Julio Anguita, en un acto público. FOTO: Wikimedia
Julio Anguita, en un acto público. FOTO: Wikimedia

Ha muerto Julio Anguita, el histórico líder de Izquierda Unida, el último político de la izquierda española que ha sido considerado por casi todas sus facciones como un referente. Un hombre íntegro, de marcado discurso antisistema, enorme orador y con gran sentido de la coherencia.

Su vida privada y su vida pública eran la misma. Su mano izquierda sabía lo que hacía la derecha. Su deber como ciudadano y como profesor, le llevaban a cultivar el pensamiento crítico entre la población. Exponía con una facilidad pasmosa nuestras contradicciones, señalaba al poder y desvelaba de forma pedagógica los abusos del capital. Su figura rompió el techo de cristal para las formaciones de izquierda y demostró que gobernar en algunas zonas del estado era posible.

Julio Anguita ha sido la figura de la izquierda española con más porte de presidente, capaz de aunar a diferentes sensibilidades sobre consensos comunes en torno a la justicia social y a la igualdad de oportunidades. El célebre programa, programa, programa, hacía alusión a efectuar medidas que cambiasen las condiciones de vida de la clase trabajadora. Pudo ser nuestro José Mújica, pero el pueblo no lo quiso así.

Anguita tenía carisma, determinación y gozaba de una gran aceptación popular, pero a la hora de la verdad lo votaban pocas personas. Todos los panegíricos dirán ahora lo imprescindible que era, pero en su etapa política lo fueron arrinconando hasta dejarlo fuera del tablero. Durante su trayectoria vio gobernar repetidamente a presidentes inefables como Felipe González y Jose María Aznar, y se lamentaba en repetidas ocasiones que el pueblo siguiera votando a ladrones.

Su figura pasará a la historia de la izquierda de este país y pasarán muchos años hasta tener una brújula moral como la que él simbolizaba. Quedan su palabra, sus reflexiones, sus letras y su memoria, y debería quedar también el amargor de oportunidad pérdida, siquiera como aprendizaje. La historia reserva contados momentos para virar hacia un mundo más justo. Julio Anguita fue una de esas excepciones.

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