El embalse de Guadalcacín se encuentra a mediados de febrero en niveles muy próximos a su llenado estructural, en un escenario radicalmente distinto al que presentaba durante los años más duros de la reciente sequía. Según los datos recogidos el 14 de febrero a las 10.00 horas, el pantano almacenaba 746,08 hectómetros cúbicos, lo que equivale al 93,23% de su capacidad total, fijada en 800 hectómetros cúbicos.
Según los datos que muestra embalses.net la evolución en apenas unas horas refleja el fuerte incremento de reservas. A las 3:00 de la madrugada del mismo día el volumen era de 745,10 hectómetros cúbicos (93,10%), mientras que el día anterior, 13 de febrero, a las 3:00 horas, el embalse se situaba en 731,94 hectómetros cúbicos (91,46%). En solo 24 horas ha llegado a ganar más de 14 hectómetros cúbicos.

Los registros semanales también evidencian el cambio de tendencia. A fecha de 9 de febrero de 2026, el embalse acumulaba 675 hectómetros cúbicos, el 84,38% de su capacidad. La variación respecto a la semana anterior era de 157 hectómetros cúbicos más, un incremento del 19,63%.
La comparación interanual subraya aún más la magnitud de la recuperación. La media de los últimos diez años para estas fechas se sitúa en 330 hectómetros cúbicos, el 41,34%. Las cifras actuales prácticamente duplican esos valores medios.
El contraste es todavía mayor si se retrocede a 2022 y a los años inmediatamente posteriores, marcados por una sequía prolongada. Entonces, el embalse llegó a moverse en porcentajes en torno o incluso por debajo del 20% y el 30% de su capacidad, con registros frecuentemente por debajo del 30–40% en plena anualidad.

Años de una sequía extrema
A finales de 2024, distintas informaciones y estudios sobre el sistema Guadalete-Barbate —del que forma parte Guadalcacín— situaban este embalse en torno al 19% de su capacidad en septiembre de esos años de escasez extrema. Los niveles eran significativamente bajos en comparación con su volumen máximo.
La falta de agua fue tan acusada que, a mediados de 2023, quedaron al descubierto elementos que normalmente permanecen sumergidos, como farolas y partes de las torretas de la antigua presa. La imagen del vaso prácticamente vacío se convirtió entonces en uno de los símbolos más visibles de la crisis hídrica en la provincia de Cádiz.
Hoy la situación es muy distinta. El embalse, el mayor de la provincia gracias a su capacidad de 800 hectómetros cúbicos, avanza con rapidez hacia el llenado completo. Este miércoles había superado el 89% tras alcanzar los 714 hectómetros cúbicos almacenados, 200 de ellos incorporados en apenas nueve días.




