Mi Buenos Aires querido...

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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Provengo de una familia católica del centro de Jerez, de la calle Corredera, y mi educación escolar siempre pasó por profesores con sotana, desde los Dominicos de Coruña, a los Maristas y Jesuitas de Bilbao. Mi padre era viajante y nos trasladábamos más que el baúl de la Piquer. La doctrina de Juan XXIII siempre estuvo presente en casa y mi abuela Mercedes adoraba a aquel Santo Padre.

La relación con mis educandos siempre fue cercana y amistosa. Yo era de los buenecitos de la clase y sus enseñanzas con respecto a la moral, la urbanidad, y el humanismo cristiano calaron en mí hasta nuestros días.

Luego pasaron tantas cosas….

En mí, en esta sociedad, en esta democracia, en este catolicismo.

Y pasamos de un Tarancón a un Rouco.

Y pasamos de un Pablo VI a un Juan Pablo II.

Y los asuntos del catolicismo oficial me empezaron a chirriar.

Y mientras el católico de a pie colaboraba con las causas de los pobres, las jerarquías de Roma se preocupaban de asuntos raros, accesorios, discutibles, no prioritarios.

Y en las décadas de Papa Polaco se abrió una brecha entre lo cotidiano y lo oficialista, más grande que las avenidas bonaerenses.

Y los que desde nuestro agnosticismo de calle pausado, fruto del devenir de la vida, habíamos convivido con tranquilidad con aquellos curas que se dejaban la vida por sus iguales, nos empezamos a escandalizar primero y más tarde a enfadar con un catolicismo que ahondaba en el tiquismiquismo y el sectarismo.

Muchos años de Polaco.

Ahora, aires nuevos, o mejor dicho, buenos aires con un argentino relajado al frente de la Curia Vaticana.

Le escuchas con curiosidad y parece que estuvieras oyendo al Papa Roncalli de los 60.

Y uno también se relaja y hasta piensas en colaborar. Y habla de corrupción ligada al capitalismo y a la propia Iglesia. Y mis amigos, aquellos que siempre militaron en el catolicismo, sonríen y ven con buenos ojos al Papa Francisco y aún esperan más de él, mucho más, porque el siglo XXI nos deberá dar a todos alas para volar, no sé si como las de los ángeles, pero sí como las de la paloma de Picasso.

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