de Madrid de los tiempos del PP vendieron, es un decir, sus viviendas, o muchas de ellas, a esos que se conocen como fondos buitre.

¿La solución? La Constitución, en muchos puntos, necesita una buena rehabilitación de su edificio que incluya la vivienda como un derecho fundamental y no solo enunciativo. Es necesario que los ayuntamientos y otros poderes del Estado se comprometan exactamente con la puesta a disposición de viviendas dignas para los ciudadanos, y que esas viviendas lo sean en régimen de alquiler para evitar toda forma presente o futura de especulación. Hay que facilitar la aparición y viabilidad de cooperativas de viviendas, también en régimen de alquiler, sin ánimo de lucro y con una permanente fiscalización por parte del Estado. La ordenación del territorio, en pueblos y ciudades, desde estar sujeto a normas claras y evitar las recalificaciones caprichosas. Y evitar, por ley, la especulación por venta o alquiler, en lo que la regulación de la actual burbuja del alquiler vacacional es fundamental.

“No, es mi casa y hago con mi casa lo que me da la gana”. Una casa es un bien que tiene un marcado carácter social, y nadie está obligado a comprar casas como inversión. Quien quiera tener varias que las tenga, pero el Estado tiene el derecho a saber y a limitar el uso de esas casas en nombre de toda la sociedad. Porque el terreno es limitado el derecho sobre el terreno no es ilimitado.

Un lugar digno donde vivir no debe estar sujeto a los vaivenes electorales, ni a la aparición de decretos momentáneos. Necesitamos leyes pero necesitamos hablar de lo que significa vivir en la calle o con el agua al cuello del alquiler. Hay que incorporar al debate público un asunto muy serio: el de vivir en condiciones dignas, dignas de un ser humano. Y no podremos abordar este debate sin volver a hablar de la responsabilidad que todos los ciudadanos tenemos hacia la comunidad en la que vivimos.

La desregulación de todos los mercados que dieron a luz Reagan y Thatcher extiende, sigue extendiendo, su inmensa larga sombra de neoliberalismo contra los seres humanos. Existe otra forma de capitalismo. Existió un capitalismo menos agresivo antes del neoliberalismo. Tenemos que hablar de cómo vivimos todos juntos de un modo digno, como seres humanos, en este espacio limitado que es nuestro Planeta. Para eso está el Estado. Tenemos que reformular el Estado que destruyó el neoliberalismo para abordar una economía social razonable para [email protected]

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