Una escena de 'El gatopardo'.
Una escena de 'El gatopardo'.

Es curioso cómo juega el subconsciente, desde que Pedro Sánchez habló de unos nuevos Pactos de la Moncloa cada vez que quiero pronunciar su nombre me sale el de Felipe González.

En cada momento histórico se precisan de medidas adecuadas a su momento y querer rebautizar unos Pactos de hace más de cuarenta años para una situación de después de cuarenta años y después de la pandemia resulta interesante al observador. En primer lugar se encendieron todas las alarmas de, al menos, un par de analistas independientes y sagaces que vieron los peligros de la restauración del turno político bipartidista o la consagración del neoliberalismo en el que todavía nos encontramos. Los Pactos de la Moncloa tuvieron como consecuencia el bipartidismo y abrieron la puerta a que los esfuerzos económicos los pagaran, en primer lugar, los trabajadores.

Con esta prehistoria, y predemocrática, quiere el PSOE dirigido por Pedro Sánchez abrazar el nuevo mundo, la época de después de la pandemia, con un instrumento de ‘a.P.’. Utilizar la palabra Pactos de la Moncloa es utilizar su concepto. Con la rehabilitación de los Pactos de la Moncloa se busca que la sociedad sienta una querencia por su pasado mitificado de la Transición. No deberíamos olvidar que la Transición era ya como una vieja chaqueta raída y abierta por todas las costuras. Ni tampoco cómo las tres derechas y las elites financieras lo intentaron todo, lo legítimo y lo ilegítimo, para impedir el gobierno de coalición, que en realidad era el entierro de aquellos Pactos de la Moncloa que aseguraron la Constitución de 1978 para el apacible turno político en el Poder.

Se busca abandonar cualquier prospección hacia el futuro, denegar la experimentación o cualquier posibilidad que contenga verdadera novedad. Estamos, otra vez, en el salón de baile de la película El Gatopardo, de Visconti: que parezca que todo cambia, pero que no cambie nada o no mucho. Las elites empezaron a escogerse un sitio desde que empezó la epidemia, no lo olvidemos. Razón por la que las derechas desbocadas tratan de derribar al Gobierno en este momento critico no solo en España sino en todo el Mundo. No olvidemos que especialistas alemanes en derechas ultras advirtieron de cómo esas derechas ultras consideraban una gran crisis social como el momento ideal para hacerse con el Estado, y cómo en esos momentos iniciales de la pandemia las autoridades alemanas combatieron a las derechas ultras con detenciones y prohibiciones.

Los anuncios sobre los nuevos Pactos de la Moncloa, a los que se niegan las derechas, de entrada, son declaraciones públicas que buscan inmunizar a la población y a la ciudadanía contra una posible resistencia contra esos mismos Pactos.

Durante la pandemia se han tenido que tomar decisiones rápidas, improvisadas, para tratar de gobernar, sobre todo, una mortandad incontrolable. Pero entre esas decisiones se han tomado medidas que deberemos repensar seriamente, y que deberíamos seguir criticando por innecesarias: el lenguaje militar y la presencia de uniformes que tratan de acostumbrarnos a una normalidad que no es normal ni siquiera en pandemia. Miren ustedes las imágenes de otros países y comparen. Dejamos al lado el intento de remitificar la figura del rey.

Estamos en una situación de shock, en un estado individual de inseguridad y temor: este no es el momento de tomar decisiones de ese calado. España necesitaba abrir un periodo constituyente y el anuncio de la reedición de los Pactos de la Moncloa son el aviso de la elites de que quieren volver al pasado. La sociedad tiene que pensar si quiere más pasado o desea el futuro.

El pasado nos quitó camas de hospital, fábricas y talleres, la Naturaleza y tranquilidad en el consumo. Envió nuestra vida diaria lejos de nuestro alcance para ponerla en manos de unas elites gobernadoras que no se presentan a ninguna elección. Intentó destruir cualquier vestigio de solidaridad humana en nombre del éxito personal individual con el neoliberalismo como biblia en la mano.

España hubiera funcionado mejor con el federalismo inacabado que ya estaba en la Constitución del 78 y que las elites de los Pactos de la Moncloa quieren volver a impedir. La Constitución del 78 debería haber sido el principio y no el final. Pensemos si queremos volver al pasado, cosa imposible, o queremos abrirnos el futuro ante nosotros. El pasado es siempre un túnel oscuro y nunca es más previsible que el futuro.

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