Pasadas las elecciones llega el momento de las matemáticas. De las matemáticas y algo más. El PP, con 11 concejales, se queda a tres de la mayoría absoluta y no tiene aliados para conseguirlo. Enfrente está casi el polinomio (7+5+2=14, mayoría absoluta) que suman PSOE, Ganemos e IU. En el PSOE se da por hecho que habrá pacto tripartito, tanto que alguno de sus concejales electos ha anunciado ya en su trabajo que no se va a reincorporar tras las elecciones. De subidón. Así se ven las cosas desde el PSOE, como si estuviera ya todo cocinado, cuando realmente su resultado es discreto (7 concejales de 27 no es para tirar cohetes) y si quiere encabezar el gobierno municipal tiene que trabajar para forjar un proyecto creíble para Jerez, porque si el hipotético pacto tripartito tiene como fin desalojar al PP y a Pelayo parece, de partida, un armazón muy débil: lo que de verdad le importa a la ciudadanía es qué se va a hacer justo después de la investidura, cuál es el proyecto para Jerez que se propone, en qué se sustancia el “cambio” que, para las fuerzas de izquierda, han pedido los electores.

Lo cierto es que las urnas, los ciudadanos, han querido que Ganemos sea la clave. Con cinco concejales, Ganemos ha obtenido un buen resultado que ahora debe saber gestionar. Tiene las manos libres: si el PSOE no le convence puede optar por dejar gobernar en minoría al PP, al menos por el momento; puede decantarse por una vía intermedia votando a la socialista Mamen Sánchez como alcaldesa, pero sin entrar en el gobierno municipal o, por último, podría sumarse al gobierno municipal con todas sus consecuencias. Lo digo ya: va a ser lo que quiera Ganemos. El PSOE le va a decir que sí a todo menos a la alcaldía. Realmente no hay gran cosa que negociar porque, efectivamente, el PSOE no solo le va a decir que sí, sino que, como Groucho Marx en aquella película, le va a dar todo lo que pida “y dos huevos duros”. 

Lo que pasa es que, lógicamente, Ganemos querrá poner sus cinco concejales al servicio de su ideario, un ideario mucho más orillado a la izquierda que el del PSOE. Hay que recordar que los socialistas gobernaban en España y Andalucía (perdón por la redundancia) cuando se gestó el 15-M, movimiento seminal de Ganemos-Podemos que contempló a los socialistas como parte del problema y los tildó desde un principio de ‘casta’, etiqueta compartida con los populares.

Tras el trayecto realizado, Ganemos-Podemos debe valorar el riesgo que corre de terminar de partido auxiliar del PSOE, de ‘una especie de IU pero con más concejales’, y cómo responderían los electores en próximos comicios. Ganemos –que tampoco es exactamente Podemos- tendrá que decidir, imagino que en asamblea, qué decisión toma, cómo responde a los cantos de sirena que desde el minuto uno le ha lanzado el PSOE. Y no puede equivocarse, ni en contenidos ni en tiempos. Si hace alcaldesa a Mamen Sánchez es para cuatro años. No puede decir dentro de unos meses “dónde están los huevos duros que me dijiste” –debe calibrar que en los ayuntamientos se gobierna sin legislar, por lo que la necesidad de sumar apoyos, una vez que se accede al poder, es mucho más relativa que en un gobierno autonómico- porque si no te gusta lo que ves o lo que percibes del socio la alternativa sería una moción de censura… votando con el PP. Y, claro, no: hay cosas que no.

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